La Casa Blanca convocó para el próximo domingo un festival de oración de 9 horas en el centro de Washington. El objetivo es remarcar los orígenes cristianos de Estados Unidos. La actividad se realizará en la Explanada Nacional de la capital. Además, reunirá a figuras de alto perfil del gobierno de Donald Trump. Entre los participantes confirmados están el secretario de Estado, Marco Rubio, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, y el presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson.
También asistirán varios líderes evangélicos. Aunque no se espera la presencia personal de Trump, la Casa Blanca prevé difundir un mensaje grabado del mandatario en pantallas gigantes. Así empezó la convocatoria, que fue adelantada este miércoles y que vuelve a colocar la religión en el centro del debate político en Washington.
¿Por qué se creo este evento?
El impulso principal del encuentro proviene de la reverenda Paula White-Cain, asesora religiosa principal de la Casa Blanca. Según explicó, la jornada busca resaltar la historia y los fundamentos del país. A su juicio, Estados Unidos se construyó sobre valores cristianos y sobre la Biblia.
El evento llega en un momento de fuerte visibilidad pública para el discurso religioso de la administración Trump. Desde el inicio de su segundo mandato, en enero de 2025, el presidente creó una Oficina de Fe en la Casa Blanca. Además, firmó una orden ejecutiva contra el supuesto sesgo anticristiano dentro del gobierno federal.
En ese contexto, la actividad del domingo no aparece como un hecho aislado. Más bien, es parte de una línea política más amplia. Además, el tema toca a un país diverso. El 62% de la población se identifica como cristiana. Sin embargo, el 29% no tiene afiliación religiosa y el 7% profesa otras religiones.
En la última hora, la atención se centró en el peso político de los asistentes. También, en el mensaje que la Casa Blanca busca enviar desde un espacio simbólico de la capital. La administración insiste en reforzar su cercanía con los sectores evangélicos. Esto ocurre después de varios gestos públicos de Trump junto a pastores y líderes religiosos.
Esa estrategia también coincide con semanas de tensión con la Iglesia católica. Esto sucedió luego de los ataques del mandatario contra el papa León XIV por su condena a la guerra de Irán. A la vez, Marco Rubio, uno de los funcionarios de mayor rango que se declara católico, viajó recientemente al Vaticano para intentar bajar esa fricción. Por lo tanto, el festival no solo tendrá un tono espiritual, sino también una lectura política clara sobre identidad nacional, religión y poder en Estados Unidos.
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