Nicolás Maduro, el exmandatario venezolano derrocado y hoy preso en Estados Unidos, ha roto su silencio público dos días después de una nueva audiencia judicial en Nueva York para llamar a la paz y a la reconciliación en su país. Junto con su esposa, Cilia Flores, remitió un mensaje desde prisión en el que se declara “bien, firmes, serenos y en oración permanente”,. Este mensaje marca el primer pronunciamiento firmado por ambos desde su captura el 3 de enero de 2026 en Caracas.
¿Qué dice el mensaje de Maduro y Flores?
El texto, publicado en sus cuentas de X (antes Twitter) y Telegram, invita a “consolidar la paz del país, la unión nacional, la reconciliación, el perdón y el reencuentro entre todos y todas”. Maduro y Flores reiteran que nadie debe apartarse “del camino del diálogo, de la convivencia y del respeto”,. Según ellos, esa es “la senda de la Patria, la senda del bien”.
— Nicolás Maduro (@NicolasMaduro) March 28, 2026
Ambos aseguran que están “bien, firmes, serenos y en oración permanente”, y agradecen los mensajes, cartas y oraciones de sus seguidores. Además, destacan tanta fortaleza, tanta valentía y tanta solidaridad de la población venezolana. Señalan que la unidad del país se ha mantenido a pesar de la crisis. Por otro lado, el tono busca proyectar calma y liderazgo moral, incluso desde un centro de detención federal de Brooklyn.
¿Qué pasó en la audiencia judicial?
El mensaje se difunde dos días después de la segunda audiencia de Maduro y Flores ante un tribunal federal de Manhattan. En esa audiencia, el juez federal Alvin Hellerstein rechazó pedidos de la defensa para desestimar el caso por narcotráfico. Maduro enfrenta cuatro cargos, incluida conspiración para narcoterrorismo e importación de cocaína. Mientras tanto, Flores es acusada de conspiración de tráfico de drogas y posesión de armas.
El juez calificó a Maduro como “ya no una amenaza para la seguridad nacional”,, una frase que fue leída por medios internacionales. Sin embargo, eso no implicó la liberación ni el archivo del expediente. Además, la audiencia de este jueves duró casi una hora y se celebró sin que se fijara una fecha definitiva para el juicio completo. Por ello, el proceso aún queda en una fase procesal intermedia.
Maduro y Flores permanecen detenidos en el Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn desde su captura en un operativo militar estadounidense en Caracas, hace casi tres meses. Esa operación marcó un giro en la relación entre Washington y el nuevo gobierno venezolano. Hoy ese gobierno está presidido de forma encargada por Delcy Rodríguez.
¿Qué papel juega el nuevo gobierno de Venezuela?
El día de la audiencia coincidió con la llegada de una delegación venezolana a Washington, encabezada por el encargado de negocios Félix Plasencia y el viceministro Oliver Blanco. Dicha delegación se reunió con el subsecretario de Estado estadounidense Christopher Landau. En paralelo, Estados Unidos y Venezuela acordaron formalmente restablecer relaciones diplomáticas y consulares, suspendidas desde 2019. Este es un paso que busca normalizar el diálogo político y energético.
Trump ha reconocido al gobierno de Delcy Rodríguez, lo que abre la puerta a la reapertura de embajadas y consulados. Así, se plantea una posible reactivación de correos políticos y comerciales. Por este motivo, ese contexto explica por qué el mensaje de Maduro en prisión insiste en la “unidad nacional” y la “reconciliación”. Además, busca proyectarse como figura que aún puede influir en la transición política, incluso desde el poder judicial estadounidense.
Para la comunidad venezolana en Estados Unidos, el contraste entre el discurso de paz de Maduro y la acusación de narcoterrorismo genera tensiones profundas. Algunos lo ven como un gesto de madurez política. Mientras tanto, otros lo interpretan como una estrategia para mantener su base electoral y su narrativa de “prisionero de guerra” o “secuestrado”.
¿Qué significa esto para Venezuela?
El mensaje de Maduro y Flores busca legitimarlos como arquitectos de una futura reconciliación, aunque hoy estén en manos de un sistema judicial que los presenta como acusados de graves delitos internacionales. Para sus partidarios, la figura de un líder que pide perdón y reencuentro, desde la cárcel, refuerza la idea de que él sigue siendo el “lazo” que une a los sectores chavistas fragmentados.
Para la oposición y buena parte de la comunidad venezolana en el exterior, sin embargo, el discurso suena como un intento de domesticar el conflicto, sin asumir responsabilidad por la crisis humanitaria ni por la corrupción de su gobierno. En este contexto, muchas familias migrantes en Estados Unidos ven el llamado de paz con desconfianza. Porque les recuerda los años de promesas incumplidas en Venezuela.
El mensaje también conecta con el debate sobre qué tipo de transición se imagina para el país. Una parte del sector oficialista enfatiza el diálogo y la no violencia. Por otro lado, la oposición exige justicia y separación clara de Maduro del poder futuro. En ese escenario, el tono apaciguador de Maduro desde Nueva York puede ser leído como una señal. Incluso tras su derrocamiento, busca mantener un rol en la narrativa nacional.
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