EN PORTADA: MIGRANTES SIN BANCA

Actualmente, no se requieren documentos de ciudadanía para abrir una cuenta bancaria en Estados Unidos. ¿En qué consiste la orden ejecutiva que se está tramitando?
EN PORTADA: MIGRANTES SIN BANCA Estados Unidos exige prueba de ciudadanía para abrir cuentas bancarias.
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Estados Unidos exige prueba de ciudadanía para abrir cuentas bancarias.

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El panorama financiero para millones de familias en Estados Unidos ha dado un giro drástico y alarmante. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, confirmó la finalización de una orden ejecutiva que transforma el acceso a los servicios bancarios. A partir de ahora, la administración del presidente Donald Trump exigirá una prueba de ciudadanía para abrir o mantener cuentas bancarias. Esta medida rompe con décadas de inclusión financiera y sumerge a la comunidad inmigrante en una profunda incertidumbre económica.

Históricamente, los bancos no requerían demostrar el estatus legal para operar. Las entidades solicitaban información básica como nombre, dirección y un número de identificación fiscal o ITIN. Este marco permitía que millones de personas, incluidos indocumentados y residentes legales, participaran en la economía formal. Sin embargo, la nueva directriz instruye a las instituciones a verificar estrictamente la ciudadanía estadounidense o el estatus migratorio legal de cada cliente.

La decisión ha provocado que millones de inmigrantes pierdan la posibilidad de gestionar sus ahorros de manera segura. Aunque inicialmente se planteó aceptar pruebas de residencia legal, la versión final se centró exclusivamente en la ciudadanía. Esto ha dejado fuera incluso a titulares de visas y residentes permanentes que no cuentan con un certificado de naturalización. La exclusión financiera es ahora una realidad que amenaza la estabilidad de innumerables hogares en todo el país.

¿Qué implica esta medida para la economía familiar?

La transición hacia una economía basada únicamente en efectivo conlleva riesgos significativos para la seguridad pública. Al no poder acceder a cuentas de débito o ahorro, las familias inmigrantes quedan expuestas a robos y estafas constantes. Operar fuera del sistema bancario formal impide, además, la construcción de un historial crediticio necesario para rentar viviendas o comprar vehículos. La exclusión financiera limita las oportunidades de crecimiento y empuja a sectores vulnerables hacia la marginación económica.

Scott Bessent afirmó con firmeza: “Los inmigrantes ilegales no tienen derecho a formar parte del sistema bancario”. Esta postura refuerza la intención del gobierno de alinear la política financiera con sus prioridades de control migratorio. Sin embargo, no se han presentado datos concretos sobre cómo esta exclusión afectará la recaudación de impuestos. Muchos inmigrantes utilizan el ITIN para cumplir con sus obligaciones fiscales, un mecanismo que ahora queda en entredicho.

Organizaciones civiles advierten que el impacto negativo se extenderá a la estabilidad económica nacional. La falta de acceso a servicios bancarios básicos dificulta la integración social de quienes trabajan y consumen en el país. Al cerrar estas vías, el gobierno federal fomenta prácticas informales que son difíciles de regular y supervisar. El temor se ha extendido rápidamente entre las comunidades latinas y asiáticas, que ven amenazado su sustento diario.

¿Cómo responderá el sistema bancario ante estas exigencias?

La industria financiera ha mostrado resistencia debido al enorme impacto operativo y económico que implica la medida. Un análisis del American Action Forum estima que el requisito generará hasta 70 millones de horas de trabajo administrativo adicional. Los costos operativos podrían oscilar entre los 2,600 y 5,600 millones de dólares para los bancos nacionales. Esta carga administrativa recaerá sobre el personal, que ahora deberá actuar como un brazo de verificación migratoria.

La puesta en marcha de la orden ejecutiva enfrenta obstáculos logísticos considerables. Aproximadamente la mitad de la población estadounidense no posee un pasaporte vigente, lo que complica el cumplimiento incluso para ciudadanos nativos. Los bancos deberán adaptar sus sistemas internos y capacitar a sus empleados para validar documentos de ciudadanía complejos. Estas demoras podrían paralizar la apertura de nuevas cuentas para el público general durante los próximos meses.

A pesar de los costos, Bessent sostiene que las entidades financieras deberán cumplir con la ley si el Tesoro lo ordena. “Si es su trabajo, es su trabajo”, declaró el funcionario durante el foro Invest in America en Washington. Esta presión obliga a los bancos a elegir entre perder millones de clientes o enfrentar sanciones regulatorias severas. La industria teme una fuga de capitales hacia mercados informales o sistemas de pago no regulados.

¿Cuáles son las alternativas legales para los afectados?

Ante la negativa de apertura de cuentas, consultores legales recomiendan solicitar siempre una justificación formal por escrito. Es vital que los afectados busquen asesoría jurídica especializada para determinar si su estatus legal permite alguna excepción. Muchos residentes con “green card” o visas de trabajo válidas podrían verse afectados por errores en la interpretación de la orden. La claridad en la implementación sigue siendo una de las mayores incógnitas para los expertos en derecho civil.

El senador republicano Tom Cotton ya impulsa un proyecto de ley para codificar estas restricciones en el Congreso. Su propuesta busca obligar a todas las cooperativas de crédito y bancos a verificar la estancia legal de los titulares. Esto cerraría definitivamente cualquier laguna legal que los bancos pudieran utilizar para mantener a sus clientes actuales. La batalla legislativa promete ser intensa, con defensores de los derechos civiles prometiendo impugnaciones en las cortes federales.

Mientras el debate continúa, millones de personas se preparan para un futuro sin acceso a tarjetas de crédito o préstamos. La posibilidad de enviar remesas o pagar servicios básicos de forma digital está desapareciendo para un sector amplio de la población. La administración Trump insiste en que la medida fortalece la seguridad nacional y combate delitos financieros. Sin embargo, el costo humano de esta política de “migrantes sin banca” es incalculable en términos de dignidad y progreso.

¿Qué precedentes existen sobre la exclusión financiera en EE. UU.?

Intentos previos de endurecer los requisitos bancarios fracasaron debido a la presión de la industria financiera y grupos pro-migrantes. El programa de identificación del cliente (CIP) permitía hasta ahora una inclusión amplia mediante el uso de pasaportes extranjeros. Este marco facilitó que personas de diversas nacionalidades contribuyeran a la robustez del sistema financiero estadounidense. La nueva disposición rompe con este precedente de apertura y adopta un enfoque de aislamiento económico deliberado.

El uso del número ITIN fue, durante años, el puente principal para la integración económica de los indocumentados. Al permitirles abrir cuentas y pagar impuestos, el sistema reconocía su presencia activa en la fuerza laboral. La eliminación de esta vía genera una profunda inquietud sobre el futuro de la recaudación fiscal y el consumo interno. Sin bancos, la capacidad adquisitiva de millones de residentes se verá severamente mermada, afectando a pequeños comercios y grandes corporaciones por igual.

La orden ejecutiva marca el inicio de una era de vigilancia financiera estricta basada en el origen nacional. Las comunidades afectadas exigen transparencia y garantías para quienes poseen documentos legales pero no son ciudadanos. La falta de aclaración sobre excepciones para residentes permanentes ha incrementado la angustia en los vecindarios inmigrantes. Estados Unidos se encamina hacia un sistema financiero de dos niveles, donde el acceso al capital depende del certificado de nacimiento.

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