Peligra DACA: ‘Dreamers’ podrían perder su amparo migratorio

Miles de 'Dreamers' enfrentan desempleo y deportación por retrasos críticos en USCIS y políticas de persecución en 2026.
¿Qué pasa si vence tu estatus y USCIS no responde?
El Popular/Meredhit Yañacc.

La estabilidad de miles de jóvenes inmigrantes en Estados Unidos pende de un hilo. El programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA) enfrenta hoy una crisis sin precedentes. No se trata solo de amenazas políticas directas desde la Casa Blanca. Ahora, una parálisis administrativa en el Servicio de Ciudadanía e Inmigración (USCIS) está dejando a los beneficiarios en el limbo. Los retrasos en las renovaciones están provocando que muchos pierdan su estatus legal de manera involuntaria.

Juliana Macedo do Nascimento, subdirectora de United We Dream, ha alzado la voz sobre esta problemática. Según la activista, las demoras son devastadoras para las familias. Muchos jóvenes han perdido sus empleos y sus ingresos básicos. Sin una tarjeta de permiso de trabajo vigente, las empresas se ven obligadas a despedirlos. Lo más grave es que pierden toda protección contra la detención y la deportación inmediata. La incertidumbre se ha convertido en la norma para esta comunidad.

Anteriormente, una renovación de DACA tardaba en promedio uno o dos meses. Actualmente, el proceso puede extenderse por cinco, seis meses o incluso más tiempo. Datos del Justice Action Center indican que centros de servicio, como el de Nebraska, están saturados. Se estima que existe un retraso de más de 7,000 solicitudes en una sola oficina. Esta situación no parece ser un simple error burocrático, sino un patrón para socavar el programa.

Jesús Aviles/Infobae

¿Es la demora administrativa una táctica política consciente?

Defensores de los derechos de los inmigrantes sostienen que estos retrasos son deliberados. Macedo do Nascimento afirmó en conferencia virtual que existe un “patrón creciente” para debilitar el programa. DACA fue creado en 2012 por la administración de Barack Obama. Su objetivo era proteger de la deportación a quienes llegaron al país siendo niños. Sin embargo, bajo el actual gobierno de Donald Trump, las barreras operativas se han multiplicado.

El programa otorga un Documento de Autorización de Empleo (EAD), vital para la vida económica. Al no recibir la renovación a tiempo, el documento caduca automáticamente. Algunos congresistas demócratas han reportado que sus oficinas están inundadas de peticiones de ayuda. Los beneficiarios buscan intervenciones urgentes para no quedar expuestos ante el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE). La presión sobre el sistema parece haber llegado a su punto de quiebre.

Jaime Rangel, director en FWD.us, ha lanzado una campaña para alertar sobre estos ataques. La iniciativa busca destacar las amenazas crecientes contra los beneficiarios del programa. Rangel señala que los desafíos legales continuos se suman al aumento de arrestos. La estrategia gubernamental parece enfocada en asfixiar el programa desde adentro. Esto deja a los ‘Dreamers’ sin herramientas legales para defender su permanencia en el único país que conocen.

¿Cómo afectan las nuevas políticas de deportación a los beneficiarios?

La situación ha dado un giro oscuro con los nuevos criterios migratorios. Recientemente, se determinó que ser beneficiario de DACA ya no frena una deportación. Este cambio de política elimina la red de seguridad que existía para estos jóvenes. Ahora, cualquier interacción con las autoridades puede terminar en una expulsión rápida del país. Representantes como Delia Ramírez denuncian que la administración está “aterrorizando” a las comunidades inmigrantes.

Ramírez critica que se esté atacando cada programa de alivio migratorio existente. Esto incluye tanto a DACA como al Estatus de Protección Temporal (TPS). Según la congresista, el gobierno intenta redefinir quién tiene derecho a la seguridad y al refugio. Mientras tanto, se impulsan esquemas de visas para personas con altos recursos económicos. Esta dualidad genera un sentimiento de exclusión y persecución entre quienes han aportado años de trabajo al país.

Dos casos recientes ilustran perfectamente esta vulnerabilidad extrema. María de Jesús Estrada y José Contreras Díaz fueron deportados injustamente a principios de este año. Ambos contaban con la protección de DACA al momento de sus detenciones. Aunque el gobierno finalmente reconoció sus errores y permitió su regreso, el daño emocional es irreparable. Sus historias demuestran que el documento ya no garantiza inmunidad frente a las tácticas de arresto masivo.

¿Qué historias de vida reflejan la fragilidad actual del programa?

María de Jesús Estrada ha vivido en Sacramento por casi tres décadas. Ella trabaja ayudando a personas sin hogar a encontrar vivienda segura y alimentos. Su conexión con la comunidad es profunda y vital para la ciudad. Hace tres meses, entró a una oficina de inmigración para avanzar en su residencia legal. En lugar de recibir buenas noticias, fue esposada y deportada en menos de 24 horas.

Un tribunal federal confirmó posteriormente que su deportación fue un error grave. El gobierno tuvo que facilitar su vuelo de retorno a Estados Unidos. Sin embargo, María sigue enfrentando incertidumbre debido a los retrasos en su renovación de DACA. Sin el permiso vigente, no puede mantener su empleo como administradora de propiedades de forma permanente. Su vida estable se derrumbó en un solo día por una decisión administrativa errónea.

José Contreras Díaz vivió una pesadilla similar siendo padre primerizo. Él también fue expulsado del país injustamente a pesar de cumplir con todos los requisitos. Tras el reconocimiento del error oficial, se le otorgó libertad condicional para regresar. Casos como el de José y María muestran una “guerra contra las comunidades”, según activistas. La administración federal parece decidida a cuestionar la permanencia de quienes consideran a Estados Unidos su hogar.

¿Qué soluciones proponen los líderes políticos ante esta crisis?

Los representantes Jesús “Chuy” García y Delia Ramírez insisten en una reforma integral. Para ellos, las soluciones temporales ya no son suficientes ante la agresividad del Ejecutivo. Critican que se use la burocracia de USCIS como un arma de exclusión social. La protección de los ‘Dreamers’ debe ser permanente para evitar que sigan siendo moneda de cambio político. La urgencia de una legislación clara es mayor que nunca en 2026.

Las organizaciones civiles recomiendan a los beneficiarios iniciar sus renovaciones con mucha antelación. Se sugiere presentar los documentos al menos seis meses antes del vencimiento. Aun así, esto no garantiza que la agencia procese la solicitud a tiempo. Muchos jóvenes están recurriendo a ahorros de emergencia para sobrevivir si pierden su empleo. La red de apoyo comunitario se ha vuelto la última línea de defensa ante el abandono institucional.

El futuro de DACA sigue siendo incierto en los tribunales federales de apelación. Mientras las batallas legales continúan, la vida de miles de jóvenes sigue en pausa. La promesa de refugio y seguridad parece desvanecerse bajo la actual administración republicana. Los ‘Dreamers’ continúan luchando por ser reconocidos como lo que son: estadounidenses de corazón. El desenlace de esta crisis administrativa marcará el destino de toda una generación de inmigrantes.

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