EN PORTADA: TRUMP, EL ESCÉPTICO VACUNADO

La acción de Trump genera memes y críticas: "Él se vacuna, pero recorta tu acceso", tuitea un analista. ¿Prioriza Trump su salud o la pública?
Donald Trump en la Casa Blanca
Foto: EFE

Recibe vacunas contra COVID y gripe en su segundo chequeo anual, pese a promover su desuso.

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TRUMP, EL ESCÉPTICO VACUNADO

En un giro que genera ironía y debate, el presidente Donald Trump, de 79 años, recibió un refuerzo contra el COVID-19 y la vacuna anual contra la gripe durante su visita al Centro Médico Walter Reed. El anuncio, revelado en un memorando de su médico, contrasta con la retórica de su administración que cuestiona la eficacia y seguridad de estas inmunizaciones, impulsada por su secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr. Mientras Trump se prepara para un viaje a Oriente Medio –incluyendo Israel y Egipto para firmar un acuerdo de paz en Gaza–, el episodio aviva críticas sobre la coherencia en políticas de salud pública y avizora riesgos para la confianza ciudadana en las vacunas.

El Dr. Sean Barbabella, médico presidencial, describió la visita como un “seguimiento programado” que incluyó exámenes preventivos y vacunas “en preparación para viajes internacionales”. Trump, el presidente más longevo al asumir en enero, fue declarado en “salud excepcional”, con una “edad cardíaca” 14 años menor a su cronológica, basada en un electrocardiograma. Sin embargo, expertos como el cardiólogo Jonathan Reiner de CNN cuestionan la transparencia: “El informe es sorprendente por su falta de franqueza. ¿Cuál es su fracción de eyección? ¿Presión arterial? ¿Colesterol? ¿Por qué los hematomas en sus manos, posiblemente por anticoagulantes?”

Contradicciones en la Casa Blanca: ¿Trump vacunado?

Esta inyección llega en medio de cambios drásticos en las guías federales. Los CDC, bajo influencia de Kennedy –un escéptico de vacunas desde hace décadas–, limitaron las recomendaciones de COVID a mayores de 65 o con comorbilidades, requiriendo consulta médica. La FDA restringió aprobaciones para niños sanos, y Kennedy canceló 500 millones de dólares en fondos para vacunas de ARNm, alegando “riesgos mayores que beneficios”. En septiembre, su panel asesor –remodelado con escépticos tras despedir a 17 expertos– alteró el calendario infantil: desaconsejó la vacuna cuádruple MMRV para menores de 4 años y aplazó decisiones sobre hepatitis B en recién nacidos, pese a evidencias de su eficacia (85-90% en prevención crónica).

Trump ha respaldado estas movidas, promoviendo teorías infundadas como el vínculo entre Tylenol, circuncisión y autismo –refutadas por estudios en JAMA y expertos como Helen Tager-Flusberg de la Universidad de Boston: “Nada de esto tiene sentido”– y exigiendo a farmacéuticas “pruebas” de efectividad de vacunas COVID. Kennedy, quien comparó mandatos vacunales con el “Tercer Reich”, despidió a la directora de CDC Susan Monarez por negarse a aprobar recomendaciones sin base científica. Estados como Florida eliminaron mandatos escolares para sarampión y hepatitis B, mientras California, Oregón y Washington forman alianzas para contrarrestar la “opacidad federal”. La exdirectora Monarez testificó en el Senado que Kennedy presionó por “aprobaciones preventivas”, alertando de un “riesgo real” sin revisión científica.

Salud bajo escrutinio: Hematomas, hinchazón y un historial opaco

La visita, la segunda en 2025 tras la de abril –etiquetada como “anual”–, despierta sospechas. Trump la llamó “semestral”, pero la Casa Blanca no explica la frecuencia. Preocupaciones crecen por su edad y síntomas visibles: hinchazón en tobillos diagnosticada como insuficiencia venosa crónica en julio –común en mayores de 70, sin trombosis ni arterial– y moretones en la mano derecha, atribuidos a apretones y aspirina, aunque Reiner sugiere anticoagulantes. Fotos de julio mostraron piernas hinchadas durante eventos, avivando especulaciones como las que Trump usó contra Biden.

El informe de Barbabella destaca “rendimiento cardiovascular, pulmonar y neurológico fuerte”, con resultados “estables”. Pero Reiner advierte: “Estable no es normal. Faltan datos clínicos reales; la edad cardíaca por IA no es una herramienta estándar”. Trump contrajo COVID en 2020, hospitalizado en Walter Reed, mientras promovía bulos como inyectar desinfectante. Ahora, vacunado él mismo, el contraste resalta.

Riesgos globales: De brotes a confianza erosionada

Expertos temen un retroceso en la salud pública. El ACIP de Kennedy, con miembros escépticos como David Geier –sancionado por medicina sin licencia–, contrató para “reinvestigar” mitos vacunas-autismo, refutados por la OMS. Casos de sarampión suben –casi récord en 2025– por desconfianza. Kennedy niega limitar acceso, pero canceló fondos para mRNA –tecnología clave contra futuras pandemias– y apoyó paneles que cuestionan seguridad.

El viaje de Trump –para sellar paz Israel-Hamás– exige precauciones, pero su vacunación personal choca con políticas que complican acceso para 300 millones de estadounidenses. Mientras Kennedy lanza “esfuerzos interagenciales” sobre autismo –atribuido por científicos a diagnósticos amplios, no vacunas–, el aumento de casos (1 en 31 niños) se explica por mayor conciencia, no conspiraciones.

¿Trump confía en las vacunas? El debate que divide a Washington

La acción de Trump genera memes y críticas: “Él se vacuna, pero recorta tu acceso”, tuitea un analista. Kennedy, pese a su escepticismo, recibió vacunas familiares, según reportes. Políticos como el senador Bill Cassidy (R-LA) cuestionan: “Hemos reducido hepatitis B de 20.000 a 20 casos anuales; ¿por qué arriesgar?”

En un país polarizado, este episodio subraya tensiones: ¿prioriza Trump su salud o la pública? Mientras viaja a un polvorín regional, la ironía persiste: el escéptico vacunado lidera un gobierno que siembra dudas sobre lo que él mismo usa.

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