banner app descarga-móvil Nueva News

EN PORTADA: CIERRE RÉCORD

Este cierre de gobierno récord es un choque de voluntades que expone las grietas en el Congreso y pone en jaque la agenda de Trump.
Donald Trump. EN PORTADA: CIERRE RÉCORD Trump acorrala a republicanos para reabrir el gobierno tras convertirse en el más largo de la historia.
Foto: EFE

Trump acorrala a republicanos para reabrir el gobierno tras convertirse en el más largo de la historia.

LEE LA EDICIÓN DIGITAL CON SOLO UN CLIC

CIERRE RÉCORD Trump acorrala a republicanos para reabrir el gobierno tras convertirse en el más largo de la historia

El reloj marcó las 36 horas de parálisis total, y con ello, Estados Unidos entró en territorio desconocido. El cierre del gobierno federal, iniciado el 1 de octubre, superó el récord anterior de 35 días que se registró durante el primer mandato de Donald Trump. Cientos de miles de empleados públicos siguen sin sueldo, programas vitales como la asistencia alimentaria SNAP enfrentan interrupciones, y el caos amenaza con extenderse hasta Acción de Gracias.

En medio de esta crisis, el presidente Trump reunió a senadores republicanos en un desayuno en la Casa Blanca para presionar por un fin inmediato. “Es hora de que los republicanos hagan lo que tienen que hacer”, declaró Trump, señalando directamente a la obstrucción demócrata como el obstáculo principal. Pero con elecciones estatales frescas en la memoria –donde los demócratas arrasaron en Nueva York y otros estados–, la presión política crece como nunca antes.

Esta no es solo una batalla por los presupuestos. Es un choque de voluntades que expone las grietas en el Congreso y pone en jaque la agenda de Trump en su segundo mandato. Los demócratas insisten en extender subsidios de salud y Medicaid, mientras los republicanos rechazan cualquier “regalo” fiscal sin concesiones. El resultado: un limbo que afecta a millones de familias y que, según encuestas recientes, está erosionando el apoyo al Partido Republicano. ¿Podrá Trump forzar un acuerdo antes de que el daño sea irreversible? La nación contiene el aliento.

Un récord amargo

Imagina despertar un día y descubrir que tu trabajo —ese que mantiene el techo sobre tu cabeza— ha desaparecido, no por despido, sino por un desacuerdo político a miles de kilómetros. Eso es la realidad para unos 800.000 empleados federales, más otros 1,2 millones trabajando sin paga. El cierre actual eclipsó el de 2018-2019, cuando Trump peleaba por fondos para su muro fronterizo. Aquel duró 35 días y costó 11.000 millones de dólares en pérdidas económicas, según estimaciones del Congreso. Este, iniciado por la falta de acuerdo en la ley de gastos para el año fiscal 2026, ya suma 36 y podría escalar si no hay luz verde pronto.

Todo comenzó el 1 de octubre a medianoche, cuando expiró la última resolución temporal de fondos. El detonante: desacuerdos sobre recortes propuestos por el Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE), impulsado por Elon Musk y Vivek Ramaswamy. Trump quiere codificar esos ahorros mediante “rescisiones” –cortes permanentes a programas–, pero los demócratas lo ven como un asalto a la red de seguridad social. “No firmaremos un cheque en blanco para desmantelar lo que protege a las familias trabajadoras”, dijo el líder demócrata en el Senado, Chuck Schumer, tras la fallida votación del 3 de noviembre. Aquella sesión, la decimocuarta en un mes, necesitaba 60 votos para avanzar, pero solo reunió 52. Un déjà vu doloroso que recuerda cómo, en 2018, el shutdown por el muro dejó a la Guardia Costera sin fondos navideños.

Historial de cierrre

La historia de cierres en EE.UU. es larga, con 21 brechas de fondos desde 1976 y 11 shutdowns reales. Bajo Clinton, uno de 21 días en 1995 paralizó parques nacionales. Obama enfrentó 16 días en 2013 por Obamacare. Biden evitó dos en 2023 y 2024 con acuerdos de último minuto. Pero Trump, en su primer término, acumuló tres: uno de tres días por “dreamers”, otro de horas por gasto excesivo y el récord de 35. Ahora, en su regreso, suma un cuarto. “Es como una maldición presupuestaria”, bromeó un analista del Brookings Institution. Lo cierto es que estos episodios no solo cuestan dinero –este podría superar los 18.000 millones–, sino confianza. La gente se pregunta: ¿gobierna Washington para ellos, o para el show?

Familias en la cuerda floja: El Golpe a SNAP

El rostro humano de este cierre no está en los pasillos del Capitolio, sino en las colas de supermercados vacíos. Unos 42 millones de estadounidenses dependen de SNAP, el programa de cupones alimentarios que provee unos 8.000-9.000 millones al mes. El 1 de noviembre, millones no recibieron su tarjeta EBT porque el Departamento de Agricultura (USDA) no liberó fondos. “Mi hija de 8 años me miró anoche y dijo ‘Mamá, ¿por qué no hay leche?'”, contó María López, una madre soltera de Baltimore, en una entrevista con Reuters. Historias como la suya se multiplican: retrasos de hasta dos semanas en pagos parciales, gracias a órdenes judiciales.

