ICE ha ampliado su arsenal tecnológico para rastrear a inmigrantes y personas bajo investigación en Estados Unidos, dentro y fuera de los operativos. La agencia combina ahora bases de datos comerciales, herramientas biométricas y sistemas de vigilancia masiva para ubicar a sospechosos en cuestión de minutos. Este uso intensivo de tecnología genera preocupación entre organizaciones civiles por el impacto en la privacidad y la libertad de protesta.
¿Qué tecnología biométrica usa para identificarte?
En los últimos años, ICE incorporó sistemas de reconocimiento facial que permiten identificar a una persona con solo apuntar una cámara a su rostro. Aplicaciones como Mobile Fortify comparan fotos tomadas en la calle con bases de datos federales que incluyen información migratoria. Además, la agencia firmó contratos con Clearview AI, empresa que recopila millones de imágenes de internet para alimentar sus algoritmos.
ICE también utiliza tecnología de escaneo de iris, adquirida a la compañía BI2 Technologies, capaz de verificar la identidad a corta distancia en segundos. Estos sistemas se usan en operativos, cárceles y centros de detención, y permiten crear registros biométricos difíciles de borrar. Abogados de derechos digitales alertan que estos datos pueden cruzarse con otras bases comerciales y gubernamentales.
¿Cómo sigue ICE tus placas y tus movimientos?
Otra herramienta clave para ICE son los lectores automáticos de placas o ALPR, instalados en vehículos, postes y cámaras fijas. Estos dispositivos toman miles de fotos de autos por minuto y las envían a enormes bases de datos. A partir de esa información, los agentes pueden reconstruir los recorridos de un vehículo y ubicar patrones de movimiento.

ICE tiene contratos con Motorola Solutions y accede a bases administradas por subsidiarias de Thomson Reuters, que concentran miles de millones de registros de placas. Parte de esos datos proviene de cámaras de empresas privadas y policías locales. Incluso cuando algunos programas con compañías como Flock Safety fueron oficialmente “pausados”, ICE siguió obteniendo información mediante cuerpos policiales aliados.
¿Qué pasa con tu celular y tus dispositivos?
Además de las cámaras, ICE recurre a herramientas que explotan datos digitales desde celulares y otros dispositivos. Firmas como Penlink, Paragon y Cellebrite ofrecen plataformas capaces de extraer mensajes, historiales de llamadas y archivos borrados. Estas soluciones se usan en investigaciones de crimen organizado, pero también en casos migratorios complejos.

Con sistemas como Webloc y otras bases de localización, los agentes pueden mapear qué teléfonos estuvieron en una zona específica durante cierto período. Eso facilita identificar a personas que estuvieron cerca de redadas, campamentos o protestas. Organizaciones de derechos digitales investigan hasta qué punto esa vigilancia alcanza también a ciudadanos que critican al gobierno.
Los drones y vigilancia desde el aire
La vigilancia no se limita al suelo ICE y otras agencias federales recurren a drones y aeronaves equipadas con cámaras de alta resolución. Estos equipos pueden seguir vehículos, registrar concentraciones de personas y grabar movimientos en áreas fronterizas o urbanas. En algunos casos, la información de los drones se combina luego con herramientas forenses digitales para reconstruir escenas y trayectorias.
Expertos en tecnología advierten que la combinación de drones, reconocimiento facial y bases de datos masivas puede crear una “vigilancia permanente”. Para inmigrantes y activistas, eso significa que su presencia en marchas o barrios vigilados podría quedar registrada sin aviso. Por eso, varias organizaciones presionan al Congreso para limitar estas prácticas y exigir más controles judiciales.
Las protestas contra estas herramientas
El despliegue tecnológico de ICE ocurre en un contexto de protestas masivas contra las redadas y la política migratoria federal. En enero de 2026, miles de personas participaron en un paro nacional y marchas en ciudades como Minneapolis y Nueva York. Las movilizaciones denunciaron detenciones violentas, deportaciones aceleradas y el uso de vigilancia para intimidar comunidades.

En lugares como Minnesota, negocios y escuelas se sumaron al llamado a no trabajar y no comprar durante la jornada de protesta. Manifestantes llevaron carteles con mensajes como “Fuera ICE” y exigieron frenar la campaña de redadas ordenada desde Washington. Aunque el gobierno defiende estas herramientas como necesarias para aplicar la ley, el debate sobre sus límites legales y éticos crece cada día.
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