Trump tiene problemas para deportar a países desconocidos

Obstáculos diplomáticos y altos costos frenan el plan de Trump para deportar migrantes a terceros países en su primer año.
Stephen Miller ataca a protestantes en DC
EFE

En una mañana reciente de abril de 2026, una llamada de alto nivel puso de manifiesto las grietas en la estrategia migratoria actual. Stephen Miller, principal asesor en políticas de la Casa Blanca, cuestionó con severidad a diversas agencias federales sobre el ritmo de las expulsiones. Su preocupación central radicaba en la negativa de muchas naciones para recibir a deportados desde los Estados Unidos. Esta frustración refleja un desafío logístico y diplomático que ha marcado el primer año del segundo mandato del presidente Donald Trump.

A pesar de la retórica de deportaciones masivas, la realidad operativa muestra obstáculos significativos. Según datos internos del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), se han expulsado a más de 675 000 inmigrantes indocumentados en lo que va del periodo. Aunque la cifra es considerable, se mantiene por debajo del objetivo anual de 1 000 000 de deportaciones prometido por la administración. La maquinaria de expulsión se enfrenta a un muro de soberanía internacional y procesos legales complejos que limitan el alcance de las órdenes ejecutivas.

El corazón del conflicto actual es el intento de enviar a personas a terceros países que no son su nación de origen. Esta estrategia busca sortear la falta de cooperación de regímenes con los que Washington mantiene relaciones tensas. Sin embargo, la implementación de estos acuerdos ha resultado ser más costosa y lenta de lo previsto inicialmente. La administración ahora busca alternativas para acelerar un proceso que muchos consideran estancado en la burocracia diplomática y judicial.

Fotografía de archivo de un avión que se dispone a aterrizar en un aeropuerto de Estados Unidos. EFE/Allison Dinner

¿Qué países están aceptando realmente a los deportados de terceros países?

Hasta la fecha, México es el único país que ha aceptado un número sustancial de migrantes de otras nacionalidades. Este arreglo es, en gran medida, una extensión de políticas iniciadas durante la gestión anterior. Aproximadamente 13 000 personas no mexicanas fueron enviadas al país vecino durante el primer año del mandato de Trump. Según datos recopilados por Refugees International, la gran mayoría de las expulsiones a terceros países ocurren bajo este acuerdo informal.

Fuera de la frontera sur, los resultados son drásticamente menores. Países como El Salvador, Panamá, Costa Rica y Uzbekistán han recibido, como máximo, a unos pocos cientos de personas cada uno. La lista de naciones que han firmado memorandos de entendimiento incluye a más de 20 gobiernos. No obstante, en muchos casos, no se sabe públicamente si han aceptado a un solo migrante. El Departamento de Estado ha mantenido un perfil bajo sobre estas comunicaciones diplomáticas para evitar fricciones adicionales.

La disparidad entre los acuerdos firmados y las expulsiones ejecutadas es evidente en naciones más lejanas. Eswatini, Guatemala y Guinea Ecuatorial han aceptado apenas a un puñado o algunas decenas de individuos. Por su parte, países como Ruanda, Sudán del Sur y Kosovo han recibido a menos de 10 personas en total. Esta fragmentación de destinos complica la logística del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), elevando los costos operativos de cada vuelo de deportación de manera exponencial.

País Receptor Volumen de Deportados (Ene-Dic 2025) Tipo de Acuerdo
México 13 000 Informal / Extensión Biden
El Salvador ~300 Cooperación en Seguridad
Panamá ~200 Memorando de Entendimiento
Uzbekistán <100 Acuerdo de Repatriación
Otros (Ruanda, Kosovo) <10 Acuerdos Individuales

¿Cuáles son los obstáculos legales y financieros que frenan este plan?

El impulso por deportar a países desconocidos ha chocado frontalmente con el sistema judicial estadounidense. Organizaciones como la ACLU han impugnado activamente la legalidad de enviar a solicitantes de asilo a naciones donde no tienen vínculos. En marzo de 2025, el uso de la Ley de Enemigos Extranjeros del siglo XVIII para enviar venezolanos a El Salvador generó una ola de demandas. Aunque la Corte Suprema ha permitido la continuidad de ciertos vuelos, los casos individuales siguen saturando los tribunales de inmigración.

El costo financiero de estas operaciones es otro punto de fricción intensa en el Congreso. Un informe de los demócratas del Comité de Relaciones Exteriores del Senado reveló gastos superiores a los 30 000 000 de dólares en traslados a terceros países. En algunos casos extremos, la administración ha pagado más de 1 000 000 de dólares por deportar a una sola persona. Estas cifras contrastan con el “poco impacto medible” que el informe atribuye al programa dentro de la agenda migratoria global.

Además de los costos de transporte, los acuerdos suelen incluir incentivos económicos o favores políticos hacia los países receptores. Por ejemplo, el secretario de Estado, Marco Rubio, ha mencionado que buscan que terceros países reciban a extranjeros con antecedentes penales a cambio de beneficios diplomáticos. Según declaraciones recogidas por CNN, el objetivo es que estas personas se encuentren lo más lejos posible de la frontera estadounidense para disuadir futuros reingresos ilegales.

