EN PORTADA: CRISIS EN EL DHS

Las filas de seguridad persisten en los aeropuertos estadounidenses mientras el Congreso negocia la financiación del Departamento de Seguridad Nacional.
EN PORTADA: CRISIS EN EL DHS De confirmarse su nombramiento, ¿será Markwayne Mullin el próximo desastre del DHS?
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De confirmarse su nombramiento, ¿será Markwayne Mullin el próximo desastre del DHS?

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EN PORTADA: CRISIS EN EL DHS De confirmarse su nombramiento, ¿será Markwayne Mullin el próximo desastre del DHS?

 

El Departamento de Seguridad Nacional (DHS) de los Estados Unidos se encuentra en un punto de inflexión crítico. Tras la estrepitosa salida de Kristi Noem, calificada por algunos sectores como la peor secretaria en la historia de la agencia, el presidente Donald Trump ha movido su ficha más audaz: el senador de Oklahoma, Markwayne Mullin. Con 48 años y una carrera que mezcla las artes marciales mixtas (MMA) y la política nacional, Mullin se prepara. Este miércoles tendrá una audiencia de confirmación. La audiencia promete ser un campo de batalla ideológico.

Markwayne Mullin no es el típico político de Washington. Su historia es la del “outsider” que aprendió a navegar las aguas del Capitolio sin perder su sombrero de vaquero. Abandonó la universidad para salvar el negocio de fontanería de su familia y, desde su llegada al Congreso en 2013, ha cultivado una imagen de hombre de acción. Sin embargo, su nominación para dirigir una agencia con 260.000 empleados y un presupuesto de casi 100.000 millones de dólares ha encendido alarmas. Varios sectores cuestionan si su lealtad ciega a Trump será un activo o un lastre peligroso.

La misión que le espera es titánica y políticamente explosiva. De ser confirmado, Mullin deberá ejecutar las promesas de campaña más agresivas del presidente en materia de inmigración. Este tema se ha convertido en el principal foco de conflicto de cara a las próximas elecciones de mitad de mandato. La pregunta en el aire es si Mullin será el estratega que estabilice el DHS o simplemente un rostro carismático que firme las órdenes diseñadas por figuras más radicales como Stephen Miller y Tom Homan.

¿Es la falta de experiencia técnica su mayor debilidad?

Las críticas más feroces provienen de quienes señalan que Mullin carece de experiencia profesional en seguridad nacional, gestión de emergencias o política migratoria. A diferencia de secretarios anteriores, nunca ha formado parte de comisiones con jurisdicción amplia en estas materias. Organizaciones como la Unión de Científicos Conscientes (UCS) han manifestado su rotunda oposición. Argumentan que nombrar a alguien “únicamente descalificado” para dirigir la tercera agencia federal más grande es una receta para el caos administrativo.

Además de la seguridad fronteriza, el secretario del DHS supervisa la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA). Este punto es especialmente sensible debido al historial de Mullin como escéptico del cambio climático. Con la temporada de huracanes en el Atlántico muy cerca, preocupa esta situación. Un director ha recibido millones en aportes de la industria de combustibles fósiles.Aun así, podría liderar la respuesta ante desastres naturales. Estos desastres son cada vez más intensos y frecuentes.

Los demócratas, liderados por figuras como el senador Chris Coons, han advertido que el interrogatorio será implacable. Aunque Mullin goza de simpatía personal entre sus colegas por su carácter afable y su famoso “mostrador de dulces” en el Senado, la responsabilidad del cargo trasciende las amistades. El escrutinio se centrará en si está preparado para manejar crisis que van desde la ciberseguridad hasta la protección de infraestructuras críticas, áreas donde su currículum es prácticamente inexistente.

¿Podrá Mullin mantener su independencia frente a la Casa Blanca?

Una de las mayores preocupaciones entre los legisladores de oposición es el grado de influencia que ejercerán los asesores de línea dura de la Casa Blanca sobre el DHS. Senadores como Ruben Gallego han sugerido que el verdadero problema no es Mullin en sí, sino la posibilidad de que él no sea quien realmente tome las decisiones. En Washington, es un secreto a voces que Stephen Miller y Tom Homan diseñan las medidas fronterizas más restrictivas. Esto deja al secretario en un papel quizá más ornamental.

Mullin ha demostrado ser un leal defensor de Trump, llegando incluso a votar en contra de la certificación de las elecciones de 2020. Su cercanía con el presidente es tal que sus colegas relatan cómo interrumpe cenas importantes para atender llamadas directas desde el Despacho Oval. Esta conexión orgánica le da un poder político innegable. Pero también plantea dudas sobre su capacidad para cuestionar órdenes. Esas órdenes podrían ser inhumanas, inconstitucionales o ineficaces desde un punto de vista operativo.

Por otro lado, sus aliados republicanos, como el senador Thom Tillis, confían en que su instinto de luchador le impedirá ser un títere. Aseguran que Mullin es una persona que mira a los ojos y cumple sus compromisos. Para ellos, su pragmatismo y su habilidad para comunicar en medios como Fox News son herramientas clave. Con ellas, buscan desbloquear una agencia que ven estancada. También creen que le falta una dirección política clara y firme.

¿Qué impacto tendrá su estilo impulsivo en una agencia de seguridad?

El carácter de Mullin es propenso a la acción directa, un rasgo que ha definido su carrera, pero que también le ha traído problemas. Desde intentar ingresar a Afganistán por cuenta propia para evacuar estadounidenses en 2021, hasta desafiar a líderes sindicales a peleas físicas durante audiencias del Senado, su estilo es cualquier cosa menos diplomático. En el DHS, donde la precisión legal y la cadena de mando son vitales, este comportamiento impulsivo podría generar crisis internas innecesarias.

Sin embargo, dentro de las filas del Departamento de Seguridad Nacional existe un “cauto optimismo”. Tras el tumultuoso año de Kristi Noem, muchos funcionarios anhelan estabilidad. Mullin es percibido como una figura que, al menos, tiene el peso político para negociar recursos en el Capitolio. Su capacidad para forjar relaciones bipartidistas en el gimnasio del Congreso —donde es famoso por dirigir entrenamientos de alta intensidad— podría ser la llave para destrabar presupuestos en medio de cierres gubernamentales.

El miércoles será el día de la verdad. Markwayne Mullin deberá demostrar que es algo más que un “luchador” leal al presidente. Deberá convencer al Senado de que posee la visión necesaria para proteger la frontera sin desmantelar agencias vitales como FEMA o violar los derechos humanos. Si falla en proyectar esa competencia técnica, su nombramiento no será el reinicio que el DHS necesita, sino el comienzo de un nuevo y más profundo desastre institucional.

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