Israel está negociando con Sudán del Sur la posible reubicación de palestinos desde Gaza, una propuesta que ha desatado críticas globales por sus implicaciones humanitarias y legales. Las discusiones, confirmadas por seis fuentes a The Associated Press, forman parte de un esfuerzo más amplio del gobierno israelí para promover la emigración masiva de Gaza, devastada tras 22 meses de ofensiva militar contra Hamás. El plan, respaldado por el primer ministro Benjamin Netanyahu y vinculado a ideas del presidente Donald Trump, ha sido calificado como una “expulsión forzosa” que violaría el derecho internacional.
Un plan de “migración voluntaria” bajo escrutinio
Netanyahu ha defendido lo que llama “migración voluntaria”, argumentando que permitiría a los civiles de Gaza escapar del conflicto antes de intensificar operaciones contra Hamás. En una entrevista con i24, afirmó: “Lo correcto, según las leyes de la guerra, es dejar que la población se vaya y luego atacar al enemigo”. Sin embargo, no mencionó específicamente a Sudán del Sur. Las conversaciones con el país africano, que enfrenta su propia crisis humanitaria, incluyen planes para establecer campamentos financiados por Israel, según Joe Szlavik, un lobista estadounidense que trabaja con Sudán del Sur. No se ha confirmado una fecha para una visita israelí al país.
Por lo tanto, el plan ha generado rechazo. Edmund Yakani, líder de una organización civil sursudanesa, advirtió que su país “no debería ser un vertedero de personas”. Egipto, que comparte frontera con Gaza, se opone firmemente, temiendo un flujo de refugiados. Dos funcionarios egipcios revelaron que llevan meses intentando disuadir a Sudán del Sur de aceptar la propuesta, según The Associated Press. Organizaciones de derechos humanos, como Amnistía Internacional, han denunciado que el traslado constituiría una “limpieza étnica” y una violación de la Convención de Ginebra.
Sudán del Sur: Un destino incierto
Sudán del Sur, que enfrenta inestabilidad desde su independencia en 2011, no parece un destino viable. La guerra civil que mató a casi 400,000 personas dejó al país al borde de la hambruna, con 7.7 millones de sus 11 millones de habitantes en inseguridad alimentaria, según la ONU. La corrupción y la dependencia de la ayuda internacional, recortada por la administración Trump, agravan la crisis. Además, la histórica tensión entre el sur, mayoritariamente cristiano y animista, y el norte árabe y musulmán podría generar hostilidad hacia los palestinos, según Peter Martell, autor de First Raise a Flag.
En consecuencia, la propuesta enfrenta obstáculos. Yakani señaló que los sursudaneses necesitarían claridad sobre quiénes llegarían y cuánto tiempo permanecerían. Sudán del Sur, bajo sanciones de EE.UU., busca beneficios diplomáticos, como la eliminación de restricciones de viaje, y ya ha aceptado a ocho deportados estadounidenses, según Szlavik. Sin embargo, el gobierno sursudanés negó oficialmente las conversaciones, calificándolas de “infundadas” en un comunicado.
Reacciones internacionales y temores palestinos
Palestinos y grupos de derechos humanos han rechazado el plan, temiendo que sea un paso hacia la anexión de Gaza por parte de Israel. Ministros ultraderechistas israelíes han abogado por restablecer asentamientos judíos en el territorio, según Haaretz. Los 2.3 millones de habitantes de Gaza, desplazados y enfrentando una crisis de hambre, podrían considerar una salida temporal, pero rechazan un reasentamiento permanente, según Al Jazeera. La ONU ha advertido que las condiciones en Gaza, con 61,600 muertos y un bloqueo de ayuda, agravan la situación humanitaria.
Pese a todo, Israel ha explorado propuestas similares con Sudán, Somalia y Somalilandia, aunque su estado es incierto. La Gaza Humanitarian Foundation, respaldada por EE.UU., propuso campamentos “voluntarios” con un costo de $2 mil millones, según Reuters, pero la ONU los calificó de “inseguros”. Mientras tanto, la visita de la viceministra israelí Sharren Haskel a Sudán del Sur, la primera de un alto funcionario, no abordará el tema, según su oficina. La comunidad internacional sigue vigilante ante un plan que podría transformar el conflicto palestino-israelí y las dinámicas regionales.
