Tras apuntar a Chicago y Baltimore, Trump sugiere enviar tropas a Nueva Orleans.
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El presidente Donald Trump ha intensificado su retórica sobre el despliegue de la Guardia Nacional en ciudades lideradas por demócratas, poniendo ahora a Nueva Orleans en el centro de su estrategia para combatir el crimen. Este movimiento, que sigue a intervenciones similares en Washington D.C. y amenazas a Chicago y Baltimore, ha generado un enfrentamiento entre líderes demócratas locales y republicanos estatales en Luisiana, un estado de mayoría republicana. La propuesta de enviar tropas a Nueva Orleans, una ciudad demócrata con una población mayoritariamente negra, no solo plantea cuestiones sobre la seguridad pública, sino que también desata un debate sobre motivaciones políticas, autonomía local y el uso adecuado de fuerzas federales.
Una ciudad en recuperación
Trump sugirió, desde la Casa Blanca, que Nueva Orleans podría ser el próximo destino de la Guardia Nacional, afirmando que el crimen en la ciudad es un problema que su administración puede resolver en “dos semanas”. Esta declaración llega en un momento en que Nueva Orleans ha registrado una caída significativa en los índices de criminalidad: los homicidios han disminuido un 27% en el último año, las violaciones reportadas un 15% y los robos un 16.5%, según datos de la Major Cities Chiefs Association. La ciudad está en camino de alcanzar un mínimo de homicidios en 50 años, impulsada por inversiones en prevención de la violencia y servicios gubernamentales. Sin embargo, Trump y los líderes republicanos de Luisiana, como el gobernador Jeff Landry, insisten en que la intervención federal es necesaria, citando eventos como el ataque terrorista del 1 de enero en Bourbon Street, donde 14 personas perdieron la vida.
El contraste entre los datos y la narrativa de Trump sugiere un enfoque selectivo. Mientras Nueva Orleans muestra avances, otras ciudades de Luisiana, como Shreveport y Lafayette, tienen tasas de crímenes violentos más altas, pero no han sido señaladas por el presidente. Esto refuerza las acusaciones de líderes demócratas locales, como la concejala Helena Moreno, quien calificó la propuesta como un “ataque” a ciudades que rechazan la agenda de Trump. Moreno, candidata a la alcaldía, señaló que “hay muchas ciudades con alcaldes alineados con este presidente cuyos problemas de delincuencia son graves, pero no son objetivo”, sugiriendo motivaciones políticas.
La respuesta local: rechazo a la militarización
Los líderes demócratas de Nueva Orleans han sido categóricos en su oposición. El representante Troy Carter, cuyo distrito incluye la ciudad, calificó la idea de “militarizar las calles” como una “maniobra política” y propuso alternativas como financiar la formación de policías, mejorar la infraestructura de la prisión de Orleans Parish y abordar la pobreza sistémica. La concejala Lesli Harris y el concejal JP Morrell también criticaron la propuesta, destacando que los guardias nacionales no están capacitados para tareas de aplicación de la ley, como resolver crímenes o entrevistar testigos. Morrell llamó a la idea “ridícula”, mientras que Harris la describió como un “truco político” dirigido a comunidades negras y latinas.
La alcaldesa LaToya Cantrell, actualmente bajo investigación federal por fraude, no se pronunció directamente, pero un comunicado conjunto de su oficina y el Departamento de Policía de Nueva Orleans (NOPD) enfatizó el éxito de las estrategias actuales en colaboración con socios federales y estatales. Este enfoque, según el comunicado, ha sido “determinante” en la reducción del crimen, especialmente durante eventos como el Super Bowl LIX y el Mardi Gras. La ciudad argumenta que la presencia de tropas no es necesaria y podría dañar su imagen como destino turístico, que genera aproximadamente $10 mil millones al año.
El respaldo republicano: una oportunidad política
Por otro lado, los líderes republicanos de Luisiana ven en la propuesta de Trump una oportunidad para consolidar su influencia en un estado donde controlan la legislatura y el gobierno. El gobernador Jeff Landry, un aliado cercano de Trump, expresó su entusiasmo en redes sociales: “¡Aceptaremos la ayuda del presidente de Nueva Orleans a Shreveport!”. Landry ya había enviado a la Guardia Nacional a Nueva Orleans durante el Super Bowl y a Washington D.C. el mes pasado, mostrando su disposición a respaldar despliegues federales. La fiscal general Liz Murrill fue más allá, acusando a los líderes demócratas locales de ser “el problema” por rechazar recursos federales.
Figuras como el presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, y el líder de la mayoría, Steve Scalise, ambos de Luisiana, también apoyan la intervención, argumentando que garantizaría seguridad para los ciudadanos y los millones de turistas que visitan Nueva Orleans. El senador Bill Cassidy comparó el despliegue con el de Washington D.C., donde la presencia de tropas resultó en 1,760 arrestos desde el 7 de agosto de 2025, según la Casa Blanca, aunque críticos señalan que estos resultados podrían haberse logrado con más policías locales.
Riesgos legales y precedentes
La propuesta de Trump enfrenta obstáculos legales significativos. En California, un juez federal dictaminó que el despliegue de la Guardia Nacional en Los Ángeles violó la Ley Posse Comitatus de 1878, que prohíbe el uso del ejército para tareas de aplicación de la ley doméstica. El fiscal general de Washington D.C. también presentó una demanda similar, argumentando que las acciones de Trump son “peligrosas y perjudiciales”. En Nueva Orleans, líderes como Carter han indicado su disposición a desafiar cualquier despliegue en los tribunales, lo que podría escalar el conflicto a un enfrentamiento legal de alto perfil.

