El presidente Donald Trump instalará una estatua de Cristóbal Colón frente a la Casa Blanca como nuevo gesto de su agenda cultural conservadora. El monumento se colocará en la parte sur del complejo presidencial, cerca de la calle E y al norte de la Elipse. Este lugar está en pleno corazón de Washington. La pieza será visible para peatones y vehículos que rodean el parque presidencial. Así, se convertirá en un nuevo punto simbólico de la capital.
La obra no será una escultura completamente nueva, sino la reconstrucción de una estatua de Colón inaugurada en 1984 en Baltimore por el entonces presidente Ronald Reagan. Aquella figura fue derribada por manifestantes el 4 de julio de 2020 y arrojada al agua durante protestas contra símbolos coloniales. Desde entonces, los restos fueron recuperados y restaurados con apoyo de empresarios italoamericanos y donaciones privadas. Ahora, el plan es trasladarla desde un almacén en Maryland hasta los jardines presidenciales en las próximas semanas.
¿Por qué Trump defiende tanto a Cristóbal Colón?
La decisión de Trump no es aislada, sino parte de una campaña más amplia para reivindicar la figura de Cristóbal Colón frente a sus críticos. En una proclamación oficial de 2025, el presidente lo calificó como “el héroe estadounidense original” y “un gigante de la civilización occidental”. Además, acusó a lo que llama “radicales de izquierda” de intentar borrar su legado mediante el derribo de monumentos y el cambio de nombres de festividades.

En los últimos años, varias ciudades sustituyeron el tradicional Día de Colón por el Día de los Pueblos Indígenas, como gesto de reparación histórica hacia las comunidades nativas. El anterior gobierno federal llegó a reconocer oficialmente esa denominación alternativa. Trump, en cambio, revirtió ese enfoque y restauró de forma plena la celebración del Día de Colón como feriado nacional principal. Por ello, la nueva estatua frente a la Casa Blanca funciona también como una respuesta visual a ese debate.
¿Qué simboliza en este momento político?
La figura de Cristóbal Colón se ha convertido en un epicentro del pulso ideológico en Estados Unidos. Para movimientos indígenas y antirracistas, el navegante simboliza el inicio de la colonización violenta, la esclavitud y el despojo de tierras. Sin embargo, para Trump y buena parte de su base política, Colón representa el espíritu de exploración y los orígenes de la identidad occidental del país.

Tras el asesinato de George Floyd en 2020, una oleada de protestas llevó al retiro o derribo de decenas de estatuas consideradas símbolos de racismo o colonialismo, entre ellas múltiples monumentos a Colón. Aquellas imágenes de monumentos cayendo marcaron un punto de inflexión en la llamada “guerra cultural” estadounidense. Ahora, con la nueva estatua frente a la Casa Blanca, Trump pretende enviar el mensaje opuesto: restaurar lo que él considera héroes fundacionales.
El propio presidente ha insistido en que, bajo su liderazgo, “se acabaron los días” en los que estas figuras eran retiradas del espacio público. Así, la instalación del monumento busca consolidar en piedra una visión muy concreta de la historia nacional. Para sus críticos, en cambio, es un intento de fijar una narrativa que omite el sufrimiento de los pueblos originarios.
Otros cambios en la Casa Blanca
La estatua de Colón se suma a una serie de cambios arquitectónicos y simbólicos que Trump impulsa en Washington. En la propia Casa Blanca, el presidente promovió la demolición del Ala Este para construir un gran salón de baile valorado en alrededor de 400 millones de dólares. Este nuevo espacio busca albergar recepciones de Estado y eventos de alto perfil. Además, refuerza la idea de una presidencia marcada por la grandilocuencia.
Además, Trump ha planteado levantar un arco del triunfo inspirado en el de París, que algunos proyectos sitúan cerca del río Potomac y en relación visual con el Memorial a Lincoln. Ese monumento, que algunos asesores ya llaman informalmente “Arco de Trump”, se integraría a un conjunto de obras destinadas a dejar una huella duradera en el paisaje de la capital.
En conjunto, la estatua de Cristóbal Colón, el nuevo salón de baile y el proyectado arco forman parte de una estrategia de “política de la memoria”. A través de estas intervenciones, la actual administración intenta consolidar un relato histórico donde ciertos personajes y estilos arquitectónicos ocupan el centro de la escena. Mientras tanto, el debate sobre qué figuras deben representarse en los espacios públicos de Estados Unidos sigue más abierto que nunca.
Entérate más en Nueva News
