Análisis | Celebraciones navideñas afectadas por el temor a ICE

El miedo generado por ICE ha reducido la participación en eventos religiosos de manera dramática, especialmente durante celebraciones navideñas.
Análisis | Celebraciones navideñas afectadas por el temor a ICE
La inmigrante mexicana María Ramos arregla el árbol de Navidad en su casa en Tucson, Arizona (EE.UU.). EFE/María León

Esta navidad llega envuelta en incertidumbre profunda en comunidades latinas de Estados Unidos. En la iglesia episcopal San Mateo de Hyattsville, Maryland, las tradicionales posadas que recrean la búsqueda de alojamiento de María y José ya no se realizan en calles públicas. En su lugar, ocurren dentro de casas privadas, lejos de miradas indiscretas y del constante acecho del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas.

El padre Vidal Rivas lamenta esta decisión forzada: “Las haremos dentro de las casas, no podemos hacer nada afuera”. Desde que Donald Trump regresó a la Casa Blanca en enero de 2025, levantó las protecciones históricas que rodeaban espacios sagrados. Ahora ICE puede operar libremente en iglesias, hospitales y escuelas, intensificando redadas en barrios con alta presencia hispana.

En San Mateo, voluntarios estadounidenses vigilan estacionamientos y entradas durante servicios religiosos para alertar sobre posibles incursiones. Aunque esta medida brinda algo de seguridad, refleja la paranoia que atraviesa estas comunidades. Rivas ha presenciado impactos devastadores en su congregación: 13 personas se autodeportaron en apenas una semana. Tres feligreses fueron deportados por autoridades federales. Varios permanecen detenidos en centros de detención del ICE, separados de sus familias justo cuando deberían estar reunidas.

Esta atmósfera de miedo ha reducido la participación en eventos religiosos de manera dramática. La procesión de la Virgen de Guadalupe, celebrada durante generaciones, fue cancelada completamente por razones de seguridad. En el servicio de la Inmaculada Concepción asistieron apenas 60 personas, la mitad de lo esperado en años anteriores.

“Las celebraciones de la Navidad solían ser alegres y había mayor participación comunitaria. Ahora solo viene el 40% de la gente que acudía antes”, explica Rivas con visible dolor. El miedo transforma lo sagrado, obligando a comunidades enteras a esconderse durante festividades que deberían unir familias y fortalecer fe.

¿Qué estrategias implementan las iglesias?

Templos en todo Estados Unidos adoptan medidas creativas pero profundamente perturbadoras. En algunos, feligreses se turnan vigilando ventanas durante servicios religiosos. En otros, invitan deliberadamente a ciudadanos estadounidenses para diluir la visibilidad étnica de las congregaciones. Esta estrategia, aunque práctica, revela cuánta normalización ha ocurrido del miedo institucionalizado.

El pastor Julio Hernández del The Congregation Action Network en el área de Washington D.C. subraya la gravedad de la situación: “Es increíble la fe que la gente tiene, porque ahora ir a iglesia es una decisión de alto riesgo, no solo como inmigrante sino como latino”. Sus palabras capturan la angustia de millones que practican su fe bajo amenaza constante.

Análisis | Celebraciones navideñas afectadas por el temor a ICE
Fotografía de archivo de un activista sostiene con una bandera frente al centro de detención del ICE en Chicago, Illinois, EE. UU. EFE/EPA/Cristobal Herrera-Ulashkevich

Algunas iglesias optaron desesperadamente por servicios completamente virtuales, intentando mitigar riesgos de detención. Pero este enfoque presenta sus propios desafíos. Rivas probó clases de catecismo en línea durante las últimas semanas, encontrando participación mínima: “Si siguiéramos haciendo las misas en línea, quebrábamos”. La falta de interacción presencial desanima profundamente a fieles que valoran el ambiente festivo y la solidaridad comunitaria que caracteriza estas celebraciones.

El impacto económico de estas decisiones es igualmente severo. Una madre soltera que trabajaba en un restaurante local vio sus horas de trabajo reducidas a la mitad. Clientes migrantes temen salir de sus casas, limitando dramáticamente los ingresos para celebrar la Navidad. La sombra de posibles detenciones amplifica la pobreza comunitaria, creando una espiral descendente de inseguridad económica y emocional.

