Trump invocará la Ley de Insurrección para desplegar militares en bastiones demócratas.
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En un movimiento que aviva temores de autoritarismo, el presidente Donald Trump ha insinuado abiertamente su disposición a invocar la Ley de Insurrección de 1807 para desplegar tropas federales en ciudades bastión demócrata como Portland, Chicago y Los Ángeles. Esta controvertida legislación, dormida por más de tres décadas, podría transformar las protestas contra las redadas masivas de ICE en escenarios de confrontación militar. “Tenemos una Ley de Insurrección por una razón”, declaró Trump desde el Despacho Oval, refiriéndose a las manifestaciones como una “insurrección criminal”.
Mientras sus aliados como Steve Bannon presionan por una acción inmediata, gobernadores demócratas denuncian una “invasión inconstitucional”. ¿Es esto una respuesta legítima a la crisis migratoria o un abuso de poder presidencial?
Orígenes de una ley antigua y poderosa
La Ley de Insurrección, promulgada el 3 de marzo de 1807 por Thomas Jefferson, surgió en un contexto de inestabilidad post-revolucionaria. Reemplazó la Calling Forth Act de 1792 y permitía al presidente desplegar milicias estatales o tropas federales para sofocar “insurrecciones u obstrucciones a las leyes”. Codificada en el Título 10 del Código de EE.UU., la ley autoriza intervenciones en tres escenarios clave: a solicitud de un estado (§251), cuando rebeliones impiden la aplicación de leyes federales (§252), o si violencia doméstica priva derechos constitucionales y el estado no actúa (§253).
Modificada en 1871 como la Tercera Ley de Aplicación contra el Ku Klux Klan, la norma marcó el rol federal en la defensa de derechos civiles durante la Reconstrucción. Sin embargo, su redacción vaga —sin definir “insurrección” o “violencia doméstica”— otorga al Ejecutivo una discrecionalidad casi absoluta. En 1827, la Corte Suprema en Martin v. Mott confirmó que solo el presidente decide su invocación, dejando poco margen a revisiones judiciales.
Esta ambigüedad la convierte en una excepción explosiva a la Ley Posse Comitatus de 1878, que prohíbe al ejército actuar como policía doméstica. Al invocarla, se suspenden esas restricciones, permitiendo que soldados patrullen calles y apoyen arrestos. Críticos como el Brennan Center for Justice la llaman “desfasada y peligrosa”, advirtiendo que podría usarse para suprimir disidencias políticas.
De la Guerra Civil a los derechos civiles
En más de 230 años, la ley se ha invocado unas 30 veces, siempre en crisis extremas. Abraham Lincoln la usó en 1861 para combatir la secesión sureña, federalizando milicias sin permiso de gobernadores. Ulysses S. Grant y Rutherford B. Hayes la aplicaron en la Reconstrucción para desmantelar la violencia racista del KKK en el Sur.
El siglo XX vio su rol en la lucha por los derechos civiles. Dwight D. Eisenhower la invocó en 1957 para desegregar escuelas en Little Rock, Arkansas, ante la resistencia del gobernador Orval Faubus. John F. Kennedy la extendió en 1962 para integrar la Universidad de Mississippi, y Lyndon B. Johnson protegió marchas en Selma, Alabama, en 1965. Estas intervenciones, aunque controvertidas, defendieron la autoridad federal contra los segregacionistas locales.
La última invocación fue en 1992, cuando George H.W. Bush respondió a los disturbios de Los Ángeles tras el caso Rodney King, a petición del gobernador de California. Desde entonces, 33 años de inactividad resaltan su rareza, pero también su potencial disruptivo en un país polarizado.
Conoce más sobre el despliegue militar en la siguiente nota de Nueva News.
El renacer de la amenaza
Trump coqueteó con la ley en su primer mandato. En 2020, tras el asesinato de George Floyd, amenazó con invocarla para sofocar protestas nacionales, pero fue disuadido por el entonces secretario de Defensa Mark Esper, quien lo despidió por oponerse. En su segundo término, iniciado en enero de 2025, la retórica ha escalado con su agenda antiinmigratoria.
Un decreto ejecutivo del 20 de enero declaró emergencia en la frontera sur, solicitando recomendaciones sobre invocar la ley para “control operacional completo”. En junio, protestas en Los Ángeles contra redadas de ICE —que detuvieron a cientos de migrantes— llevaron a Trump a calificar a manifestantes de “insurrectos”. Desplegó 4.000 guardias nacionales y 700 marines sin consentimiento estatal, invocando autoridad bajo Título 10.
Ahora, en octubre, las tensiones arden en Portland y Chicago. En Portland, protestas cerca de instalaciones de ICE han chocado con agentes federales, con Trump describiendo la ciudad como “en llamas” por “terroristas internos de izquierda”. Una jueza federal bloqueó temporalmente 200 guardias de California, pero Trump amenaza con la ley para sortearlo. En Chicago, 300 soldados texanos llegaron ante protestas por redadas que detuvieron a 13 personas, incluyendo ciudadanos. El gobernador J.B. Pritzker demanda, alegando violación de Posse Comitatus y la Décima Enmienda.
Stephen Miller, subjefe de gabinete, habla de “insurrección legal” por reveses judiciales, mientras Bannon urge tropas activas. Trump insiste: “Si la gente estuviera siendo asesinada y los tribunales nos bloquearan, claro que la aplicaría”. Críticos ven un patrón: fabricar caos para justificar la militarización, exacerbando divisiones en ciudades con tasas de homicidio en descenso.
Un poder sin frenos
Expertos advierten que la ley es “madura para abuso”, permitiendo despliegues contra “cualquier conspiración menor” sin consentimiento estatal. El Brennan Center propone reformas urgentes: definir términos clave, limitar acciones (prohibiendo suspensión de habeas corpus), exigir aprobación congresional tras 7-14 días y revisión judicial. La Ley CIVIL, impulsada por el senador Richard Blumenthal, restringiría tropas activas y consultaría al Congreso.
Gobernadores como Gavin Newsom y Tina Kotek rechazan: “No hay insurrección en Portland, solo amenazas a la soberanía estatal”. Organizaciones de derechos civiles temen erosión democrática, evocando escenarios de ley marcial —distinta, pero paralela— donde el ejército suplanta al civil.
¿Seguridad o Autoritarismo?
La posible invocación de Trump podría redefinir el equilibrio federal-estatal, usando el ejército para imponer políticas migratorias en urbes demócratas. Con protestas expandiéndose a Nueva York y Atlanta, el riesgo de escalada es inminente. Mientras Trump prioriza “ciudades seguras”, la historia advierte: esta ley, nacida para proteger la unión, podría fracturarla. El Congreso debe actuar antes de que un decreto presidencial convierta calles en campos de batalla.

