¿Por qué la comparecencia de los Clinton sobre Epstein amenaza el futuro de Trump?

Ni los Clinton ni Trump han sido acusados ​​por las autoridades de ningún delito relacionado con Epstein. Sin embargo, tanto el expresidente Clinton como Trump lo conocían.
Por qué la comparecencia de los Clinton sobre Epstein amenaza el futuro de Trump
Fotografía de archivo del expresidente Bill Clinton y la exsecretaria de Estado Hillary Clinton. EFE/EPA/Melina Mara

La política estadounidense vive esta semana un momento de tensión institucional sin precedentes. Este viernes, el expresidente Bill Clinton testificará ante una comisión del Congreso sobre el escándalo de Jeffrey Epstein. Sin embargo, lo que los republicanos celebran como una victoria política podría convertirse en el precedente legal que Donald Trump acabe lamentando.

La declaración de Clinton, de 79 años, sigue al testimonio a puerta cerrada de su esposa, Hillary Clinton. El jueves, la exsecretaria de Estado calificó la investigación —dirigida por la mayoría republicana en la Cámara de Representantes— como un “encubrimiento” diseñado para proteger a Trump. Aunque ni los Clinton ni Trump han sido acusados de delitos relacionados con Epstein, ambos aparecen mencionados en los archivos del Departamento de Justicia. Al forzar este testimonio, el Partido Republicano ha abierto una caja de Pandora legal que ignora las fronteras partidistas.

¿Es el testimonio de los Clinton un arma de doble filo para los republicanos?

La estrategia de los aliados de Trump para involucrar a los Clinton siempre buscó generar un “amargo teatro político”. No obstante, la comparecencia podría ser contraproducente. En primer lugar, reaviva el interés público en la saga Epstein, un tema que la Casa Blanca ha intentado silenciar durante meses sin éxito. Al elevar el perfil de la investigación, el Partido Republicano está garantizando que el vínculo “Epstein-Políticos” permanezca en los titulares.

Además, el testimonio plantea paralelos incómodos para el círculo íntimo de Trump. Si el estándar para ser citado es simplemente aparecer mencionado en los archivos, surge una pregunta inevitable: ¿por qué no se cita a otros republicanos prominentes? Un ejemplo claro es el secretario de Comercio, Howard Lutnick. Aunque sus descripciones sobre sus interacciones con Epstein fueron contradichas por archivos oficiales, aún no ha recibido una citación formal.

Esta disparidad alimenta las acusaciones de un “doble rasero”. Si Bill Clinton debe declarar bajo juramento por sus contactos pasados, resulta legalmente difícil justificar por qué Donald Trump no debería hacer lo mismo. Trump aparece mencionado en los archivos en numerosas ocasiones, y el precedente sentado hoy con Clinton debilita cualquier defensa futura basada en la inmunidad o el privilegio ejecutivo.

¿Podría Melania Trump ser la próxima en recibir una citación?

El testimonio de Hillary Clinton crea un modelo inquietante para la actual administración: el de una esposa interrogada sobre los vínculos de su marido con un traficante sexual convicto. Hillary afirmó desconocer la conducta de Epstein, pero tuvo que responder por las acciones de Bill. Algunos observadores se preguntan ahora si la primera dama, Melania Trump, podría enfrentar un escrutinio similar.

Melania podría ser cuestionada sobre las épocas en que su esposo y Epstein compartían órbitas sociales, tanto antes como después de su matrimonio en 2005. A diferencia del presidente, la primera dama no posee una función constitucional formal. Esto significa que no existen obstáculos legales evidentes que impidan al Congreso emitir una citación en su contra.

Aunque un intento de obligar a declarar a un presidente en funciones provocaría una disputa constitucional feroz, el camino hacia la familia del mandatario parece ahora más despejado. Los demócratas ya han dicho que, si recuperan la mayoría en la Cámara en noviembre, revisarán más el historial de Epstein. En el ciclo actual de represalias políticas, el precedente de llevar a familiares ante comisiones del Congreso es una señal de alarma para Mar-a-Lago.

¿Qué precedentes históricos justifican la citación de un expresidente?

Aunque parezca extraordinario, no es la primera vez que un expresidente testifica ante el Congreso. En el siglo XIX, John Tyler fue citado por el uso indebido de fondos públicos. En 1911, Theodore Roosevelt declaró en una investigación antimonopolio. Sin embargo, existe una diferencia fundamental: aquellos testimonios se centraron en cuestiones de política pública, mientras que el de Clinton toca asuntos profundamente personales.

Donald Trump ya tiene un historial de resistencia ante estas instituciones. Anteriormente, rechazó una citación de la comisión que investigó el motín del 6 de enero de 2021. En aquel momento, presentó demandas para bloquear la orden alegando la separación de poderes. Pero el punto clave de este viernes es distinto. Un expresidente puede ser obligado a declarar. Debe hacerlo sobre asuntos sin claros riesgos para la seguridad nacional. También debe hacerlo sin afectar privilegios presidenciales.

El presidente de la comisión, James Comer, niega que la investigación sea partidista, señalando que también han escuchado a figuras del primer mandato de Trump, como Alex Acosta. Acosta fue el fiscal que firmó el polémico acuerdo de culpabilidad de Epstein en 2008. Aun así, los demócratas ven en estas acciones una estratagema que acabará perjudicando al propio Trump al exacerbar la intriga nacional sobre el caso.

¿Cómo afecta este proceso a la imagen pública de Bill Clinton?

Para Bill Clinton, esta declaración marca otro giro en una carrera definida por escándalos y resurgimientos. Se enfrenta nuevamente a los republicanos de la Cámara de Representantes 25 años después de dejar la Casa Blanca. Los temas acordados para su declaración incluyen desde el mal manejo de la investigación federal hasta cómo Epstein buscaba ganar favores de políticos para proteger sus crímenes.

Se espera que el interrogatorio sea exhaustivo. Los registros de vuelo de CNN confirman que Clinton voló en el avión de Epstein al menos 16 veces entre 2002 y 2003. También existen fotografías del expresidente con Ghislaine Maxwell. Aunque Clinton niega haber tenido conocimiento de los delitos y afirma haber cortado lazos hace años, su agilidad dialéctica será puesta a prueba una vez más bajo juramento.

El riesgo para Trump es que este interrogatorio “legitime” el uso del caso Epstein como herramienta de supervisión agresiva. Si Bill Clinton es interrogado sobre fotos y viajes personales, se abre el camino. Un futuro Congreso controlado por demócratas podría interrogar a Trump. Podrían preguntarle por sus propias interacciones documentadas con el magnate. El “amargo teatro político” de hoy podría ser el guion de la comparecencia de Trump mañana.

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