Más de 50 años después del fin del programa Apolo, Estados Unidos está listo para regresar a las cercanías de la Luna. La misión Artemis II, cuyo lanzamiento está previsto por la NASA para principios de abril de 2026, enviará a 4 astronautas en un viaje de 10 días alrededor de la Luna, llevándolos más lejos en el espacio profundo de lo que cualquier ser humano haya viajado. Sin embargo, seguir la transmisión de este hito puede ser confuso por la cantidad de términos técnicos, abreviaturas y fases críticas que manejan los directores de vuelo.
¿Cómo funciona la cuenta regresiva?
El equipo de lanzamiento utiliza un lenguaje preciso y medido por relojes duales. Durante la transmisión, escucharás referencias a “L Minus” (L menos) y “T Minus” (T menos). El tiempo L Minus marca las horas y minutos reales que faltan para el despegue, mientras que el T Minus es un reloj operativo que se detiene durante las pausas planificadas (“holds”). Esas pausas permiten resolver problemas menores o ajustar el horario sin retrasar el despegue real.

Cuando la cuenta regresiva avanza sin problemas, el equipo usará la palabra “nominal”, que en lenguaje espacial significa que todo marcha según lo previsto. En las últimas horas, el cohete —conocido como Space Launch System (SLS)— pasará por fases de carga de combustible criogénico. Para ello se utilizan términos como LOX (oxígeno líquido) y LH2 (hidrógeno líquido), que se cargan en etapas de llenado lento, rápido y reposición terminal.
Unos minutos antes del despegue, el control pasará al secuenciador de lanzamiento en tierra. Este sistema informático inicia la “cuenta terminal”, una fase en gran parte automatizada que abarca los últimos 10 minutos críticos.
¿Qué pasará justo después del despegue?
Una vez que los motores se encienden, ocurre la separación umbilical, donde se desconectan cables y mangueras, permitiendo que el cohete SLS deje la plataforma. A los pocos minutos de vuelo, la transmisión mencionará a los SRB, que son los propulsores de combustible sólido ubicados a los costados del cohete, y que se desprenderán tras agotar su energía.

Aproximadamente 8 minutos después del lanzamiento, ocurrirá el MECO (Main Engine Cut Off, o apagado del motor principal). Este es un hito crucial, porque la etapa central del cohete se separa del segmento superior. Justo en ese momento, la tripulación experimentará la gravedad cero. Esto suele confirmarse visualmente en la transmisión cuando un pequeño peluche, elegido por los astronautas, empieza a flotar dentro de la cápsula Orion.
A partir de ahí, el trabajo de empuje queda a cargo del ICPS, la etapa de propulsión criogénica interina. Este segmento realizará varias igniciones para elevar la órbita de Orion antes de que se desconecte definitivamente de la nave.
¿Cómo será el viaje hacia la Luna y de regreso?
El paso más crítico del viaje ocurre en el segundo día, con la ignición de inyección translunar (TLI, por sus siglas en inglés). Esta maniobra es el último gran encendido de motores y proporciona a Orion el impulso definitivo para abandonar la órbita terrestre y dirigirse a la Luna en una trayectoria ovalada.

A partir del quinto día, Orion entrará en la esfera de influencia lunar, donde la gravedad de la Luna es más fuerte que la de la Tierra. La nave rodeará el lado oscuro de la Luna y utilizará la gravedad lunar para catapultarse de vuelta en una trayectoria de retorno libre en forma de ocho. En este trayecto de regreso, pequeñas igniciones corregirán el rumbo.
El final de la misión, en el décimo día, requerirá precisión absoluta. El módulo de servicio se separará para exponer el escudo térmico de Orion, diseñado para soportar temperaturas extremas al reingresar a la atmósfera terrestre. Finalmente, un sistema de paracaídas frenará la cápsula de más de 200 km/h a unos 27 km/h, logrando un amerizaje seguro frente a las costas de California.
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