Donald Trump elevó la tensión con Irán tras amenazar con “borrar de la faz de la tierra” al país si ataca buques estadounidenses en el estrecho de Ormuz. Además, la advertencia llega mientras Washington impulsa el “Proyecto Libertad”, una misión para escoltar barcos atrapados por el bloqueo. El objetivo es reabrir una ruta clave para el comercio energético mundial.
La nueva escalada surge después de denuncias de ataques contra embarcaciones ligadas a Estados Unidos en la zona. Aunque no se han reportado daños mayores en los buques mencionados, el cruce de acusaciones vuelve a poner en duda la tregua entre Washington y Teherán.
El trasfondo importa porque Ormuz no es un paso menor. Por ese corredor marítimo transita cerca de una quinta parte del comercio mundial de petróleo y gas, según explicó BBC Mundo. Esto convierte cualquier incidente en un riesgo global inmediato. Además, el operativo ya mostró un primer avance, pues el Comando Central de Estados Unidos informó que 2 buques mercantes con bandera estadounidense cruzaron la zona con apoyo militar.
¿Qué detonó la nueva amenaza de Trump?
La amenaza presidencial aparece en el peor momento posible. El discurso de Washington pasó de la contención a la disuasión abierta. A través de este mensaje, busca frenar nuevos ataques y reafirmar el control militar de Estados Unidos sobre la operación en Ormuz.
Según Univision, Trump presentó el “Proyecto Libertad” como una acción para guiar a barcos de países no involucrados en el conflicto fuera de aguas restringidas. Sin embargo, la iniciativa incluye una advertencia clara: cualquier interferencia será respondida con firmeza. De ese modo, ese lenguaje acerca la operación a una lógica de presión militar; no solo de protección humanitaria.
El problema es que Irán rechaza esa lectura. Teherán considera la misión una provocación y sostiene que mantiene control operativo sobre el estrecho, mientras advierte que la presencia militar extranjera puede desencadenar nuevos choques. Por lo tanto, cada tránsito escoltado deja menos espacio para la diplomacia y más margen para un error de cálculo.
¿Qué es el “Proyecto Libertad” y cómo funciona?
El “Proyecto Libertad” es el intento más ambicioso de Washington para reabrir Ormuz desde el inicio de esta crisis regional. La misión busca sacar de la zona a buques mercantes atrapados, entre ellos petroleros, gaseros y cargueros, en medio de amenazas, ataques selectivos y controles iraníes. Su valor estratégico no radica solo en la navegación. También influye en el impacto inmediato que tiene sobre energía, seguros marítimos y cadenas de suministro.
Según Xinhua en español, el despliegue incluye destructores con misiles guiados, más de 100 aeronaves, sistemas no tripulados y unos 15 000 militares en la región. Esa combinación permite escoltar barcos, vigilar rutas, detectar amenazas y disuadir ataques con presencia constante. Por tanto, no se trata de una simple caravana naval, sino de una arquitectura militar de protección y presión.
La operación también responde a una crisis humana menos visible. Reportes recientes señalan que cientos de barcos siguen varados y que alrededor de 20 000 marineros permanecen atrapados en el Golfo Pérsico, con suministro limitado y miedo a nuevos ataques. Trump intentó presentar la misión como una salida para esos tripulantes y para países “neutrales”. Sin embargo, el efecto real es un pulso directo con Irán sobre libertad de navegación y poder regional.
¿Qué riesgos económicos y geopolíticos enfrenta la región?
El principal riesgo es una escalada rápida. Si un convoy escoltado recibe un impacto, o si una embarcación militar interpreta una maniobra como ataque, la tregua puede quedar sepultada en horas. Esa posibilidad preocupa porque ya existen versiones encontradas sobre incidentes recientes. Además, ambas partes usan mensajes públicos cada vez más duros.
En el plano económico, el mercado ya empezó a reaccionar. Expertos citados en análisis sobre Ormuz advierten que una interrupción prolongada del paso puede sostener el petróleo por encima de 100 dólares el barril. Asimismo, advierten que puede trasladar esa presión a gasolina, transporte y alimentos. Para América Latina y para millones de hispanos en Estados Unidos, eso significa costos más altos en combustible, viajes y canasta básica.
Además, el sector naviero sigue sin certezas. Aunque Washington abrió una zona de seguridad reforzada cerca de Omán y ya acompañó el tránsito de 2 mercantes estadounidenses, varias compañías y aseguradoras dudan en operar con normalidad por el alto riesgo del corredor. En otras palabras, reabrir Ormuz militarmente no garantiza que el comercio vuelva de inmediato. Las empresas pueden pensar que el costo del peligro sigue siendo demasiado alto.
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