¿Cómo las iglesias utilizan el arte y la protesta?

Las iglesias responden a esta represión con protestas creativas y profundamente simbólicas. En Optimist Park, Charlotte, un belén tradicional incluye figuras de agentes de ICE con chalecos tácticos y esposas, representando la realidad de comunidades bajo vigilancia. Mientras que en Dedham, Massachusetts, la iglesia Santa Susana colocó un letrero perturbador junto a su belén: “El ICE estuvo aquí”, con una pregunta retórica para los fieles: “¿Paz en la tierra?”.

En Evanston, Illinois, la creatividad adopta una forma aún más provocadora: María y José aparecen usando máscaras de gas, denunciando directamente el uso de gases lacrimógenos contra manifestantes en Chicago. El reverendo Andrew Shipley explica esta estrategia: “El objetivo es perturbar, hacer que la gente sienta algo profundamente. Lo que les ha estado sucediendo a familias de Charlotte es perturbador y merece serlo”.

Estos actos simbólicos marcan los sermones navideños, recordando constantemente que Jesús huyó de la persecución como refugiado. El obispo Dwayne Royster, director ejecutivo de Faith in Action, una red de más de 1.000 congregaciones, enfatiza: “Es una historia familiar para muchos inmigrantes, que ahora se sienten amenazados en lo que debería ser su refugio”.

Las apelaciones desesperadas por una tregua navideña humanitaria

Los obispos católicos como Thomas Wenski en Miami han apelado directamente a Trump y gobernadores como Ron DeSantis para pausar arrestos durante las festividades navideñas y la Epifanía. Pidieron una “pausa humanitaria” para permitir que familias celebren sin vivir en miedo constante. Sin embargo, Trump rechazó categóricamente estas llamadas, priorizando su agenda política de deportaciones masivas sobre consideraciones humanitarias.

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Fotografía de archivo de manifestantes en todo Estados Unidos. EFE/EPA/Cristobal Herrera-Ulashkevich

Las cifras resultan alarmantes y reveladoras: casi 300.000 personas han sido deportadas en 2025 y 65.000 permanecen detenidas, marcando un récord histórico de represión migratoria. Políticas como la expansión de veto de viaje a 39 países y el fin de programas legales como TPS y DACA afectan a millones de personas. Los migrantes ruegan ser “invisibles” para ICE, evitando salir de sus hogares incluso para necesidades básicas.

En Los Ángeles, las deportaciones dejan hogares completamente vacíos durante festividades que deberían ser alegres. Una mujer afectada expresa su angustia: “Los días de pozole y enchiladas llegan pero no sabemos qué hacer sin nuestros seres queridos“. En San Diego, el aumento exponencial en operativos de ICE cambia fundamentalmente cómo las comunidades celebran. Las encuestas muestran que el 41% de migrantes teme detenciones, un aumento significativo que refleja la escalada de represión bajo Trump.

¿Sobrevivirá el espíritu navideño ante políticas antimigrantes?

El paralelismo bíblico resuena profundamente en estas comunidades aterrorizadas: Jesús, nacido bajo opresión romana y convertido en refugiado en Egipto. Para migrantes modernos, Estados Unidos ya no representa el refugio seguro que prometía. Las iglesias resisten valientemente con protestas creativas y simbólicas, pero la comunidad latina enfrenta una festividad ensombrecida permanentemente por separación familiar y pobreza económica intensificada.

¿Por qué los latinos en EE.UU. gastarán más en estas fiestas?
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Sin embargo, persiste una esperanza resiliente y profunda. Los migrantes encarnan el verdadero espíritu navideño de esperanza inquebrantable y renovación constante. Su contribución económica, generando miles de millones en impuestos y proporcionando mano de obra esencial, sostiene fundamentalmente la economía nacional. Las mesas adornadas con tamales, pozole y hallacas mantienen vivo el calor humano que trasciende la política.

La Navidad se convierte, entonces, en un acto de afirmación vital donde el nacimiento de Jesús simboliza la luz persistente en la oscuridad más profunda. A pesar de las sombras que rodean estas celebraciones modificadas, la fe inquebrantable y la solidaridad comunitaria persisten, inspirando a comunidades a perseverar con dignidad, optimismo y coraje frente a la adversidad sistemática que enfrentan diariamente.

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