Un reciente y escandaloso informe publicado por The New York Times reveló que César Chávez, el líder sindical campesino, abusó de mujeres y menores. Estas terribles y graves acusaciones fueron valientemente respaldadas por su antigua compañera de lucha, Dolores Huerta. A sus 96 años, Huerta confesó que ella misma sufrió abusos constantes por parte de su poderoso exjefe, resultando en dos dolorosos embarazos secretos.
Según detalló la investigación del diario, al menos dos mujeres identificadas como Murguía y Debra Rojas acusaron directamente a Chávez. Estas dos valientes mujeres aseguraron haber sido víctimas de agresión sexual cuando apenas eran menores de edad. Ambas son hijas directas de varios organizadores sindicales que trabajaron estrechamente con Chávez durante la compleja década de los sesenta en California.
El líder sindical, fallecido en Arizona a los 66 años, había sido recordado históricamente como un defensor de los derechos laborales. Durante décadas, su imagen intachable se utilizó para liderar orgullosamente el importante Sindicato de Campesinos (UFW). Sin embargo, este nuevo hallazgo revela un aterrador lado oscuro detrás del famoso precursor de la lucha agrícola.
¿Cómo operaba para abusar de las jóvenes?
En una entrevista, Murguía aseguró que Chávez la llamaba continuamente a su oficina privada. Según la víctima, mantuvieron constantes y obligados encuentros sexuales cuando ella apenas tenía 13 cortos años. Estos abusos habrían comenzado cuando el líder rondaba sus 40 años y era una figura de poder político en ascenso.
El trauma de Murguía fue tan severo y profundo que, para cuando cumplió los 15 años, intentó quitarse la vida en múltiples ocasiones. Por su parte, Rojas relató valientemente que ella tenía 12 años cuando sufrió el primer abuso físico. Detalló que el sindicalista la tocó de manera inapropiada, manoseándola dentro de la misma oficina que utilizaba con Murguía.
La extensa investigación de The New York Times subraya que encontró suficientes documentos oficiales respaldando los relatos. Las mujeres, entonces menores de edad, efectivamente conocían a Chávez y pasaban mucho tiempo a solas con él. Las acciones de Chávez formarían parte de un patrón mucho más amplio de conducta sexual inaceptable que nunca se había investigado.
¿Por qué guardó este secreto por 60 años?
Dolores Huerta detalló su inmenso sufrimiento personal en un reciente y extenso comunicado oficial. La primera vez fue manipulada y presionada psicológicamente porque veía a Chávez como un gran líder a quien admiraba. En la segunda ocasión, fue forzada contra su propia voluntad dentro de un ambiente donde se sentía completamente atrapada y sola.

La histórica y respetada activista confesó que ambos trágicos encuentros resultaron en dos embarazos no deseados. Ella decidió mantener estos hechos en total secreto para proteger la naciente causa sindical. Posteriormente, entregó a los recién nacidos a diferentes y amorosas familias adoptivas “para que pudieran darles una vida estable”.
Huerta justificó su silencio indicando que creía fervientemente que la verdad destruiría al joven movimiento campesino. Agregó que sus dolorosas experiencias de abuso la convencieron tristemente de que debía soportar este martirio “sola y en secreto”. La reciente investigación la impulsó fuertemente a hablar, reconociéndose finalmente como una sobreviviente de la manipulación masculina.
¿Qué impacto tiene en el legado de Chávez?
La investigación ha caído como un balde de agua fría sobre el movimiento campesino estadounidense. El propio sindicato UFW se vio obligado a cancelar repentinamente todos los eventos festivos programados para este mes. Estas celebraciones se realizaban tradicionalmente en California, un estado que declaró orgullosamente el 31 de marzo como el día de César Chávez.
El sindicalista fue fundamental durante la histórica y exitosa huelga de los humildes recolectores de uvas de Delano en 1965. Su trabajo logró unir pacíficamente a obreros mexicanos, filipinos y chinos bajo un mismo frente común laboral. Incluso, en el año 1994, el entonces presidente Bill Clinton le concedió póstumamente la Medalla Presidencial de la Libertad.
Sin embargo, las nuevas denuncias manchan para siempre el legado del activista. Huerta dijo sentirse profundamente enfurecida y dolida al conocer los terribles testimonios de Rojas y Murguía. “No hay palabras lo suficientemente fuertes para condenar las acciones deplorables que él cometió”, sentenció tajantemente la legendaria defensora de los inmigrantes.
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