El presidente Donald Trump desató una controversia el 19 de agosto de 2025 al criticar al Instituto Smithsonian, que administra 21 museos y centros de investigación en EE.UU., por centrarse en “lo terrible que fue la esclavitud” en lugar de destacar “el éxito” y “el futuro”. En un mensaje en Truth Social, Trump acusó a la institución de promover una narrativa “woke” y anunció una revisión legal de sus exhibiciones. La declaración, que generó críticas por minimizar la historia de la esclavitud, intensifica el debate sobre el papel de los museos en la educación histórica.
Un ataque directo al Smithsonian
En su publicación, Trump afirmó que los museos del Smithsonian, visitados por más de 25 millones de personas al año según datos de 2024, están “fuera de control” por enfocarse en la esclavitud y las luchas de las comunidades marginadas. “Todo lo que discuten es lo horrible que es nuestro país, nada sobre el éxito, nada sobre lo positivo”, escribió. El presidente anunció que sus abogados realizarán una “revisión integral” de las exhibiciones, similar a las acciones tomadas contra universidades por presunto “adoctrinamiento progresista”. En marzo de 2025, Trump firmó una orden ejecutiva que amenaza con recortar $150 millones en fondos federales al Smithsonian, según estimaciones del Congressional Budget Office.
Por su parte, la Casa Blanca envió una carta al secretario del Smithsonian, Lonnie Bunch, exigiendo cambios en al menos ocho museos, incluyendo el Museo Nacional de Historia y Cultura Afroamericana. La misiva ordena reemplazar contenido considerado “ideológico” por exhibiciones que promuevan “la unidad nacional”. Bunch, en una declaración del 18 de agosto, defendió la misión del Smithsonian de preservar la historia “con precisión y empatía”.
Reacciones y despidos controvertidos
Pese a todo, las críticas de Trump han generado una fuerte reacción. La ACLU calificó la intervención como un “ataque a la libertad académica”, mientras que el senador Cory Booker advirtió que alterar la narrativa histórica “blanquea las injusticias del pasado”. En mayo, Trump destituyó a Kim Sajet, directora de la National Portrait Gallery, tras acusarla de “promover narrativas divisivas”. Sajet, en una entrevista el 10 de mayo, afirmó que el Smithsonian enfrenta presiones para “reescribir la historia” en favor de una visión más patriótica.
Además, organizaciones como la American Historical Association han condenado la postura de Trump, señalando que el 70% de los estadounidenses apoya enseñar sobre la esclavitud en museos, según una encuesta de Pew Research de 2024. La esclavitud, que afectó a más de 4 millones de personas en EE.UU. hasta 1865, es un pilar de exhibiciones como la del Museo Afroamericano, que recibió 2.1 millones de visitantes en 2024.
Un debate sobre la narrativa histórica
En este contexto, Trump insiste en que el país “no puede ser woke” y debe enfocarse en su grandeza. “Tenemos el país más popular del mundo, y queremos que la gente hable de ello, incluso en nuestros museos”, afirmó. Sin embargo, los críticos argumentan que su enfoque ignora el impacto de la esclavitud, que generó $5.9 billones en riqueza para los esclavistas, según estimaciones históricas ajustadas. La controversia se intensifica tras la decisión del Smithsonian de mantener una exposición sobre la trata de esclavos, que Trump calificó de “propaganda” en un discurso en Florida el 15 de agosto.
Por ahora, el Smithsonian enfrenta un delicado equilibrio entre preservar su independencia y responder a las presiones federales. Mientras Trump impulsa su visión de una narrativa histórica que exalte el “éxito americano”, las comunidades afectadas y los defensores de la educación histórica se movilizan para proteger el legado del Smithsonian. La revisión legal, que podría extenderse hasta 2026, mantiene a Washington en el centro de un debate nacional sobre cómo se cuenta la historia de Estados Unidos.
