Cada vez son más los países de América Latina que participan del despliegue militar de EE.UU.
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El Caribe se ha convertido en un tablero de ajedrez militar donde Estados Unidos mueve sus piezas con precisión quirúrgica. Desde agosto, el despliegue naval y aéreo de Washington en la región ha puesto una presión máxima sobre el gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela. Lo que empezó como una operación contra el narcotráfico ahora cuenta con un apoyo logístico y diplomático cada vez más amplio de naciones vecinas. Algunos lo hacen con respaldo abierto, otros con matices y límites en el discurso, pero el resultado es el mismo: una red de aliados que fortalece la mano de la Casa Blanca.
Ataques sin evidencias
Los ataques contra embarcaciones, que según EE.UU. transportaban drogas, ya han dejado más de 80 muertos. Sin embargo, la administración Trump no ha presentado evidencias concretas que respalden sus afirmaciones. Venezuela denuncia estas acciones como una “amenaza” para forzar un cambio de régimen. Este fin de semana, el grupo de combate del portaaviones USS Gerald R. Ford, el más grande del mundo, entró al mar Caribe, elevando aún más la tensión.
El aliado más firme: Trinidad y Tobago
A solo 11 kilómetros de la costa venezolana en su punto más cercano, Trinidad y Tobago se ha posicionado como el respaldo más frontal al despliegue estadounidense. Cuando Washington inició las maniobras en agosto, la primera ministra Kamla Persad-Bissessar declaró su pleno apoyo. “A mí, junto con la mayor parte del país, me alegra que el despliegue naval estadounidense esté teniendo éxito en su misión”, dijo a inicios de septiembre, tras el primer ataque a una embarcación en el Caribe.
Persad-Bissessar fue más allá: advirtió que, si Venezuela ataca a Guyana por sus reclamos territoriales, concedería acceso a EE.UU. para la defensa. Esto marca un quiebre con la neutralidad pragmática que el país mantuvo por años, impulsada por sus lazos económicos con Caracas.
Ejercicios y respuesta de Maduro
El apoyo no se quedó en palabras. A fines de octubre, el destructor USS Gravely de la Armada estadounidense arribó para ejercicios de varios días. Venezuela lo vio como una “provocación hostil” y Maduro suspendió acuerdos bilaterales de gas, acusando a la primera ministra de convertir a Trinidad y Tobago en “el portaviones del imperio estadounidense contra Venezuela”.
Pero las medidas de Caracas no frenaron nada. Esta semana, EE.UU. inició nuevos ejercicios, que Maduro calificó de “irresponsables”. El ministro de Relaciones Exteriores trinitense, Sean Sobers, respondió que continuarán “debido a los constantes hechos de violencia y actividad de bandas criminales”.
Límites y nuevos entrenamientos
Persad-Bissessar insistió en redes sociales que “el territorio de Trinidad y Tobago no va a ser usado para lanzar ningún ataque contra el pueblo de Venezuela”. Sobers negó que las maniobras sean precursoras de acciones fuera del país, especialmente contra Caracas. Aun así, Maduro, en su programa “Con Maduro +”, dijo que la jefa de gobierno “hipotecó” su nación y le “va a ir muy mal”.
La Embajada de EE.UU. en Puerto España divulgó imágenes de los ejercicios del 16 al 21 de noviembre: aviones V-22 Osprey en entornos urbanos y rurales, con operaciones diurnas y nocturnas. “La 22ª Unidad Expedicionaria de Infantes de Marina y la Fuerza de Defensa de Trinidad y Tobago están llevando a cabo entrenamiento conjunto”, indicó el mensaje oficial en X. Persad-Bissessar defendió estos lazos como una “alianza de seguridad profunda y duradera” que reduce el tráfico de armas, drogas y personas.
Guyana se une a la causa
La frontera terrestre más pequeña de Venezuela, de 789 kilómetros con Guyana, es también la más caliente. Las disputas por la zona de Essequibo, rica en petróleo, se avivaron con el referendo de 2023 impulsado por Maduro para crear un nuevo estado venezolano allí. En agosto, justo cuando arrancó el despliegue en el Caribe, Guyana respaldó las maniobras en un comunicado.
