La inflación anual en EE.UU. sube al 3,8 % en abril, por encima de los salarios.
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La economía de Estados Unidos atraviesa un momento crítico que ha encendido las alarmas en Wall Street y en los hogares del país. Por primera vez en tres años, los salarios de los ciudadanos no lograron superar el avance de los precios, rompiendo una tendencia de recuperación que se mantenía desde la pandemia. Según los datos publicados este martes por la Oficina de Estadísticas Laborales (BLS), el Índice de Precios al Consumidor (IPC) subió un 3,8 % anual en abril de 2026.
Este incremento sitúa la inflación en su punto más alto desde mayo de 2023, superando las expectativas de los analistas que pronosticaban un 3,7 %. El panorama es “incómodo”, según el economista Sung Won Sohn, quien advierte que el costo de vida sigue asfixiando a las familias. Para la Reserva Federal, esta cifra implica una noticia desalentadora: los esperados recortes en las tasas de interés probablemente se pospongan hacia un futuro incierto.
La pérdida de poder adquisitivo es evidente al comparar las cifras. Mientras los salarios crecieron un promedio del 3,6 % respecto al año anterior, los precios escalaron un 3,8 %, dejando el crecimiento real en terreno negativo. Augustine Faucher, economista jefe de PNC Financial Services Group, señaló que los consumidores ya se encontraban bajo una presión considerable debido a la reciente desaceleración observada en el mercado laboral nacional.
¿Cómo influye el conflicto en Irán en los precios locales?
El estallido de la guerra en Irán a finales de febrero cambió drásticamente la trayectoria de la inflación, que se había moderado hasta el 2,4 %. El precio del crudo Brent se disparó hasta alcanzar los 118 dólares por barril, impactando de inmediato en el costo de la energía. En las gasolineras, el aumento del 5,6 % en abril fue el segundo más rápido desde finales de 2023, llevando el promedio nacional a los 4,50 dólares por galón.
No obstante, el problema trasciende el combustible para vehículos. El bloqueo del estrecho de Ormuz ha interrumpido el flujo de materiales críticos como el aluminio, el helio y, fundamentalmente, los fertilizantes. Esta interrupción logística actúa como una “arteria aorta” obstruida para la economía global, según el profesor Brian Bethune. La falta de insumos agrícolas y el encarecimiento del diésel para transporte han trasladado la presión directamente a los estantes de los supermercados.
La electricidad tampoco escapó a esta tendencia alcista, registrando un aumento mensual del 2,1 %, el mayor en más de cuatro años. Factores como la demanda de los centros de datos y las condiciones climáticas ya presionaban el sector, pero la conmoción global en el mercado del gas ha exacerbado los costos de infraestructura. Para los hogares estadounidenses, la crisis energética se ha convertido en una carga ineludible que afecta cada rincón de sus facturas mensuales.
¿Por qué la cesta de la compra es hoy más cara?
El impacto en el supermercado es uno de los puntos más visibles de esta crisis. Los precios generales de los alimentos subieron un 0,5 % en abril, pero los artículos de primera necesidad mostraron alzas más agresivas. Los productos agrícolas frescos, como las frutas y verduras, subieron un 2,3 %, marcando su mayor incremento mensual desde 2010. Los tomates, por ejemplo, se dispararon más de un 15 % por segundo mes consecutivo, un golpe directo al bolsillo.
La carne de res también continúa su escalada, acumulando un aumento interanual del 14,8 %. Joe Brusuelas, economista jefe de RSM US, afirma que “la guerra ha llegado a casa” y los ciudadanos pueden verla reflejada cada vez que llenan el carrito. El encarecimiento de los fletes por el alza del diésel y la escasez de fertilizantes importados a través de rutas bloqueadas han creado una tormenta perfecta que reduce el margen de maniobra de las familias.
Stephen Kates, planificador financiero de Bankrate, explica que resulta casi imposible para los hogares reasignar fondos cuando todas las categorías esenciales suben simultáneamente. La incapacidad de sustituir productos caros por otros más económicos está profundizando la brecha de desigualdad. Los hogares de ingresos medios y bajos son los más afectados, enfrentando dificultades crecientes para gestionar sus deudas básicas y mantener su nivel de consumo habitual.
¿Qué factores metodológicos influyeron en los datos de vivienda?
Un elemento determinante en el reporte de abril fue el rubro de la vivienda, que repuntó un 0,6 %, duplicando el ritmo registrado en marzo. Este salto se debe, en parte, a un ajuste metodológico tras el cierre histórico del gobierno el año pasado. En octubre, la BLS no pudo recopilar datos completos, asumiendo erróneamente una inflación del 0 % en alquileres. Al normalizarse las encuestas seis meses después, la cifra de abril refleja una aceleración compensatoria acumulada.
A pesar de este repunte, economistas como Oliver Allen de Pantheon Macroeconomics sugieren que la inflación no está necesariamente en una espiral descontrolada. Categorías como los pasajes aéreos y servicios de suscripción digital (como Netflix) también impulsaron la inflación subyacente, pero podrían considerarse factores puntuales. Sin embargo, el IPC subyacente —que excluye alimentos y energía— alcanzó un 2,8 % interanual, situándose peligrosamente cerca del límite del 3 %.
Esta situación coloca a la Reserva Federal en una encrucijada técnica. Aunque el mercado laboral necesite estímulos, resulta difícil justificar una bajada de tasas con una inflación subyacente tan elevada. La política monetaria parece estar “atada de manos” mientras los shocks energéticos externos sigan filtrándose al resto de la economía. Los analistas coinciden en que la trayectoria de los precios no se revertirá de inmediato, descartando cualquier alivio financiero para lo que resta de 2026.
¿Cuál es el impacto político de este descontento económico?
El malestar por la economía se ha consolidado como un factor determinante en el panorama político de cara a las próximas elecciones. Una encuesta reciente de CNN reveló que el 77 % de los estadounidenses considera que las políticas actuales han elevado el costo de vida en sus comunidades. Este sentimiento de asfixia económica trasciende las líneas partidistas, afectando incluso la percepción de los votantes independientes y republicanos sobre la gestión de la administración actual.
La desconfianza se ve alimentada por datos del Banco de la Reserva Federal de Nueva York, que muestran un aumento preocupante en la morosidad grave de préstamos. Los créditos estudiantiles y las deudas de tarjetas de crédito están registrando niveles de impago no vistos en años, lo que indica que el ahorro acumulado durante la pandemia se ha agotado. La “doble presión” de precios altos y tasas de interés elevadas está forzando a muchos consumidores a elegir qué deudas pagar y qué gastos recortar.
En conclusión, el panorama para el resto de 2026 depende enteramente de la resolución de los conflictos geopolíticos en Oriente Medio. Mientras el estrecho de Ormuz siga bloqueado y el petróleo mantenga su volatilidad, la inflación seguirá siendo el principal enemigo del bienestar estadounidense. La Reserva Federal, ahora bajo la posible dirección de Kevin Warsh, enfrenta el reto de estabilizar una economía que parece navegar en aguas turbulentas sin un puerto de llegada cercano.
