La diplomacia, a veces, tiene más de química personal que de manuales de protocolo. Lo que se preveía como un encuentro gélido entre dos polos opuestos terminó siendo un inesperado ejercicio de distensión. Este martes, el presidente de Colombia, Gustavo Petro, y su homólogo estadounidense, Donald Trump, se reunieron en la Casa Blanca durante más de dos horas. El resultado fue un giro de 180 grados en una relación que, hasta hace apenas unas semanas, parecía condenada al choque frontal.
La cita se desarrolló en un ambiente inusual. Lejos de la pompa de las visitas de Estado, Petro ingresó por la puerta oeste, reservada para reuniones de trabajo. No hubo guardia de honor ni alfombra roja en el Pórtico Norte, pero sí una sintonía que ambos mandatarios se encargaron de resaltar. Desde el Despacho Oval, Trump fue categórico: “Nos llevamos muy bien”. Por su parte, el mandatario colombiano salió de la reunión con una sonrisa y una calificación optimista para el encuentro: un “9 sobre 10”.
La satisfacción mutua quedó sellada con un gesto poco común en la diplomacia trumpista. El presidente estadounidense le entregó a Petro una nota firmada de su puño y letra sobre una fotografía de ambos estrechándose la mano. “Gustavo- A great honor- I love Colombia”, rezaba el mensaje. Para Petro, la clave de este éxito fue la frontalidad. Al ser preguntado por su impresión sobre el magnate, el colombiano fue directo al grano: “Me gustan los gringos francos”.
¿Cómo logró una reunión informal romper meses de hielo diplomático?
El deshielo no fue gratuito. Tras un año de acusaciones cruzadas por la política en Venezuela, la guerra en Gaza y el narcotráfico, ambos líderes entendieron que “no hay necesidad de boxear”. Petro describió el encuentro como un espacio sin humillaciones, donde se priorizaron soluciones a problemas concretos por encima de las diferencias ideológicas. “Nace un camino”, afirmó el colombiano, destacando que incluso regímenes y poderes diferentes pueden encontrar puntos de coincidencia si el diálogo es sincero.
Durante la reunión, Petro utilizó mapas, vídeos e informes de inteligencia para demostrar su compromiso en la lucha contra el crimen organizado. El objetivo era rebatir las críticas recurrentes de Washington sobre la supuesta laxitud de su gobierno. El mandatario colombiano se ufanó de liderar el gobierno que más toneladas de cocaína ha incautado “en la historia de la humanidad”. Este despliegue de datos parece haber convencido a Trump, quien calificó la reunión de “fantástica” y “muy productiva”.
La sintonía personal también se alimentó de coincidencias en temas de energías limpias y seguridad regional. Petro invitó formalmente a Trump a visitar Colombia, una propuesta que refuerza la intención de consolidar esta nueva fase de la relación. A pesar de que ninguno de los dos ha cambiado sus convicciones fundamentales, han acordado colaborar en áreas de interés común, dejando atrás la era de los insultos por redes sociales y los “chismes” que, según Petro, habían desinformado al líder republicano.
¿Qué acuerdos concretos sobre narcotráfico se alcanzaron en el Despacho Oval?
El narcotráfico fue, previsiblemente, el plato fuerte de la conversación. Petro planteó un cambio de narrativa que parece haber calado en el equipo de Trump, que incluyó al vicepresidente J. D. Vance y al secretario de Estado, Marco Rubio. El colombiano entregó una lista de capos de “primera línea” que, según sus informes, no viven en las selvas de Colombia, sino en Dubái, Madrid y Miami. “Si quiere luchar contra el narcotráfico, hay que ir a por los capos”, le espetó Petro a Trump.
A cambio de esta colaboración en inteligencia, Colombia ha aceptado retomar medidas que son sensibles para la base política de Petro. El gobierno colombiano ha cedido en la reanudación de bombardeos, extradiciones y, de manera más polémica, la fumigación con glifosato. Este giro pragmático busca estabilizar la oferta y reducir la presión de Washington. Petro defendió que el campesino debe ser parte de la solución, pero aceptó que la eficacia colombiana está obligando a la mafia a desplazarse hacia el sur del continente.
Trump, por su parte, se mostró dispuesto a colaborar militarmente para combatir organizaciones terroristas y grupos guerrilleros, especialmente en la zona fronteriza con Venezuela. Esta cooperación militar es una de las prioridades de la administración Trump para garantizar la seguridad nacional y frenar la inmigración irregular. La alianza parece ahora sellada bajo un entendimiento de “mano dura” contra la oferta, mientras se exploran alternativas económicas para los pequeños cultivadores.
¿Cuál será el papel de Colombia en la nueva realidad de Venezuela?
La situación de Venezuela sobrevoló la reunión de manera inevitable, especialmente tras la captura de Nicolás Maduro. Trump consultó a Petro su opinión sobre el operativo y sobre figuras clave del chavismo como Delcy Rodríguez. Aunque la conversación fue calificada como “superficial” por el colombiano, Petro propuso a la petrolera estatal Ecopetrol como el eje motor para la reactivación económica del país vecino. Para Petro, Venezuela merece que sus “fuerzas racionales” se encuentren para evitar un caos mayor.
Además de Venezuela, la crisis diplomática entre Colombia y Ecuador también estuvo sobre la mesa. Petro solicitó a Trump su mediación con el presidente Daniel Noboa. El mandatario colombiano sostiene que existen “fuerzas mafiosas” interesadas en que los países de la región rompan relaciones para operar con mayor libertad. Trump escuchó la petición de mediación, consolidando a Petro como un interlocutor válido para los conflictos andinos, a pesar de sus diferencias de estilo.
Esta nueva función de Petro como mediador regional, con el aval de la Casa Blanca, le otorga un aire de legitimidad internacional que sus opositores no esperaban. Al involucrar a EE. UU. en el conflicto con Ecuador, Petro busca cerrar flancos internos y externos, utilizando la influencia de Trump para estabilizar su propia vecindad. La relación entre ambos parece haber pasado de la hostilidad a una suerte de “pacto entre contradictores” que beneficia las agendas de ambos.
¿Afectará la ‘Lista Clinton’ la nueva alianza entre Petro y Trump?
Uno de los temas más espinosos fue la inclusión de Petro y su familia en la Lista Clinton (OFAC) por supuestos vínculos con el narcotráfico. Al ser interrogado sobre si pidió su retiro de dicha lista, Petro se mostró despreocupado y hasta irónico. Aseguró que en su juventud “no necesitó de bancos ni chequeras” y atribuyó su inclusión a una represalia política por su postura sobre la franja de Gaza en 2024. “Si hubiera pruebas jurídicas, yo no estaría aquí”, afirmó entre risas.
Trump, por su parte, mencionó que se siguen trabajando en asuntos de sanciones, pero no dio indicios de una ruptura por este tema. La percepción en Washington es que la utilidad estratégica de Petro como aliado en la lucha antidrogas y en la transición venezolana pesa más que las etiquetas administrativas. Petro insistió en que ha sido víctima de oleadas de desinformación que “aterran” y que fueron las responsables de los choques previos con la administración estadounidense.
Finalmente, el encuentro en Washington marca un punto de inflexión histórico. Tras meses de incertidumbre y amenazas de sanciones económicas, Colombia y Estados Unidos han decidido que la libertad es el valor que los une, a pesar de tener “maneras de pensar diferentes”. Petro regresó a Bogotá convencido de que la franqueza de Trump es una base sólida para trabajar. La relación bilateral ha salido de la sala de urgencias para entrar en una fase de realismo político donde, por ahora, el boxeo ha sido sustituido por el apretón de manos.
