La tensión entre Washington y Caracas ha alcanzado un nuevo pico en las últimas semanas, con Estados Unidos anunciando el envío de al menos siete buques de guerra, submarinos y más de 4.000 marines al Caribe meridional.
Análisis de la escalada: Recompensa y despliegue militar
Esta significativa movida militar, oficialmente justificada como una operación contra el narcotráfico, sin embargo, plantea serios interrogantes sobre si el presidente venezolano, Nicolás Maduro, representa una amenaza real para la seguridad nacional estadounidense o si, por el contrario, se trata de una estrategia política mucho más amplia.
De hecho, el punto de inflexión en esta confrontación llegó el 7 de agosto, cuando la secretaria de Justicia de EE.UU., Pam Bondi, elevó la recompensa por información que lleve al arresto de Maduro a una cifra récord: 50 millones de dólares. Es importante recordar que el presidente venezolano enfrenta cargos por narcotráfico en el sistema judicial estadounidense desde 2020. En su anuncio, Bondi lo describió tajantemente como “uno de los narcotraficantes más poderosos del mundo y una amenaza a la seguridad nacional” de Estados Unidos.
A pesar de las acusaciones, Caracas ha rechazado estas afirmaciones de manera categórica. No obstante, la respuesta militar fue inmediata: en cuestión de horas, fuerzas estadounidenses se desplegaron en aguas caribeñas, sumando navíos y elementos de inteligencia aérea en los días subsiguientes. Esta escalada resulta especialmente sorprendente, considerando que se produce tras un reciente intercambio de prisioneros y la reanudación de exportaciones de petróleo venezolano a través de Chevron bajo la administración Trump.
Las acusaciones contra Maduro: Narcotráfico vs. democracia
Más allá de la bien conocida retórica, que ha persistido durante años, resulta notable que la Casa Blanca enfoque su confrontación principalmente en supuestos lazos con el narcotráfico, en lugar de priorizar el restablecimiento de la democracia en Venezuela. En este sentido, las imputaciones que vinculan al Palacio de Miraflores con el tráfico de cocaína datan de al menos una década. Por consiguiente, surge la pregunta central: ¿Por qué esta repentina intensificación precisamente ahora?
A pesar de la alta recompensa, la secretaria Bondi no ha presentado pruebas irrefutables del rol directo de Maduro en el narcotráfico internacional. Al mismo tiempo, Venezuela insiste firmemente en su inocencia. “Para que haya un cartel de droga, o produces, procesas o traficas. En Venezuela no hay cultivo, producción ni tráfico significativo, ¿cómo puede haber un cartel? Es insostenible”, declaró a CNN la diputada chavista Blanca Eekhout. Dicha declaración alude al Cartel de los Soles, grupo que EE.UU. acusa de liderar Maduro y que, adicionalmente, el gobierno Trump designó como organización terrorista en julio.
Datos de producción global de drogas: El contraste venezolano
En primer lugar, según la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), Venezuela no figura en absoluto como país productor de cocaína. Por el contrario, la casi totalidad de los cultivos de coca, la base de la cocaína, se concentra casi exclusivamente en Colombia, Perú y Bolivia. En particular, Colombia ha visto un gran aumento. La superficie cultivada llegó a 230.000 hectáreas en 2022. Esto es casi 100.000 hectáreas más que en 2020. También ha habido un mejor rendimiento en la refinación.
El impacto de esto es considerable, ya que significa más hoja de coca y, por ende, mayor producción por unidad. Consecuentemente, en 2022 se produjeron 2.757 toneladas de cocaína en el mundo. Colombia aporta cerca del 62% de esta cantidad. Por otro lado, Venezuela no aparece en los mapas de producción. Esto se indica en el informe de la UNODC de junio de 2024.
Confirmando esta tendencia, investigadores de la DEA están de acuerdo en sus hallazgos. En su reporte anual de mayo de 2024, dicen que al menos el 97% de la cocaína incautada en EE.UU. proviene de Colombia. Curiosamente, en las secciones sobre el tráfico de cocaína, no se menciona a Venezuela. En cambio, se habla de Colombia y Perú como productores. También se mencionan a Ecuador, Centroamérica y México como rutas de tránsito.
Rutas dominantes del narcotráfico: ¿Caribe o Pacífico?
