Bad Bunny en el Super Bowl: Un homenaje a Puerto Rico y un desafío a Trump

Bad Bunny ha sido un gran detractor de la ofensiva migratoria de la Administración Trump, y decidió no llevar su gira ‘Debí Tirar Más Fotos World Tour’ a EE. UU. para evitar redadas.
Bad Bunny en el Super Bowl: Un homenaje a Puerto Rico y un desafío a Trump
El músico puertorriqueño Bad Bunny se presenta durante el espectáculo de medio tiempo del Super Bowl LX de Apple Music en el Levi’s Stadium de Santa Clara, California, el 8 de febrero de 2026. EFE/EPA/Chris Torres

El escenario era una fantasía caribeña en medio de California. Palmeras y cañas de azúcar decoraban el campo. Dos edificios recreaban las azoteas del Viejo San Juan. Se veía el mercado de La Marqueta y una barbería tradicional. También destacaba una licorería con un letrero simple: “Conejo”. Fue ahí donde Bad Bunny se encontró con su destino histórico. Se consagró como el ícono definitivo de los hispanos en Estados Unidos.

El evento ocurrió este domingo en Santa Clara, durante la Super Bowl LX. El espectáculo del intermedio fue deslumbrante y cargado de simbolismo. Sin embargo, la reacción política no tardó en llegar. El presidente Donald Trump corrió a definir el show como “terrible”. Pero en el estadio, la narrativa fue muy distinta.

Las pantallas de los San Francisco 49ers mostraron un mensaje claro. “Bienvenidos al espectáculo del medio tiempo del Súper Tazón”, se leía en español. Fue justo a la mitad de la final entre los Seahawks y los Patriots. El cantante apareció de punta en blanco sobre la hierba. Sostenía un balón de fútbol americano con firmeza.

Al final de la actuación, Bad Bunny retomó el balón. Su himno DtMF sonaba de fondo con potencia. “Seguimos aquí”, exclamó el artista antes de marcar un touchdown. A su alrededor, un cuerpo de baile ondeaba banderas. Eran las banderas de todos los países del continente americano. Él se reservó la de su isla, Puerto Rico.

¿Cómo fue el despliegue musical y quiénes fueron los invitados sorpresa?

El recital fue fulgurante y lleno de imaginación visual. Hubo incluso una boda representada en el escenario. Se vio a un niño dormido sobre las mesas. Es una estampa clásica de las fiestas familiares latinoamericanas. Las sorpresas musicales elevaron la energía del estadio Levi’s. Lady Gaga hizo una aparición estelar junto al conjunto Los Sobrinos.

La estrella estadounidense interpretó Die with a Smile en clave de salsa. Con esa canción ganó el Grammy junto a Bruno Mars el año pasado. Luego, se fundió en un Baile inolvidable con el protagonista de la noche. Ricky Martin también subió a la tarima para acompañar a su compatriota. Fue un gesto de reconocimiento entre generaciones de artistas boricuas.

Bad Bunny honró a quienes le abrieron camino en el mercado anglosajón. El show incluyó un medley de éxitos del reguetón primigenio. Sonaron clásicos como La gasolina, de Daddy Yankee. También se escuchó Dale Don dale, de Don Omar. El ritmo urbano caribeño hizo retumbar los cimientos del estadio.

Las pantallas recordaban a su residencia histórica en Puerto Rico. Proyectaban una palabra repetida en mayúsculas: “PERREO”. El arranque incluyó himnos globales como Tití me preguntó y Yo perreo sola. Sin embargo, la reacción en las gradas fue mixta. Un público mayoritariamente blanco reaccionó con cierta frialdad ante la propuesta.

¿Cuál fue el mensaje político detrás de la puesta en escena?

El maestro de ceremonias hizo historia esa noche. Habló solo en español por primera vez en 60 años de Super Bowl. Figuras como Karol G y Pedro Pascal lo acompañaron en el césped. “Si hoy estoy aquí es porque nunca dejé de creer en mí mismo”, dijo Bad Bunny. Sus palabras resonaron más allá de lo musical.

