La pregunta volvió a explotar en el debate público: ¿Donald Trump se hizo pasar otra vez por “John Barron” en televisión? La duda surgió tras una llamada en directo a la cadena C‑Span, en la que un hombre, identificado como republicano de Virginia, comentó indignado la reciente sentencia del Tribunal Supremo sobre los aranceles. Más allá de su mensaje, lo que encendió las alarmas fue el timbre de voz y, sobre todo, el nombre elegido.
El supuesto John Barron criticó con dureza el fallo que invalidó la mayoría de los gravámenes impuestos por el Gobierno bajo poderes de emergencia. Su intervención duró apenas unos minutos, pero bastó para activar un déjà‑vu histórico. Ese alias fue, durante años, el seudónimo favorito del propio Trump para llamar a periodistas y programas de radio en los años ochenta y noventa.
¿Qué dijo “John Barron” en la llamada a C‑Span?
La llamada se produjo minutos después de que el Supremo declarara ilegales la mayoría de los aranceles de último año. El hombre que se presentó como John Barron tomó la palabra para atacar la decisión y a varios líderes demócratas. “Esta es la peor decisión que han tomado en su vida. Esta es una decisión terrible”, afirmó con tono airado.
Luego arremetió contra Hakeem Jeffries, a quien llamó “idiota”, y contra Chuck Schumer, de quien dijo que “no sabe cocinar una hamburguesa con queso”. Añadió que “por supuesto, esta gente está feliz, pero los verdaderos estadounidenses no lo estarán”. También comentó a una televidente previa, a la que describió con desprecio: “supongo que es una mujer, es demócrata”, y aseguró que ella misma se había declarado “deshonrada” y “devastada”.
En apariencia, era solo una llamada más en un programa político de participación ciudadana. Sin embargo, dos detalles la hicieron distinta. Primero, la voz, que muchos usuarios de redes sociales consideraron muy similar a la del presidente. Segundo, el nombre: “John Barron”, el mismo seudónimo que Trump utilizó repetidamente en el pasado para hablar de sí mismo, promocionarse y atacar a rivales.
¿Qué se sabe del alias “John Barron” en la historia de Trump?
El alias John Barron forma parte del folclore político y empresarial que rodea a Trump desde hace décadas. En los años ochenta, cuando levantaba la Trump Tower en Nueva York, comenzó a llamar a periodistas y medios presentándose como vicepresidente o portavoz de la Trump Organization. Su objetivo era influir en la cobertura mediática, justificar decisiones polémicas o inflar su propia imagen.

Uno de los episodios más comentados fue el de la demolición del edificio de los almacenes Bonwit Teller, donde había valiosos relieves artísticos en la fachada. Trump había prometido que se salvarían, pero finalmente fueron destruidos. Mientras el periódico intentaba hablar con él, recibió en cambio la llamada de un supuesto ejecutivo llamado John Baron, que alegó razones de coste, retrasos en la obra y riesgos de seguridad para justificar la demolición.
El problema era que no existía ningún John Baron en la estructura formal de la empresa. Quien llamaba era el propio Trump, utilizando un seudónimo para, según reconstrucciones posteriores, engañar a periodistas y controlar el relato público. Con ese mismo nombre, durante años, sembró historias sobre supuestos romances, negocios en marcha y decisiones empresariales, muchas veces citándose a sí mismo en tercera persona.
¿Cómo usó Trump sus alias para manipular historias?
El uso de identidades falsas no se limitó a un par de anécdotas aisladas. Durante mucho tiempo, Trump adoptó el personaje de John Baron para autopromocionarse. Llamaba a columnistas de chismes y reporteros de sociedad haciéndose pasar por publicista o portavoz. Narraba, por ejemplo, que determinadas celebridades femeninas estaban “impresionadas” con él o que negociaba grandes acuerdos, y pedía que sus frases se atribuyeran a ese falso representante.

En algunos casos, la táctica era aún más elaborada. Primero filtraba un dato siendo “John Barron” y luego lo “confirmaba” como Donald Trump, dándole una apariencia de corroboración externa. Esta técnica le sirvió para dar mayor credibilidad a historias que, de otro modo, habrían levantado más sospechas. Durante años engañó a periodistas que no reconocieron de inmediato sus patrones de habla y su estilo característico.
Cuando el seudónimo Baron quedó demasiado expuesto, Trump simplemente cambió de máscara. Empezó a presentarse como “John Miller”, un supuesto experto en relaciones públicas contratado por él mismo. En esa nueva versión, Miller hablaba extensamente sobre la vida sentimental de Trump, su estado emocional y sus ganas de volver a casarse. Mencionaba nombres como Madonna, Kim Basinger o Carla Bruni, siempre con detalles llamativamente íntimos para un “empleado” recién incorporado.
¿Qué pasó cuando esos engaños salieron a la luz?
Con el tiempo, los medios comenzaron a atar cabos. Demandas judiciales, investigaciones periodísticas y documentales fueron desenmascarando estas identidades falsas. En uno de los pleitos, grabaciones internas y testimonios dejaron claro que John Baron era un invento del propio magnate. La revelación debilitó la credibilidad del alias y lo hizo prácticamente inutilizable en Nueva York.
Sin embargo, el episodio no terminó allí. En plena campaña presidencial de 2016, resurgió el caso de John Miller. El Washington Post obtuvo una cinta de 1991 en la que un publicista, con voz muy parecida a la de Trump, hablaba con una periodista sobre la vida privada del empresario. Cuando se le preguntó al ya candidato por esa grabación, respondió que todo parecía “una estafa” y que “no sonaba para nada” como él. Aseguró que muchas personas intentaban imitar su voz y negó cualquier relación con esa llamada.
A pesar de la negación, la polémica reforzó la imagen de un Trump dispuesto a jugar con la identidad para moldear su narrativa pública. La idea de que pudiera haber retomado el nombre de John Barron para llamar a C‑Span encaja, para muchos, con ese historial. Pero, al no haber confirmación oficial ni pruebas técnicas concluyentes, la respuesta sigue siendo ambigua.
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