Nueva York prohibirá precios basados en tus datos personales

Nueva York busca prohibir precios basados en datos personales para frenar la discriminación algorítmica y asegurar costos justos.
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El estado de Nueva York se ha posicionado a la vanguardia de la protección al consumidor en la era digital. Una nueva y ambiciosa legislación busca prohibir que las empresas utilicen datos personales para fijar precios individualizados. Esta práctica, conocida como “precios basados en vigilancia comercial”, ajusta el costo de un producto según el perfil de cada usuario. La fiscal general Letitia James y la senadora Rachel May lideran esta iniciativa para frenar lo que consideran una forma de discriminación económica moderna.

Actualmente, muchas plataformas digitales y comercios físicos utilizan algoritmos opacos para monitorizar el comportamiento de los residentes. Estos sistemas analizan desde el historial de compras y la ubicación geográfica hasta el nivel de batería de un dispositivo móvil. Con esta información, las empresas calculan el importe máximo que una persona estaría dispuesta a pagar en un momento de urgencia. El objetivo de la propuesta neoyorquina es restaurar la confianza en el mercado y asegurar condiciones justas para todos.

El paquete legislativo se divide en dos proyectos fundamentales. El primero es la “Ley de un precio justo” (One Fair Price Act), que ataca directamente los precios personalizados. El segundo es la “Ley de Protección de Consumidores y Empleos contra los Precios Discriminatorios”. Este último proyecto, impulsado también por Michael Gianaris y Michaelle Solages, pone límites a las etiquetas electrónicas en supermercados y farmacias. Juntas, estas normas pretenden evitar que dos personas paguen distinto por el mismo artículo en el mismo lugar.

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¿Cómo funciona la vigilancia comercial para manipular los precios?

El uso de algoritmos avanzados permite a las empresas realizar un seguimiento sistemático de cada movimiento digital del consumidor. Esta “vigilancia comercial” recolecta datos sobre patrones de navegación y frecuencia de compras con una precisión milimétrica. Al conocer el nivel de batería, por ejemplo, un algoritmo puede inferir que el usuario tiene urgencia por comprar antes de que su equipo se apague. Así, el sistema incrementa el precio de forma automática para maximizar el beneficio empresarial sin que el cliente lo note.

Esta personalización algorítmica no solo afecta el bolsillo, sino que perpetúa desigualdades sociales preexistentes. Los datos recolectados pueden penalizar a ciertos perfiles debido a su ubicación o historial digital previo. Según la Oficina del Fiscal General, 7 de cada 10 neoyorquinos temen que estas tecnologías encarezcan los alimentos básicos. La desconfianza es alta: el 66% de los residentes duda que las empresas utilicen sus datos personales de manera responsable y transparente.

La propuesta legislativa busca que el precio dependa exclusivamente del producto y no de la identidad de quien lo compra. El congresista John Mannion ha subrayado que este es el núcleo central para garantizar un mercado equitativo. Sin esta ley, los consumidores podrían seguir pagando más basándose en criterios que desconocen por completo. La transparencia se vuelve, entonces, la herramienta principal para combatir la opacidad de los sistemas automatizados que dominan el comercio actual.

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¿Qué derechos protege esta reforma para los residentes del estado?

La reforma establece el derecho fundamental a un precio justo y totalmente transparente para todos los compradores. Las empresas tendrán prohibido aplicar algoritmos que discriminen según el perfil digital o la necesidad inmediata del cliente. Cualquier variación en los costos deberá basarse en reglas públicas, claras y accesibles para toda la ciudadanía. Esto elimina la posibilidad de ajustes ocultos que suelen perjudicar a los sectores más vulnerables de la población neoyorquina.

Además, se refuerza la protección de la privacidad al prohibir el uso de información sensible para determinar importes. Datos como la ubicación en tiempo real o el historial de compras ya no podrán ser usados para encarecer productos. Los consumidores tendrán la facultad de exigir explicaciones sobre cómo se utilizan sus datos personales. Si un comercio infringe estas normas, la Oficina del Fiscal General o cualquier afectado podrá iniciar acciones civiles para buscar justicia.

La legislación también contempla el acceso igualitario a las promociones y programas de fidelidad. Los descuentos para veteranos o personas mayores seguirán permitidos, siempre que sus reglas sean públicas y no dependan de algoritmos secretos. En caso de infracción, los afectados podrían recibir compensaciones económicas proporcionales al daño recibido. La supervisión estatal será estricta, otorgando a la fiscalía el poder de inspeccionar los sistemas automatizados de las grandes corporaciones minoristas.

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¿De qué manera afecta esta tecnología a los trabajadores del sector?

El impacto de estas medidas no se limita únicamente a quienes compran, sino que llega hasta los trabajadores. La automatización y la instalación masiva de etiquetas electrónicas generan preocupación en los sindicatos de trabajadores de supermercados. Frank DeRiso, presidente del sindicato UFCW, ha calificado esta tendencia como una forma de explotación disfrazada de innovación tecnológica. Según los líderes sindicales, estas herramientas modifican y ponen en riesgo tareas tradicionalmente realizadas por empleados humanos.

El reemplazo de trabajadores por etiquetas digitales facilita cambios de precios constantes que un humano no podría gestionar físicamente. Esto crea un entorno de inestabilidad tanto para el empleado como para el consumidor final. La nueva ley busca proteger los empleos al exigir que la tecnología no se use para deshumanizar el comercio minorista. Al limitar las etiquetas electrónicas, se mantiene un nivel de control manual que favorece la permanencia de puestos de trabajo locales.

Las organizaciones de derechos civiles, como la NYCLU, advierten que la opacidad algorítmica profundiza las brechas de desigualdad existentes. Aunque la ley no menciona grupos específicos, su objetivo es proteger a todas las familias neoyorquinas por igual. La equidad económica depende de que el Estado tenga la capacidad de vigilar y regular estos sistemas tecnológicos. Nueva York marca así un precedente que podría ser replicado por otros estados en el resto del país.

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¿Qué dicen las agencias federales sobre la discriminación de precios?

A nivel nacional, la Comisión Federal de Comercio (FTC) ya ha lanzado advertencias sobre los peligros de esta práctica. La agencia federal señala que personalizar precios mediante datos personales es una forma de discriminación encubierta. Estos sistemas suelen perjudicar con mayor frecuencia a los grupos con menor acceso a información o recursos digitales. Aunque el debate federal continúa, Nueva York ha decidido tomar la iniciativa con hechos legislativos concretos y locales.

El apoyo a esta prohibición es masivo, alcanzando el 66% de la población del estado según encuestas oficiales. Los especialistas en privacidad digital consideran que este es el primer paso necesario para regular la economía de los algoritmos. La reforma sigue en debate en la legislatura estatal, contando con el respaldo de diversos sectores sociales y sindicales. De aprobarse, Nueva York se convertiría en un refugio contra la vigilancia comercial abusiva que impera en internet.

Garantizar un mercado justo implica que las empresas rindan cuentas sobre los criterios que aplican en sus plataformas. La posibilidad de recibir reparaciones económicas incentiva a los ciudadanos a vigilar el cumplimiento de la ley. Al final del día, el proyecto busca que la tecnología sirva para mejorar la experiencia de compra y no para extraer el máximo dinero posible de cada individuo. La transparencia será el nuevo estándar para el comercio en la Gran Manzana.

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