El rumor sobre una supuesta parálisis en los trámites de naturalización ha encendido las alarmas en la comunidad inmigrante de Estados Unidos. Diversas publicaciones en redes sociales sugieren que el Servicio de Ciudadanía e Inmigración (USCIS) detuvo sus citas de ciudadanía. Ante esta situación, la agencia federal declaró formalmente que este señalamiento es completamente falso. Según los portavoces oficiales, las entrevistas de naturalización continúan y se llevan a cabo de manera ininterrumpida en todo el país.
A pesar de los desmentidos oficiales, la realidad en las oficinas de asesoría legal cuenta una historia diferente. Abogados y organizaciones comunitarias reportan retrasos severos en los procesos de sus clientes. Muchos residentes permanentes planeaban naturalizarse a tiempo para registrarse y votar en las elecciones de noviembre. Sin embargo, las nuevas políticas de seguridad nacional implementadas desde finales de 2025 han generado un clima de profunda ansiedad.
El secretismo administrativo que caracteriza al Departamento de Seguridad Nacional (DHS) dificulta la verificación de estos procesos. El Congreso no tiene acceso a auditorías independientes sobre los nuevos mecanismos de control. Esta falta de transparencia alimenta la incertidumbre entre los solicitantes del formulario N-400. Mientras la agencia niega una suspensión electoral, los tiempos de espera continúan extendiéndose de forma drástica.
¿Qué cambios normativos están provocando el retraso en las citas de naturalización?
El origen de las demoras se remonta a agosto del año pasado, cuando USCIS publicó la directriz PM-602-0188. Esta norma restableció un estándar sumamente riguroso para evaluar la buena conducta moral de los extranjeros. La regulación exige una revisión integral del comportamiento del solicitante y su adhesión a las normas sociales. No obstante, el documento no detalla los parámetros específicos para medir o calificar estos conceptos subjetivos.
Los profesionales del derecho migratorio critican la ambigüedad de esta medida de verificación ampliada. La ley vigente ya estipula con claridad qué delitos graves inhabilitan a una persona para obtener la ciudadanía. Por ello, los expertos no se explican por qué la agencia insiste en endurecer los criterios de evaluación. Antes de esta regla, el tiempo promedio de procesamiento oscilaba entre 7.5 y 11.5 meses. Tras su implementación, el atasco de solicitudes comenzó a crecer de forma desmedida.
Al 30 de septiembre de 2025, la agencia acumulaba un total de 534 458 solicitudes N-400 pendientes de resolución. Entre estos casos se encuentran casi 10 000 peticiones correspondientes a miembros activos de las Fuerzas Armadas. La acumulación masiva evidencia que los nuevos filtros de seguridad están ralentizando un sistema que ya operaba bajo presión. Los retrasos afectan de manera uniforme a solicitantes civiles y militares en todo el territorio nacional.
| Tipo de Trámite Migratorio (Cifras al cierre de 2025) | Volumen de Solicitudes Acumuladas |
| Formulario I-130 (Peticiones Familiares) | 2 357 348 |
| Formulario I-765 (Permisos de Trabajo) | 1 726 897 |
| Formulario I-589 (Asilo Afirmativo) | 1 435 560 |
| Formulario I-485 (Ajuste de Estatus) | 1 243 867 |
| Formulario I-821 (Estatus de Protección Temporal – TPS) | 1 173 699 |
| Formulario N-400 (Ciudadanía por Naturalización) | 534 458 |
¿Cómo afecta la política de revisión a los países catalogados de alto riesgo?
La situación se complicó aún más el 1 de enero con la entrada en vigor de una nueva restricción. El gobierno ordenó la suspensión y revisión de solicitudes presentadas por ciudadanos de países considerados de alto riesgo. Esta lista incluye a naciones latinoamericanas como Cuba, Haití y Venezuela, además de numerosos países africanos y asiáticos. Los solicitantes de estas nacionalidades enfrentan ahora un proceso de escrutinio mucho más severo.
La normativa exige auditar exhaustivamente todos los casos aprobados desde el 20 de enero de 2021. Esto implica revisar millones de beneficios concedidos durante la administración del expresidente Joe Biden. Según directrices internas, el personal de USCIS debe priorizar la seguridad nacional por encima de la celeridad en los trámites. Como consecuencia directa, los tiempos de procesamiento han quedado en un segundo plano absoluto.
Adicionalmente, un informe del Instituto CATO denunció que esta parálisis administrativa tiene fines colaterales. El organismo señaló que el retraso en las residencias permanentes deja a miles de inmigrantes desprotegidos. Al no tramitar sus ajustes de estatus, muchos extranjeros pierden su cobertura legal previa. Esto permite que la Oficina de Inmigración y Aduanas (ICE) proceda con arrestos de personas que intentaban mantenerse dentro de la ley.
¿Qué impacto tienen los nuevos controles del FBI en el trámite diario?
A finales de abril, una orden ejecutiva presidencial introdujo controles de antecedentes reforzados mediante el FBI. Los agentes de USCIS tienen prohibido aprobar cualquier caso que no supere estas verificaciones ampliadas. Zach Kahler, portavoz de USCIS, confirmó a los medios que se está utilizando un acceso extendido a las bases de datos penales federales. El funcionario aseguró que los retrasos generados por esta medida de control deberían ser breves.
A pesar del optimismo de la agencia, los testimonios de los abogados de inmigración contradicen la postura oficial. En ciudades como Los Ángeles y Houston, los litigantes reportan cancelaciones de citas sin explicaciones posteriores. Organizaciones como Hope Immigration en Atlanta señalan que antes de enero programaban varias entrevistas al mes. Durante el primer cuatrimestre de este año, los casos agendados se han reducido prácticamente a cero.
El atasco global de la agencia supera actualmente los 11.6 millones de solicitudes de beneficios diversos. La revisión retroactiva de los casos de la era Biden augura un colapso operativo sin precedentes en la institución. Para los residentes legales, la combinación de auditorías y controles del FBI representa una barrera invisible hacia la ciudadanía. La promesa de un proceso ininterrumpido choca de frente con la realidad de un sistema estancado.