“Reafirma su apoyo a un enfoque colaborativo e integrado para combatir la delincuencia organizada transnacional”, decía el texto, que mencionaba con “grave preocupación” al narcoterrorismo ligado al Cártel de los Soles, grupo que Washington acusa de liderar Maduro y traficar droga a EE.UU. y Europa. Caracas lo niega y lo tacha de “invento”.
Visita del Jefe del Comando Sur
Este mes, el almirante Alvin Holsey, jefe del Comando Sur de EE.UU., visitó Guyana para “promover la seguridad y la estabilidad regional”. Se reunió con altos mandos para hablar de la “larga alianza de defensa”, según la embajada estadounidense. Estos movimientos muestran cómo Guyana ve en el despliegue una protección contra las amenazas venezolanas, transformando una disputa bilateral en un frente regional.
El AC-130J en El Salvador
En los primeros días de noviembre, un avión de ataque AC-130J de la Fuerza Aérea de EE.UU. fue avistado en la base de Comalapa, según fotos satelitales de CNN. Equipado con cañones de gran calibre, incluido un obús de 105 mm, este aparato cambia el juego: hasta ahora, la base se usaba para aeronaves desarmadas.
Su posición costera amplía el alcance al Pacífico, por donde pasa mucha cocaína rumbo a EE.UU., explica Ryan Berg, del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales. El presidente Nayib Bukele, cercano a Trump —el primero de la región en visitarlo en el Despacho Oval este mandato—, no ha comentado directamente, pero su silencio habla de alineación.
Panamá marca distancia
En Panamá, la cooperación es más cautelosa. Militares de EE.UU. realizan entrenamientos, pero el presidente José Raúl Mulino niega cualquier “acto hostil contra Venezuela”. “Nosotros no tenemos nada que ver con eso”, recalcó la semana pasada. El país, sin fuerzas armadas desde 1990, es escenario habitual de ejercicios desde la invasión de 1989. En abril, firmaron un memorando para más presencia en bases aéreas y navales. Mulino insiste en que son acuerdos bilaterales sin relación con la presión sobre Maduro.
Incautaciones directas en República Dominicana
República Dominicana ha intensificado su rol esta semana. El presidente Luis Abinader anunció acciones “mucho más extensas y profundas” con la DEA contra el narcotráfico. Autoridades locales incautaron 806 paquetes de cocaína en una lancha cerca de Pedernales, en apoyo a la Operación Lanza del Sur del Pentágono. El sábado previo, otro cargamento de 500 paquetes cayó en la misma operación. Esto muestra una colaboración directa en el terreno.
Puerto Rico, el centro neurálgico
Puerto Rico, como territorio de EE.UU., es el eje central. Alberga el mayor operativo, con bases como Fort Buchanan y la reactivada Estación Naval Roosevelt Roads, cerrada desde 2004 pero ahora operativa por imágenes satelitales. A fines de septiembre, marines practicaron desembarcos anfibios allí. Con 11 bases históricas, la isla es indispensable para la logística del Comando Sur.
Un mapa dividido
No todo es unanimidad. En Guantánamo, Cuba —aliada de Venezuela— rechaza el despliegue desde su base arrendada desde 1903, usada para inteligencia y apoyo naval. Por otro lado, Honduras, la base aérea Soto Cano (“La Palmerola”) aloja 500 militares de EE.UU., pero la presidenta Xiomara Castro lo cuestionó en enero por posibles deportaciones masivas. Durante el mes de agosto, llamó “infundadas” las acusaciones contra Maduro y se opuso a las maniobras.
Apoyo político desde el sur
Fuera del Caribe, el apoyo político crece. Ecuador, bajo Daniel Noboa, declaró al Cártel de los Soles “grupo terrorista” en agosto, pese a rechazar bases extranjeras en una consulta. Paraguay y Argentina siguieron: ambos lo tildan de “organización terrorista internacional” por narcotráfico y vínculos criminales, obligando a redoblar esfuerzos contra la delincuencia transnacional.
Con más de 20 ataques letales y el USS Gerald R. Ford en escena, la región camina sobre un polvorín. EE.UU. habla de combatir el narco; Venezuela, de agresión imperial. Los países latinoamericanos, reclutados en esta danza, equilibran alianzas y riesgos, pero la presión sobre Maduro solo aumenta. ¿Diálogo o confrontación? El Caribe lo dirá pronto.

