Maduro desafía a Trump mientras EE.UU. despliega más buques cerca de Venezuela.
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El Caribe se ha convertido en el epicentro de una nueva escalada de tensiones entre Estados Unidos y Venezuela, con el despliegue de una formidable fuerza naval estadounidense en aguas cercanas a las costas venezolanas. Según fuentes del Pentágono, Washington ha reforzado su presencia militar en el sur del mar Caribe con buques de guerra, un submarino nuclear, aviones de vigilancia y miles de marines, en una operación que oficialmente busca combatir el narcotráfico, pero que ha avivado las sospechas de Caracas sobre intenciones más amplias. El presidente venezolano, Nicolás Maduro, ha respondido con un desafío directo, jurando que “a Venezuela no la toca nadie” mientras moviliza a millones de milicianos para defender la soberanía de su país.
Un despliegue militar sin precedentes
El operativo estadounidense incluye el crucero de misiles guiados USS Lake Erie y el submarino nuclear de ataque rápido USS Newport News, que se sumarán a un grupo ya desplegado de tres destructores de la clase Arleigh Burke: USS Gravely, USS Jason Dunham y USS Sampson. Además, un escuadrón anfibio compuesto por los buques USS Iwo Jima, USS San Antonio y USS Fort Lauderdale transporta aproximadamente 4,500 efectivos, incluidos 2,200 infantes de marina, según reportes de Defence Security Asia y Reuters.
El Pentágono también ha confirmado la participación de aviones P-8 Poseidon, diseñados para vigilancia marítima, guerra antisubmarina y recolección de inteligencia electrónica. Este despliegue, que se extenderá por varios meses en aguas y espacio aéreo internacionales, busca interrumpir las rutas clave del narcotráfico, particularmente las asociadas con el Cartel de los Soles, una presunta red de oficiales militares venezolanos vinculada al tráfico de cocaína.
El secretario de Defensa, Pete Hegseth, justificó la operación en una comunicación interna, argumentando que se enmarca en las atribuciones constitucionales de las Fuerzas Armadas para combatir actividades ilícitas como el narcotráfico. Según The New York Times, la administración Trump ha designado a varios cárteles latinoamericanos, incluido el venezolano Tren de Aragua, como organizaciones terroristas globales, lo que otorga al Pentágono mayor flexibilidad para emplear activos militares en la región.
La respuesta de Maduro: “No la toca nadie”
Nicolás Maduro no ha escatimado en retórica frente a este despliegue. En su programa semanal en Venezolana de Televisión (VTV), el mandatario aseguró que Venezuela “es territorio limpio y libre del narcotráfico” y acusó a Estados Unidos de ser “la sociedad con mayor consumo de drogas del mundo”. Maduro ordenó la movilización de 4.5 millones de milicianos, un cuerpo civil adscrito a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, creado por Hugo Chávez para reforzar la defensa del país. “No la toca nadie”, reiteró, afirmando que las fuerzas venezolanas están “desplegadas las 24 horas” con un sistema de defensa reorganizado y en máxima alerta.
Caracas también ha tomado medidas concretas, como la prohibición temporal de drones en su espacio aéreo, recordando un atentado con drones en 2018 que casi cuesta la vida a Maduro. El ministro de Relaciones Exteriores, Yván Gil, calificó las acusaciones de narcotráfico de Washington como “una propaganda ridícula” y afirmó que Venezuela avanza “en paz y soberanía”.
Un contexto de tensiones históricas
La escalada actual no es un hecho aislado, sino parte de una larga historia de fricciones entre Washington y Caracas. Durante su primer mandato, Donald Trump respaldó al líder opositor Juan Guaidó en 2019, imponiendo sanciones severas para debilitar al régimen de Maduro. Aunque estas medidas afectaron la economía venezolana, no lograron el cambio de régimen esperado. Con la llegada de Joe Biden, las tensiones se suavizaron, y se negociaron acuerdos como el intercambio de presos y el levantamiento parcial de sanciones a cambio de petróleo venezolano, decisiones que Trump criticó duramente.
La administración Trump ha intensificado su postura, duplicando a 50 millones de dólares la recompensa por información que lleve a la captura de Maduro, a quien acusa de liderar el Cartel de los Soles. Además, se han incautado 700 millones de dólares en activos presuntamente vinculados al presidente venezolano, según la fiscal general Pam Bondi. Estas acciones han sido interpretadas por Caracas como una estrategia para deslegitimar al gobierno tras las controvertidas elecciones de julio de 2025.
Reacciones regionales y riesgos de escalada
El despliegue estadounidense ha generado reacciones mixtas en América Latina. Guyana, en medio de una disputa territorial con Venezuela por el Esequibo, ha apoyado tácitamente la presencia de EE.UU., reforzando su llamado a proteger su soberanía. Trinidad y Tobago también ha respaldado la operación, mientras que México, bajo la presidenta Claudia Sheinbaum, ha rechazado cualquier intervención militar estadounidense, advirtiendo sobre los riesgos de desestabilización regional.
Analistas advierten que la magnitud de este despliegue, con capacidades para vigilancia, ataques de precisión e incluso operaciones anfibias, podría ir más allá del narcotráfico. Defence Security Asia señala que la presencia de un submarino nuclear y miles de marines sugiere intenciones geopolíticas más amplias, como presionar a Maduro para obtener concesiones o enviar un mensaje a aliados de Venezuela como Rusia, China e Irán. Sin embargo, una acción militar directa contra Caracas enfrentaría riesgos significativos, incluyendo una crisis de refugiados y una reacción en cadena en la región.
Un delicado equilibrio
Mientras Maduro moviliza a su milicia y Trump refuerza su narrativa de “mano dura” contra el narcotráfico, el Caribe se encuentra en un punto de inflexión. La operación estadounidense, aunque presentada como una misión antidrogas, reaviva los temores de una confrontación mayor en una región históricamente sensible para Washington. Por ahora, ambas partes mantienen posturas inflexibles, con Maduro apelando al nacionalismo y Trump proyectando poder militar. Lo que está claro es que esta escalada marca un nuevo capítulo en la tensa relación entre Estados Unidos y Venezuela, con implicaciones que podrían resonar en toda América Latina.

