¿Por qué Trump ve a Rodríguez como posible líder de Venezuela?

Trump confía en Delcy Rodríguez y la considera clave para estabilizar una Venezuela en transición tras la captura de Maduro.
Trump ve a Rodríguez como posible líder de Venezuela
EFE

Después del derrocamiento de Nicolás Maduro, el presidente Donald Trump ha puesto la atención en una figura inesperada dentro del chavismo: Delcy Rodríguez. La vicepresidenta, que asumió el control del Gobierno en Caracas tras la captura de Maduro, se ha convertido en el rostro de una posible transición aceptable para Estados Unidos.

Según fuentes cercanas a la Casa Blanca, el nombre de Rodríguez surgió semanas antes de la ofensiva militar en Caracas, cuando asesores de Trump identificaron a la funcionaria como una posible aliada pragmática capaz de garantizar la estabilidad y proteger las inversiones energéticas estadounidenses.

Funcionarios de alto nivel en Washington consideraron que Rodríguez, de 56 años, reúne “las condiciones necesarias para negociar en términos profesionales”, en contraste con la errática conducción política que atribuyen a Maduro.

De aliada de Maduro a interlocutora de Estados Unidos

A finales de diciembre, Maduro rechazó un ultimátum directo de Trump para abandonar el poder e irse al exilio. El líder venezolano desestimó las amenazas bailando en televisión estatal al ritmo de música electrónica, gesto que irritó profundamente a la Casa Blanca.

Pocos días después, Estados Unidos ejecutó una operación militar que terminó con la captura de Maduro y su traslado a Nueva York. Su salida abrió el camino para que Rodríguez, hasta entonces vicepresidenta, asumiera el mando temporal del país en medio de una crisis política sin precedentes.

En Washington, algunos funcionarios interpretan su ascenso como una oportunidad para reconstruir relaciones. “No afirmamos que sea la solución definitiva, pero creemos que podemos trabajar con ella”, declaró un asesor presidencial estadounidense.

Trump descarta a la oposición tradicional

Mientras sectores republicanos celebraban la caída del régimen chavista, el presidente Trump sorprendió al rechazar a María Corina Machado, la líder opositora que había ganado las elecciones de 2024 y que recibió el Premio Nobel de la Paz en 2025 por su papel en la campaña democrática.

Trump consideró que Machado carece del “respeto” necesario para gobernar Venezuela y afirmó que Rodríguez ofrece mayores garantías de colaboración. “Queremos un socio que entienda las reglas del juego”, señaló un asesor del Departamento de Estado.

Esta postura ha generado críticas, incluso dentro del Congreso estadounidense, por lo que algunos analistas describen como una “flexibilidad estratégica” centrada más en los intereses económicos y energéticos que en los principios democráticos.

Una figura con poder y experiencia

Delcy Rodríguez no es una recién llegada a la política venezolana. Abogada formada en Francia, es hija de un antiguo militante marxista que murió en prisión durante los años setenta. En el gobierno de Hugo Chávez ocupó puestos diplomáticos y ministeriales, ganando reputación por su disciplina y capacidad técnica.

Durante los últimos años, Rodríguez se convirtió en una pieza clave del aparato chavista. Controló la gestión petrolera, estabilizó parcialmente la economía y reanudó discretamente los contactos con inversionistas extranjeros, pese a las sanciones. Su habilidad para mantener diálogo con las élites empresariales y diplomáticas le ha otorgado poder y legitimidad incluso entre críticos del chavismo.

“Rodríguez transformó la política económica sin romper completamente con el legado chavista. Supo adaptarse y sobrevivir”, explicó un exfuncionario del Banco Central de Venezuela.

Un liderazgo cuestionado pero funcional

Pese a su nueva posición, Rodríguez enfrenta un dilema político. En un discurso televisado tras la captura de Maduro, denunció la intervención militar estadounidense y afirmó que el exmandatario seguía siendo “el líder legítimo de Venezuela”. Su mensaje buscó calmar a los sectores leales al chavismo, especialmente dentro de las Fuerzas Armadas y los grupos paramilitares.

Sin embargo, en la Casa Blanca interpretaron estas declaraciones como una maniobra diplomática. Según un alto funcionario, Rodríguez “necesita mantener equilibrio interno antes de dar pasos concretos hacia una relación abierta con Washington”.

Por ahora, las sanciones petroleras continúan vigentes, aunque algunos asesores en el Departamento del Tesoro han sugerido flexibilizarlas gradualmente si el nuevo gobierno demuestra cooperación.

Expectativas sobre el futuro venezolano

El presidente Trump declaró que Estados Unidos “manejará la reconstrucción económica de Venezuela durante el tiempo necesario” y reclamará los intereses petroleros estadounidenses. Estas palabras generaron alarma internacional, pero también confirmaron que Washington ve a Rodríguez como una figura capaz de facilitar el tránsito hacia una nueva estructura de poder.

Mientras tanto, María Corina Machado intenta recuperar protagonismo. Desde Caracas, su equipo político anunció que “defenderán el mandato otorgado en las urnas”, aunque fuentes diplomáticas aseguran que su margen de maniobra se ha reducido considerablemente frente a la influencia estadounidense.

Pese a las incertidumbres, observadores creen que Rodríguez podría desempeñar un papel crucial en estabilizar el país y evitar un vacío de poder. Su imagen de tecnócrata, combinada con su pragmatismo político, ha dado a Washington motivos para considerarla un interlocutor viable en la nueva etapa venezolana.

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