Miles de jóvenes de la Generación Z tomaron las calles de Lima este domingo en una nueva ola de protestas contra el gobierno de Dina Boluarte y el Congreso. La marcha, que reunió a cientos en la Plaza San Martín, derivó en choques violentos con la Policía Nacional del Perú frente al Palacio Legislativo. Con al menos tres heridos y denuncias de represión, este movimiento juvenil busca cambios profundos en pensiones, corrupción e inseguridad, extendiéndose ya a su cuarta jornada consecutiva.
Movilización en el centro histórico de Lima
La protesta inició pacíficamente en la Plaza San Martín, donde estudiantes y trabajadores independientes desplegaron banderas del anime One Piece como símbolo de resistencia, inspirado en movimientos juveniles de Nepal e Indonesia. Desde allí, los manifestantes marcharon hacia la avenida Abancay, exigiendo la renuncia de Boluarte y reformas al sistema de pensiones. Sin embargo, un cordón policial con rejas metálicas bloqueó el acceso al Congreso, lo que tensó el ambiente.
Al intentar forzar el paso, algunos jóvenes lanzaron objetos contundentes contra los agentes. La Policía respondió con gases lacrimógenos y balas de goma, dispersando a la multitud. Según reportes locales, los enfrentamientos duraron más de dos horas, afectando el tráfico en el centro de la capital. Por lo tanto, el Metropolitano y buses sufrieron desvíos, complicando la movilidad en avenidas como Alfonso Ugarte.
Heridos y represión policial
El saldo preliminar incluye al menos tres heridos: dos manifestantes, uno con una lesión en el brazo, y un agente policial con heridas en la pierna. La Coordinadora Nacional de Derechos Humanos registró 83 agresiones policiales en jornadas previas, con un total de 18 heridos el sábado, incluyendo periodistas y brigadistas. Pese a todo, la Policía defiende su accionar como “legítimo” para restablecer el orden.
En videos difundidos ampliamente, se ve a un anciano golpeado en el rostro por un agente con una vara, lo que provocó sangrado profuso. Ante la indignación pública, la Policía Nacional anunció un procedimiento administrativo disciplinario por “uso arbitrario de la fuerza”. Además, transportistas se sumaron a la marcha, exigiendo medidas contra extorsiones que han elevado la inseguridad en el país.
Agresiones contra la prensa y la comunidad
Los periodistas enfrentaron hostilidad directa durante la cobertura. Un fotógrafo de EFE fue rodeado y golpeado con varas por varios agentes, mientras que el reportero Víctor Castillo de Canal N fue acosado y obligado a retroceder. “Estábamos identificados, pero no entraban en razón”, relató Castillo, exigiendo la identificación del mayor Arteta, quien lideraba el grupo.
En zonas cercanas, gases lacrimógenos obligaron a reporteros a refugiarse en un puente sobre el río Rímac. Allí, agentes irrumpieron en la comunidad indígena shipibo, dejando marcas de balas de goma en sus cuerpos, según denuncias en redes sociales. En consecuencia, la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos pidió a la Fiscalía protección para manifestantes y periodistas ante la escalada de violencia.
Demandas de la Generación Z
La Generación Z, que representa cerca de siete millones de peruanos menores de 30 años, lidera estas protestas desde el 13 de septiembre. Su eje central es la Ley N.º 32123, que obliga a independientes a afiliarse a las AFP desde 2028 y limita retiros al 95,5% para menores de 40 años, vista como un favor a las administradoras privadas. Además, reclaman justicia por las 49 muertes en protestas de 2022-2023 y medidas contra la corrupción rampante.
Voceros como Luis Ángel Condori de Puno y Xiomara Vásquez de Piura enfatizan que no son “vándalos”, sino jóvenes indignados por un sistema excluyente. Colectivos ecologistas, animalistas y sindicatos se unieron, elevando la marcha a un “despertar peruano”. Influencers y tiktokers nacionales amplificaron el llamado, rechazando etiquetas despectivas.
Antecedentes de las movilizaciones
Esta es la cuarta jornada de protestas en dos semanas, tras marchas el 20-21 y 27 de septiembre que movilizaron a miles en Lima y regiones como Puno y Piura. El sábado previo dejó 14 heridos entre manifestantes y tres periodistas baleados con perdigones, con 5.000 efectivos desplegados. La Policía reportó 12 agentes lesionados, uno por bomba molotov.
Sin embargo, la represión ha escalado: más de 50 activistas sufrieron doxeo y suplantación de identidad en TikTok, etiquetados como “terroristas”. Organismos de derechos humanos documentan detenciones arbitrarias y amenazas digitales. Mientras tanto, el Congreso aprobó el viaje de Boluarte a la ONU en Nueva York, ignorando las demandas locales.
Símbolos y expansión del movimiento
La bandera pirata de One Piece, con su calavera y sombrero de paja, se convirtió en emblema de la resistencia juvenil, ondeando en plazas y redes sociales. Este símbolo, usado en protestas globales contra opresores, refleja la influencia cultural de la Generación Z peruana. En regiones, las marchas se replican: en Arequipa y Trujillo, jóvenes exigen investigaciones por masacres pasadas.
Pese a la violencia, los organizadores anuncian continuidad. La indignación crece por escándalos de corrupción y el bajo 10% de aprobación de Boluarte. Expertos destacan que estas protestas marcan un giro: de gremios a juventud digital, desafiando un gobierno de facto desde el golpe a Pedro Castillo en 2022.