Una pregunta clave es ¿por dónde sale realmente la droga? Pues bien, la UNODC asegura que la mayoría de la cocaína colombiana se trafica hacia el norte por la costa del Pacífico. Si bien no descarta un paso por Venezuela, otros países como Ecuador emergen como puntos críticos (hotspots), donde el alza en homicidios se liga directamente al narcotráfico.
Es revelador que este análisis no se discute en el Departamento de Estado, al menos en privado, lo cual sugiere que los recursos desplegados en el Caribe podrían ser más útiles en el Pacífico. “Es extraño no ver más barcos allí o acciones contra grupos colombianos”, comentó a CNN un diplomático estadounidense bajo la condición de anonimato.
En retrospectiva, el exsecretario de Justicia Bill Barr, quien reveló las primeras acusaciones contra Maduro en 2020, señaló al gobierno venezolano como un facilitador de hasta 250 toneladas anuales de cocaína, una cifra que constituye una fracción menor del total global y menos del 10% de la producción colombiana. Aquel entonces, Barr tampoco presentó evidencias concretas para respaldar su afirmación.
Además, la ruta pacífica lidera las incautaciones de la UNODC: Colombia con el 37%, Ecuador el 8,8% y Panamá el 4,2%. En contraste, Venezuela ocupa apenas el sexto lugar en Latinoamérica, con menos del 2% del total.
Evidencias de involucramiento venezolano: Matices y testimonios
A pesar de estos datos globales, la realidad en el terreno es matizada. Por un lado, el chavismo admite la existencia de narcotráfico en el país, pero niega rotundamente promoverlo. La diputada Eekhout mencionó decomisos de 490 aeronaves y 94 embarcaciones en el último año, aunque estas cifras no han sido verificadas independientemente.
No obstante, hay indicios sólidos de participación en altos niveles. Como ejemplo, en 2016, un tribunal de Nueva York condenó a dos sobrinos de la primera dama Cilia Flores por conspirar para traficar cocaína a EE.UU.; aunque finalmente fueron liberados en un intercambio de prisioneros.
Más impactante aún es el caso de Hugo ‘el Pollo’ Carvajal, exjefe de inteligencia venezolano, quien se declaró culpable el 25 de junio de conspirar para importar cocaína y narcoterrorismo. Acusado de intercambiar armas por droga con las FARC, su extradición desde España y la posible colaboración con fiscales estadounidenses – según reportes del Miami Herald – podrían aportar pruebas cruciales contra Maduro, si bien esto último no ha sido confirmado oficialmente.
El Cartel de los Soles en debate: ¿Organización o red de facilitadores?
En un movimiento reciente, en julio, el Departamento del Tesoro calificó al Cartel de los Soles como organización terrorista internacional, medida que permite una mayor acción contra sus supuestos miembros. Acto seguido, países como Argentina, Ecuador y Paraguay siguieron su ejemplo.
Sin embargo, la naturaleza de esta organización es debatida. “El Cartel de los Soles no existe como tal; es un término periodístico para el involucramiento de autoridades venezolanas en drogas”, explicó a CNN Phil Gunson, del International Crisis Group en Caracas. A pesar de esto, no niega la participación militar: “Carteles colombianos y mexicanos operan aquí, con cargamentos por el Orinoco y vuelos clandestinos. Definitivamente, no sería posible sin complicidad desde arriba”.
Gunson compara, por lo tanto, el rol de Maduro con el de Manuel Noriega, condenado en 1992 por asociarse con el Cartel de Medellín: un facilitador externo que se beneficia al ofrecer rutas protegidas.
Finalmente, analistas de InsightCrime coinciden en su valoración: “Es una red suelta de células en el ejército venezolano implicadas en crímenes, no un grupo jerárquico”. De ahí que el nombre aluda a las insignias de sol que llevan los generales.
En el panorama político, desde la oposición, María Corina Machado aplaudió estas medidas; mientras tanto, Henrique Capriles exige la presentación de pruebas. Por su parte, Maduro niega toda implicación, guardando silencio sobre la condena de sus sobrinos.
En conclusión, el rol de Carvajal cobra una relevancia sin precedentes, especialmente con su sentencia del 29 de octubre, que podría ser el momento decisivo para aclarar si finalmente colaboró con la justicia contra su exjefe.