La cámara enfocó entonces a un niño sosteniendo un Grammy. El pequeño actor recordaba a Liam Conejo. Este niño de cinco años fue detenido en Minneapolis. Se ha convertido en símbolo de la agresiva política migratoria actual. También apareció La Toñita, un ícono nuyorican llegada desde Brooklyn. Ella fue mencionada en el tema NuevaYol.

Los fans vivieron la jornada como la “Benito Bowl”. Así lo decían algunas camisetas en las gradas del sur de San Francisco. El partido lo siguen 130 millones de personas en todo el mundo. Pero esta vez, los superlativos artísticos se quedaron cortos. Era el show más esperado por motivos puramente políticos.

El gran pronunciamiento de Bad Bunny fue su defensa de América. Reivindicó el concepto del continente más allá de Estados Unidos. Usó el baile como un acto de resistencia cultural. El español sirvió como un arma cargada de sentido. Conquistó uno de los espacios más codiciados del país.

Esto ocurre bajo la presidencia de Donald Trump. El mandatario ha intentado oficializar el inglés mediante actos teatrales. También ha lanzado una masiva campaña de deportación de inmigrantes. Muchos de ellos llevan décadas viviendo y trabajando en el país. Hablan español y chapurrean inglés, creando una nueva identidad.

¿Qué representa este show en la batalla cultural de Estados Unidos?

Bad Bunny no es inmigrante, es ciudadano estadounidense. Esto es una realidad que pesa a una parte del país. El escenario mostró la colisión entre dos visiones de Estados Unidos. Es la era de la crispación política y social. Por un lado, está la América blanca y monolingüe.

Ese sector teme dejar de ser la mayoría demográfica. Por otro lado, está la visión de la diversidad y la inmigración. Al músico lo acompañaron espiritualmente 3,2 millones de puertorriqueños. Son ciudadanos con una larga memoria del colonialismo. Han sufrido crisis de deuda y la devastación del huracán María.

También enfrentan la gentrificación y el desplazamiento forzado. Todo esto ha forjado la estética y el mensaje de Bad Bunny. Mientras tanto, la otra parte del país desconectó sus televisores. Asistieron a un espectáculo alternativo denominado “Intermedio Exclusivamente Estadounidense”. Fue promovido por la organización juvenil MAGA Turning Point.

La oferta alternativa la encabezaba el cantante Kid Rock. Es una gloria pasada del rap metal y amigo personal de Trump. Lo completaron cantantes de country de segunda línea. Sin embargo, la transmisión tuvo problemas técnicos. Hubo fallos de licencias al intentar emitirlo por la red social X.

¿Cómo reaccionó Donald Trump ante el espectáculo en español?

El contraste entre ambos espectáculos fue elocuente. Uno estaba obsesionado con un pasado idealizado. El otro estaba firmemente anclado en el presente cultural. Esto ocurre en el año que el país conmemora su 250 aniversario. Los logos de America 250 adornaban ambas bandas del campo. Pero la unidad brilló por su ausencia.

“Es una afrenta a la grandeza de Estados Unidos”, escribió Trump. Lo hizo en su red social, Truth Social, al terminar el show. Admitió implícitamente que había visto a Bad Bunny y no a sus simpatizantes. “No representa nuestros estándares de éxito ni excelencia”, sentenció el presidente.

Trump se quejó de la barrera del idioma. “Nadie entiende una palabra de lo que dice este tipo”, añadió. Calificó el baile como “repugnante”, especialmente para los niños. Horas antes, activistas repartieron toallas contra el ICE cerca del estadio.

El estadio de los 49ers tiene su propia historia de protesta. Hace diez años, el jugador Colin Kaepernick se arrodilló allí. Lo hizo durante el himno para protestar contra el racismo. La NFL suele mantener distancia con la política. Pero la contratación de Bad Bunny la puso en el centro del debate.

La promotora Roc Nation, del rapero Jay-Z, organizó el evento. Trump y sus aliados quedaron profundamente contrariados. Bad Bunny ya había advertido sobre esto en Saturday Night Live. “Tienen tiempo para aprender español”, dijo meses atrás. Pocos hicieron los deberes, pero todos entendieron el mensaje de resistencia.

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