Grandes corporaciones tecnológicas y magnates norteamericanos se unieron para financiar la nueva remodelación en la Casa Blanca. La Administración del presidente Donald Trump confirmó que Amazon, Apple, Meta, Google y Microsoft están en la lista de patrocinadores. Estas empresas donaron más de 300 millones de dólares para construir un nuevo salón de baile en el Ala Este del edificio presidencial.
Según fuentes oficiales, las obras comenzaron esta semana. Se inició la demolición parcial del ala histórica. Esta ala fue construida hace más de un siglo. Se hará una nueva estructura moderna de 90.000 metros cuadrados. Excavadoras comenzaron los trabajos de limpieza en el área mientras funcionarios de la Casa Blanca supervisan el proyecto.
Los donantes más influyentes del proyecto
La Administración Trump compartió la lista de patrocinadores. Esta lista incluye nombres importantes de la élite empresarial y financiera de Estados Unidos. Entre ellos aparecen Jeff Bezos, fundador de Amazon; Mark Zuckerberg, de Meta; Sundar Pichai, de Google; y Bill Gates, de Microsoft.
También están el inversionista ruso-estadounidense Konstantin Sokolov y el empresario petrolero Harold Hamm. Hamm es un aliado financiero importante del presidente. También se menciona a la exsenadora republicana Kelly Loeffler y a su esposo, Jeff Sprecher. Sprecher es el CEO de Intercontinental Exchange, que es la empresa dueña de la Bolsa de Nueva York.
Además, se menciona a Benjamín León, magnate de origen cubano designado recientemente por Trump como embajador de Estados Unidos en España, nombramiento que confirma su estrecha relación con la actual Administración.
Una cena de recaudación con mensaje político
Durante una cena celebrada la semana pasada en la Casa Blanca, Trump reunió a varios de los donantes y, entre bromas, comentó que “este es el precio de tener acceso al presidente”. También aseguró que el nuevo salón de baile “no le costará ni un centavo a los contribuyentes estadounidenses”.
Fuentes cercanas al evento afirmaron que el presidente destacó la importancia de crear “un espacio emblemático para recibir a líderes globales y celebrar los logros del país”. La velada sirvió, según asistentes, para sellar el compromiso financiero de los participantes y avanzar en los detalles finales del diseño.
El proyecto quedará en manos de la firma McCrery Architects, reconocida por sus restauraciones en el Capitolio y otros edificios patrimoniales de Washington. La empresa confirmó que mantendrá el estilo neoclásico característico del complejo presidencial, incorporando materiales de alta resistencia y tecnología ambientalmente eficiente.
La transformación del Ala Este
El Ala Este de la Casa Blanca fue construida en 1902 durante el mandato de Theodore Roosevelt, con el propósito de equilibrar visualmente la estructura del Ala Oeste, donde se ubica el Despacho Oval. En sus inicios, solo contaba con dos pisos, pero fue ampliada en 1942 bajo el Gobierno de Franklin D. Roosevelt, incluyendo un búnker subterráneo conocido como el “Presidential Emergency Operations Center”.
Desde entonces, el Ala Este ha alojado oficinas administrativas, espacios de recepción y la tradicional Sala de las Primeras Damas. La nueva intervención, sin embargo, implicará reconfigurar buena parte de esa distribución, con la promesa de preservar los elementos históricos esenciales.
Controversia por la demolición y los permisos
El anuncio de la demolición generó una inmediata reacción de organizaciones patrimoniales. El Fideicomiso Nacional para la Preservación Histórica emitió un comunicado pidiendo la suspensión inmediata de las obras “hasta que los planes sean revisados por los procesos legales de evaluación pública requeridos”.
Mientras tanto, la Casa Blanca sostiene que el proyecto cumple con todas las normativas de construcción federales y que “no compromete en ningún modo la integridad estructural o el valor histórico del edificio”. No obstante, expertos en patrimonio han advertido que cualquier modificación significativa podría alterar el equilibrio arquitectónico del conjunto presidencial, que data de principios del siglo XX.
Una iniciativa con simbolismo político
El nuevo salón de baile, previsto para inaugurarse en 2027, se proyecta como un espacio multifuncional con capacidad para más de tres mil invitados. Además de servir para recepciones oficiales, el recinto albergará eventos de beneficencia y galas destinadas a promover inversiones en el país.
Para la Administración Trump, el proyecto simboliza “la confianza del sector privado en el liderazgo presidencial y en el futuro de Estados Unidos”, según un comunicado distribuido por la Oficina de Prensa de la Casa Blanca.
Aunque su construcción ha generado debate sobre prioridades presupuestarias y la influencia de los grandes donantes en la política, el presidente reiteró que la remodelación será “una joya para la historia del país y un legado para las futuras generaciones”.









