Trump exige el derecho a elegir al nuevo líder en Irán

Trump califica de «inaceptable» al hijo de Jameneí y busca imponer un modelo de transición similar al de Venezuela para asegurar la paz en la región.
Trump quiere participar en el nombramiento del nuevo líder de Irán, como «en Venezuela»
Fotografía de archivo del presidente de Estados Unidos, Donald Trump. EFE/Francis Chung/Pool

La guerra en Medio Oriente ha tomado un giro diplomático tan agresivo como sus operaciones militares. El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ha declarado abiertamente su intención de intervenir de forma directa en la designación del próximo jefe de Estado de Irán. Esta postura surge tras el vacío de poder generado por la muerte del líder supremo, Alí Jameneí, quien falleció el pasado sábado durante los bombardeos conjuntos de las fuerzas estadounidenses e israelíes.

En una entrevista exclusiva con el medio digital Axios, Trump calificó como «inaceptable» el posible ascenso de Mojtaba Jameneí, hijo del fallecido clérigo. A pesar de reconocer que Mojtaba es el sucesor más probable por su influencia en la Guardia Revolucionaria. El mandatario estadounidense lo ve como una continuación de la línea dura de su padre. Trump advirtió que permitir su nombramiento obligaría a Washington a atacar Irán nuevamente en un plazo de cinco años.

El presidente estadounidense busca un perfil que traiga «armonía y paz» a la región, rompiendo con la estructura teocrática actual. Para Trump, la continuidad de la dinastía Jameneí es un obstáculo para los objetivos de seguridad nacional de su administración. Esta exigencia de tutela sobre la política interna iraní marca un precedente desafiante para la soberanía del país persa en medio de un conflicto que apenas cumple doce días.

¿Qué modelo de transición propone Trump para el futuro de Irán?

Para justificar su intervención, Trump ha recurrido al ejemplo reciente de Venezuela. Tras la operación militar de enero que resultó en la captura de Nicolás Maduro, el mandatario apostó por Delcy Rodríguez para liderar la transición en el país caribeño. Trump ha elogiado repetidamente la cooperación de Rodríguez con Washington, presentándola como el estándar de lo que espera lograr ahora en Teherán para estabilizar el hemisferio.

«Están perdiendo el tiempo. El hijo de Jameneí es insignificante. Tengo que participar en el nombramiento, como con Delcy en Venezuela», aseguró Trump con su característico estilo directo. El presidente sostiene que la designación de un líder interino afín a los intereses de la coalición es la única vía para desmantelar el programa nuclear y las capacidades militares de Irán de forma permanente.

Sin embargo, el sistema político iraní presenta una estructura mucho más rígida que la venezolana. Según la Constitución de la República Islámica, el líder supremo debe ser elegido por la Asamblea de Expertos. Este cuerpo, integrado por 88 clérigos elegidos en las urnas, tiene la responsabilidad legal de nombrar al sucesor por mayoría simple. Trump parece dispuesto a ignorar este proceso constitucional en favor de una figura que garantice un cambio de régimen total.

¿Quién es Mojtaba Jameneí y por qué Trump lo rechaza?

Mojtaba Jameneí, de 56 años, ha sido durante mucho tiempo el «poder tras las togas» en Teherán. Aunque nunca ha ocupado un puesto gubernamental electo, se le atribuye un control férreo sobre la Guardia Revolucionaria y la fuerza paramilitar Basij. Durante el primer mandato de Trump, en 2019, Estados Unidos sancionó a Mojtaba. Fue por promover las ambiciones regionales de su padre, que eran desestabilizadoras.También fue por participar en la represión interna.

Nacido en 1969, Mojtaba creció en el seno de la disidencia contra el Shah y combatió en la guerra entre Irán e Irak. Esta experiencia militar le otorgó alianzas inigualables dentro de los servicios de inteligencia y las fundaciones económicas del Estado (bonyads). Su perfil se ha elevado tras la muerte de su padre y de su esposa, Zahra Haddad Adel, siendo vistos ahora por los sectores de línea dura como mártires de la guerra contra el «Gran Satán».

Trump argumenta que Mojtaba carece de las calificaciones teológicas necesarias y que su ascenso convertiría a la teocracia en una monarquía hereditaria disfrazada. El temor de Washington es que, bajo su mando, Irán acelere el uso de sus reservas de uranio enriquecido para construir armas nucleares. Actualmente, se cree que el joven Jameneí está oculto mientras continúan los ataques aéreos, aunque su influencia entre los clérigos ancianos de la Asamblea de Expertos parece estar en aumento.

Trump quiere participar en el nombramiento del nuevo líder de Irán, como «en Venezuela»  Alí ​​Jameneí  Mojtaba Jameneí,
Fotografía de Mojtaba Jameneí, hijo del fallecido líder supremo de Irán, Alí ​​Jameneí. EFE/Oficina del líder supremo de Irán

¿Qué está en juego con la elección del nuevo líder supremo?

La figura del líder supremo es el corazón de la teocracia chiita y tiene la última palabra en todos los asuntos de Estado. No solo es el guía espiritual, sino también el comandante en jefe de todas las fuerzas armadas. El nuevo líder heredará un país en guerra, un arsenal de misiles balísticos y el control del «Eje de la Resistencia», la red de grupos aliados en Oriente Medio diseñada para contrarrestar a Israel y Estados Unidos.

La presión de Trump ocurre en un momento de vulnerabilidad extrema para el régimen. Estados Unidos e Israel buscan no solo eliminar la amenaza nuclear, sino incentivar un levantamiento popular que derroque a la teocracia. Mientras tanto, aliados históricos como Rusia parecen estarse distanciando, analizando cómo proteger sus intereses comerciales ante el posible cierre del estrecho de Ormuz, afirmando que esta «no es su guerra».

Esta es apenas la segunda transferencia de poder desde la Revolución de 1979. La primera ocurrió tras la muerte del ayatolá Ruhollah Jomeini en 1989. En aquel entonces, la transición fue interna y cerrada al mundo exterior. Hoy, con la presencia militar activa de la coalición en territorio iraní, la participación de Donald Trump en la mesa de negociaciones podría redefinir no solo el futuro de Irán, sino el equilibrio de poder global para las próximas décadas.

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