Dos jueces federales intervinieron. El 31 de octubre, John J. McConnell en Rhode Island ordenó usar 5.250 millones en fondos de contingencia para cubrir lo esencial. Indira Talwani, en Massachusetts, dio plazo hasta el 3 de noviembre para respuestas. La administración Trump accedió a pagos parciales, pero advierte que no alcanza para todo. “Nuestros abogados dudan de la autoridad legal”, tuiteó Trump, culpando a “demócratas radicales” por el enredo. Más de dos docenas de estados demandaron al USDA por bloquear fondos en octubre. El impacto: uno de cada ocho ciudadanos en riesgo de hambre, con picos en el sur y Midwest rural.

¿Qué más afecta el cierre?

Pero SNAP no es el único damnificado. En aviación, 13.000 controladores aéreos laboran gratis. El secretario de Transporte, Sean Duffy, lanzó una alerta: “Si dura una semana más, caos total: retrasos masivos, cancelaciones, quizás cierres de espacio aéreo”. Aeropuertos como Atlanta y Chicago ya reportan demoras del 20%. Y no olvidemos a los veteranos: pagos de pensiones retrasados afectan a 5 millones. O los parques nacionales, cerrados, que pierden 40 millones en turismo anual. “Esto no es política; es supervivencia”, dijo una controladora anónima a NPR. Mientras, Trump viaja a Florida y Asia, gastando en Air Force One lo que las familias ahorran en vano.

Trump aprieta: Sombra de las elecciones

El Salón Este de la Casa Blanca olió a café y tensión. Trump, flanqueado por asesores, desayunó con senadores republicanos clave. “Debemos reabrir el gobierno ahora”, abrió el presidente, según testigos. Culpa al cierre por las derrotas republicanas en elecciones locales: demócratas barrieron en Nueva Jersey y Virginia, y en Nueva York, Zohran Mamdani ganó la alcaldía con 52% de los votos. “Hemos aprendido mucho”, reflexionó Trump en un tuit post-elección, citando “pollsters” que ligan las pérdidas al shutdown y su ausencia en boletas. En privado, presionó por eliminar el filibuster: “Sin él, aprobamos todo con mayoría simple. ¡Como ningún Congreso en la historia!”.

Los senadores resisten. Markwayne Mullin, de Oklahoma, dijo a medios: “Tengo confianza; algunos demócratas ceden, pero subsidios de salud siguen trabados”. Eric Schmitt, de Missouri, ve la jugada electoral: “Post-elecciones, admitirán que fue política pura”. La Casa Blanca, vía portavoz Karoline Leavitt, insiste en respetar cortes judiciales para SNAP, pero acusa a Schumer de “armar hambre”. Trump rechazó un proyecto provisional hasta noviembre, demandando concesiones. Moderados de ambos lados charlan en pasillos, pero sin pacto a la vista. La Cámara y el Senado necesitan aprobar una ley de gastos para revivir agencias. Líderes urgen cierre antes del 27 de noviembre: subsidios sociales expiran, y el PIB podría contraerse 0,3%.

La tormenta en Nueva York

El triunfo de Mamdani en Nueva York añade sal a la herida republicana. El demócrata socialista, de 34 años y primer musulmán en la alcaldía, prometió “ser la pesadilla de Trump”. Su victoria –con récord de 2 millones de votos, el mayor desde 1969– impulsó turnout joven y progresista. Trump reaccionó furioso: “Nueva York perdió su soberanía con un comunista al mando”. Mamdani, nacido en Uganda e hijo de Mira Nair, llamó a resistir recortes federales: “No dejaremos que Washington asfixie a nuestras comunidades”.

Su esposa, Rama Duwaji, de 28 años, emerge como figura icónica: la primera dama Gen Z, artista sirio-estadounidense cuya obra ilustra temas árabes y justicia social en The New Yorker y BBC. Se conocieron en Hinge en 2021; casados en 2025, ella evitó reflectores pero inspiró su campaña. “Hayati, no hay nadie con quien compartir esto”, dijo Mamdani en su discurso victorioso. Duwaji, con maestría en ilustración de la School of Visual Arts, representa el cambio: joven, diversa, cultural. Su rol no oficial, pero simbólico, contrasta con el establishment. Trump, que amenazó fondos federales a ciudades “santuario” como Nueva York, ve en Mamdani un blanco perfecto para 2026. “Esto aviva la base MAGA”, analizó un estratega republicano.

¿Culpar a quién? 

Encuestas duelen: Reuters/Ipsos muestra 50% culpando a republicanos, 43% a demócratas. Liberales, jóvenes y minorías apuntan a Trump; conservadores rurales, a Schumer. “Es un empate tóxico”, dice Gallup. El shutdown erosiona: 60% de los independientes quiere fin ya. Trump, con aprobación en 42%, arriesga más si persiste. Biden evitó cierres; Trump los acumula.

El reloj corre. Si no hay acuerdo, SNAP colapsará completamente en diciembre, la aviación se frenará y la economía perderá 2.000 millones semanales. Moderados como el senador Joe Manchin (independiente) median: “Pongan gente sobre política”. Trump, en su tuit del mediodía: “¡Reabramos y gane América!”. Pero sin ceder en filibuster o recortes, el récord podría extenderse. Millones esperan no ser peones en este ajedrez. La Casa Blanca, el Capitolio y las calles claman: ¿hasta cuándo?

 

Compartir:

Más Noticias

Regístrate y recibe nuestro boletín semanal

Lee nuestra edición digital