La política migratoria del presidente Donald Trump continúa generando polémica dentro y fuera de Estados Unidos. A casi un año de haber iniciado su segundo mandato, su administración ha intensificado las medidas de control fronterizo y ampliado las detenciones dentro del país, provocando nuevas separaciones familiares entre migrantes y solicitantes de asilo.
Durante su primer gobierno, la política de tolerancia cero separó a más de 5.000 niños de sus padres en la frontera sur. Hoy, las organizaciones humanitarias advierten que una nueva ola de detenciones está repitiendo la historia.
Nuevas formas de separación familiar
Aunque los cruces fronterizos han alcanzado mínimos históricos, el número de arrestos migratorios dentro del territorio estadounidense se ha disparado. ICE y otros organismos asociados al Departamento de Seguridad Nacional detienen a decenas de miles de personas cada mes, muchas con procesos de asilo activos.
El promedio diario de detenidos superó las 66.000 personas en noviembre, un récord histórico según informes oficiales. Las autoridades suelen trasladar a los migrantes de un centro a otro durante semanas o meses, lo que dificulta el contacto con sus familiares y abogados.
Además, los defensores de derechos humanos denuncian que las familias son separadas cuando uno de sus miembros enfrenta órdenes de deportación, mientras el resto permanece en el país con permisos temporales o solicitudes pendientes. En muchos casos, los adultos eligen ser deportados para evitar que sus hijos sufran detención prolongada.

Familias divididas por las políticas migratorias
Tres familias entrevistadas por medios locales describieron las consecuencias humanas de estas políticas. Cada historia refleja el dolor y la incertidumbre de la separación.
Antonio y Jakelin: una familia fracturada entre Florida y Venezuela
Antonio Laverde emigró de Venezuela en 2022 y solicitó asilo en Estados Unidos. Consiguió trabajo como conductor de Uber en Miami y logró enviar dinero a su esposa, Jakelin Pasedo, y a sus hijos, quienes más tarde fueron reconocidos como refugiados.
La tranquilidad duró poco. En junio de 2025, agentes federales arrestaron a Laverde cuando salía a trabajar. Jakelin asegura que los oficiales confundieron a su esposo con otro hombre que vivía en la misma vivienda. Los niños, de tres y cinco años, presenciaron el arresto.
“Se enfermaron con fiebre y lloraban por su papá”, contó Pasedo. “Preguntaban cuándo volvería”.
Laverde, de 39 años, pasó tres meses en el Centro de Detención de Broward antes de optar por regresar voluntariamente a Venezuela. Su esposa permanece en Florida y teme volver. “Trabajo limpiando oficinas. Solo espero poder reunirme con él algún día”, dijo.
Yaoska: entre Nicaragua y el miedo constante
Otra historia de separación la protagoniza Yaoska, una mujer nicaragüense de 32 años, cuyo esposo fue detenido en agosto en una oficina de ICE en Miami. Ambos habían huido de la represión política en Nicaragua con su hijo de 10 años y obtuvieron permiso de libertad condicional.
Sin embargo, durante una cita rutinaria de inmigración, su esposo fue arrestado y deportado tres meses después. “Mis hijos vieron cómo se lo llevaban”, relató con voz entrecortada.
Yaoska ahora enfrenta el embarazo de su tercer hijo bajo vigilancia electrónica permanente y sin poder quitarse el brazalete de GPS. “Mis hijos no quieren comer. Uno de ellos se despierta por las noches llamando a su papá”, contó.
A pesar de tener un permiso de trabajo válido hasta 2028, asegura que nadie la contrata. “Estoy en el limbo. No puedo regresar a Nicaragua porque nos matarían, pero aquí también tengo miedo”.
Amavilia: sola en Florida tras la deportación de su pareja
Edgar, un guatemalteco que llevaba más de 20 años viviendo en Estados Unidos, fue arrestado en Homestead por una orden pendiente de 2016 por conducir sin licencia. A los pocos días fue entregado a ICE y deportado a Guatemala.
Su pareja, Amavilia, quedó sola con dos hijos pequeños y sin ingresos. “Pensé que lo liberarían en 48 horas, pero no volvió. Me sentí sin salida”, comentó.
Desde entonces, se levanta a las tres de la madrugada para cocinar almuerzos que vende por poco dinero. Por las tardes, recorre su vecindario vendiendo helados caseros y plátanos cubiertos de chocolate junto a sus hijos.
“Me da miedo salir, pero tengo que hacerlo por ellos”, afirmó.
Políticas que reavivan el debate migratorio
Organizaciones proinmigrantes advierten que las actuales medidas reviven la estrategia de “tolerancia cero” implementada en 2018, considerada inhumana por Naciones Unidas y por organizaciones de derechos civiles. Critican que las detenciones prolongadas, los traslados constantes y las deportaciones dentro del país separan familias de manera irreversible.
Pese a las críticas, el gobierno de Trump continúa defendiendo su postura. La Casa Blanca insiste en que las medidas buscan “restituir el orden migratorio y proteger la seguridad nacional”. Sin embargo, activistas y legisladores demócratas sostienen que “ese orden se construye sobre el sufrimiento de miles de familias que solo buscan una vida mejor”.

