“Millones de personas acaban de perder asistencia humanitaria, debido a los recortes de fondos. Son vidas reales en juego, apelando a la invocación del corazón, a los donantes para que aporten recursos. Olvidarnos de su llamada sería un error inhumano; pues, al fin, todos tenemos el derecho a llevar una vida digna y llena de oportunidades”.
En la vida todo tiene su nutriente natural; hasta en nosotros mismos, para hacer unidad y sentirnos familia, hemos de alimentarnos de la franca clemencia y de la cordialidad recíproca, que comienza por nuestro propio entorno. Por desgracia, confiamos demasiado en los sistemas de poder y muy poco en las gentes humildes y sencillas, que son las que tienen las entretelas grandes. Tampoco podemos caer en la amargura; detrás de lo ennegrecido viene lo resplandeciente, es cuestión de trabajarlo para no caer en la desesperación. Ciertamente, la ciudadanía debe pasar de las palabras a los hechos. Debemos poner en el centro medidas eficaces. Así, podremos mirar el presente con confianza y serenidad, y no solo con resignación.
dar explicaciones a las futuras generaciones
Tarde o temprano, debemos dar explicaciones a las futuras generaciones. Ellas recibirán una herencia de injusticias y desigualdades. Esto nos pide que, en esta época, actuemos con sensatez y transparencia. Las crisis políticas, los conflictos de intereses y las manchas corruptas juegan un papel central en el empeoramiento de los servicios fundamentales. Millones de personas acaban de perder asistencia humanitaria debido a los recortes de fondos. Son vidas reales en juego, apelando a la invocación del corazón, a los donantes para que aporten recursos. Olvidarnos de su llamada sería un error inhumano; pues, al fin, todos tenemos el derecho a llevar una vida digna y llena de oportunidades.
El mundo debe cambiar. Por eso, necesitamos un diálogo. Todas las personas involucradas deben querer actuar juntas. Este sí que sería el gran cambio que el planeta requiere. Desde luego, no faltarían las dificultades, pero con sentido de humanidad y hermanamiento, los resultados no podrán ser sino verdaderos. Está visto que nada puede hacerse, y aún menos rehacerse, sin anhelo y compañerismo. Por lo tanto, hay que dejar al margen retóricas estériles para, con firme voluntad fraterna, allanar las divergencias para favorecer un clima cooperante de colaboración y satisfacer, de este modo, las necesidades comunes.
Alcanzar esta noble causa nos hará ser mejores ciudadanos, al servicio de la concordia entre los pueblos. Teniendo como emblema el ejercicio de una solidaridad sin fisuras, las hostilidades dejarán de provocar muertes y desplazamientos. ¿Cuánto tiempo más tendremos que esperar para que haya un alto el fuego en todo el cosmos? ¿Cuándo dejarán de caer bombas sobre personas débiles y enfermas? Son realidades que han de hacernos reflexionar, interrogarnos, sabiendo que nuestra vida humana tiene más valor que cualquier pedestal de dominio. En consecuencia, ayudar a los excluidos del bien colectivo, más que una cuestión caritativa, es una cuestión de justicia y de igualdad de la protección social, con absoluto respeto a la diversidad de cultos y culturas.
Perseverar y tener confianza en uno mismo
Ciertamente, la vida no es fácil para nadie. Perseverar y tener confianza en uno mismo ha de ser la mayor ilusión viviente. Ejercitar esta misión es de obligado cumplimiento, ya que no existe un signo más patente de debilidad que desconfiar instintivamente de todo y de todos. Es imperativo que se adopten medidas que frenen los abusos generalizados, la contrariedad de nuestras actuaciones violentas, pues la venganza y la revancha tampoco son la respuesta. Sería una gran decepción no encontrar la calma y la armonía interna. También sería un desengaño seguir activando los errores y horrores del pasado. Sabemos que no hay un horizonte para la reconciliación. La reconciliación es el horizonte que nos une. Lo hace a través de la poesía, no de la supremacía.
Víctor CORCOBA HERRERO/ Escritor