¿Cómo afecta esta incertidumbre a los migrantes con órdenes de expulsión?

Para los inmigrantes en centros de detención, la posibilidad de ser enviados a un país donde no hablan el idioma genera un terror profundo. El caso de Kilmar Ábrego García es emblemático; la administración ha intentado enviarlo repetidamente a África tras su detención original. El uso de bases militares en lugares como Djibouti para retener a migrantes antes de su destino final ha sido denunciado como inhumano. Los testimonios indican que las condiciones en estos contenedores de tránsito son precarias y carecen de supervisión legal adecuada.

La estrategia de la administración Trump no solo busca la remoción física, sino que utiliza el miedo como elemento disuasorio. La idea de que un cruce ilegal termine en un vuelo hacia Ruanda o Sudán del Sur pretende desincentivar las caravanas migratorias. Sin embargo, los expertos en políticas públicas del Migration Policy Institute señalan que el flujo migratorio responde a causas más profundas que las tácticas de expulsión.

A pesar de las críticas, la Casa Blanca mantiene su postura de que estas son herramientas necesarias. La portavoz Abigail Jackson afirmó que se están utilizando todos los recursos legales para llevar a cabo la mayor operación de deportación en la historia. Mientras tanto, el Departamento de Estado prioriza la firma de nuevos Acuerdos de Cooperación en Materia de Asilo (ACA). Estos tratados obligan a los migrantes a buscar protección en el primer país de tránsito, evitando que lleguen a territorio estadounidense para presentar su caso.

Tipo de Acuerdo Objetivo Principal Estatus de Implementación
Orden Final de Expulsión Remover criminales a terceros países Activo con baja frecuencia
Cooperación de Asilo (ACA) Desviar solicitantes a otras naciones En negociación con 10+ países
Ley de Enemigos Extranjeros Expulsión rápida por seguridad nacional Sujeta a litigio constante
Salida Voluntaria Incentivar retorno sin proceso formal Cientos de miles reportados

¿Qué futuro le espera a la “maquinaria de deportación” de Stephen Miller?

La frustración de Stephen Miller sugiere que la administración podría intensificar las presiones sobre el Departamento de Estado. Si los países no aceptan a los deportados voluntariamente, Washington podría considerar sanciones de visas o recortes en la ayuda internacional. Este enfoque de “mano dura” diplomática busca obligar a los gobiernos de África y Asia Central a cumplir con los acuerdos firmados. No obstante, tales medidas corren el riesgo de desestabilizar relaciones con aliados estratégicos en regiones volátiles.

Por otro lado, la oposición legislativa y las organizaciones civiles prometen una resistencia prolongada. La red de abogados voluntarios y grupos de derechos humanos vigila de cerca cada vuelo de ICE. La transparencia sobre el destino de los fondos públicos será clave en los próximos debates presupuestarios. Si el programa sigue costando millones por resultados mínimos, la administración podría verse obligada a recalibrar su estrategia hacia métodos más convencionales o negociaciones directas con los países de origen.

En conclusión, la deportación a países desconocidos es una pieza central, pero frágil, de la política migratoria actual. La combinación de altos costos, desafíos legales y soberanía extranjera ha creado un cuello de botella difícil de romper. Para los miles de latinos en los Estados Unidos, esta incertidumbre subraya la importancia de conocer sus derechos y buscar asesoría legal calificada ante cualquier encuentro con las autoridades federales en este clima de cambios constantes.

Preguntas Frecuentes (FAQs)

1. ¿Puede el gobierno enviarme legalmente a un país que no es el mío?

Sí, bajo ciertas circunstancias y acuerdos internacionales, el gobierno puede intentar deportar a una persona a un “tercer país seguro” o mediante acuerdos de cooperación. Sin embargo, cada caso puede ser impugnado legalmente, especialmente si el individuo corre peligro en ese nuevo destino.

2. ¿Qué es la Ley de Enemigos Extranjeros y cómo se usa hoy?

Es una ley de 1798 que otorga al presidente autoridad para detener o expulsar a ciudadanos de países enemigos en tiempos de conflicto. La administración actual la ha invocado para agilizar deportaciones alegando razones de seguridad nacional, aunque su aplicación en tiempos de paz es legalmente controvertida.

3. ¿Cuánto tiempo puede estar alguien retenido en una base militar antes de ser deportado?

La ley establece límites para la detención migratoria, pero el uso de bases fuera del territorio continental puede complicar el acceso a abogados. Recientes fallos de la Corte Suprema han permitido periodos de detención más largos mientras se procesan las órdenes de expulsión a países lejanos.

4. ¿Qué países han anunciado acuerdos recientemente?

La República Democrática del Congo es la nación más reciente en sumarse a la lista en abril de 2026. Se suma a una lista que incluye naciones de Asia Central y América Latina, aunque la ejecución efectiva de estos vuelos de deportación sigue siendo muy limitada.

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