El escenario de la seguridad global ha entrado en una fase de incertidumbre inédita en las últimas décadas. La expiración oficial del tratado START III, que ocurrió anoche, ha dejado al mundo sin el último gran control de armas nucleares. Este tratado estaba vigente entre las dos superpotencias: Estados Unidos y Rusia. Sin embargo, pese a la tensión retórica y las acusaciones cruzadas, se ha abierto una pequeña ventana de oportunidad diplomática. Moscú se ha mostrado dispuesta a volver a la mesa de negociaciones, mientras que Washington insiste en redefinir las reglas del juego.
La situación es fluida y compleja. El Kremlin confirmó hoy su disposición a negociar un nuevo tratado de desarme con la Casa Blanca, reconociendo el riesgo que implica la ausencia de marcos regulatorios. No obstante, la ecuación se complica con la entrada de un tercer actor en discordia: China. La administración de Estados Unidos acusa a Pekín de acumular un gran arsenal atómico. Exigen que se incluya en cualquier pacto futuro. Sin embargo, el gigante asiático se resiste firmemente a esto por ahora.
En medio de este panorama, las declaraciones oficiales sugieren que la diplomacia no está muerta, sino en pausa. Dmitri Peskov, portavoz presidencial ruso, enfatizó la urgencia del momento durante su rueda de prensa telefónica diaria. Según el funcionario, Rusia y Estados Unidos saben que necesitan empezar pronto las negociaciones sobre este tema importante. Esto muestra que el canal de comunicación sigue abierto, a pesar de las diferencias políticas.
¿Qué postura ha tomado Donald Trump ante la propuesta rusa?
La respuesta de Washington ha sido contundente y marca un cambio de estrategia respecto a administraciones anteriores. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, rechazó de plano la propuesta rusa de prolongar por un año los límites contemplados por el tratado recién expirado. Para el mandatario, extender lo que considera un acuerdo defectuoso no es una opción viable en el actual contexto geopolítico, apostando por una renovación total de los términos.
Trump expresó su visión a través de su red social, Truth Social, con un mensaje directo a sus bases y a la comunidad internacional. El líder estadounidense abogó por dejar atrás el antiguo pacto y encargar a los expertos nucleares la redacción de un documento “nuevo, mejorado y modernizado”. En su mensaje, describió el ‘New START’ como un acuerdo mal hecho. Según él, se estaba violando de manera clara. Argumentó que el futuro necesita un tratado más fuerte.
A pesar de la retórica pública, los movimientos diplomáticos entre bastidores indican un esfuerzo por evitar una ruptura total. Peskov confirmó que ambas partes celebraron consultas el jueves en Abu Dabi. En dicha reunión, se abordó la posibilidad de mantener los límites de manera informal y se confirmó que ambos países asumirán “posturas responsables”. Esto sugiere que, aunque el tratado haya caducado legalmente, existe una voluntad política de no desatar una carrera armamentística inmediata.
¿Existe un vacío legal tras el fin del START III?
La preocupación por la falta de un marco jurídico es palpable en las declaraciones de los altos funcionarios rusos. El ministro de Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, advirtió sobre el nuevo escenario tras la expiración del Tratado de Reducción de Armamento Estratégico. Lavrov señaló que ha surgido un “vacío” normativo y aseguró que, en principio, Rusia está preparada para cualquier desarrollo de los acontecimientos, una frase que resuena con advertencia en los círculos de defensa.
Sin embargo, el jefe de la diplomacia rusa matizó su postura añadiendo que Moscú “prefiere el diálogo”. Lavrov indicó que ahora habrá que observar en qué medida Estados Unidos está dispuesto a seguir ese camino. También recordó el comunicado de su ministerio del miércoles. En este, Moscú se separaba formalmente de las obligaciones del tratado. Esta medida técnica era necesaria después de que se acabara el plazo legal.
La prensa internacional también ha jugado un papel en la revelación de estos esfuerzos de última hora. El portal Axios informó que Moscú y Washington negociaron hasta el límite una posible prolongación de seis meses. Aunque ese intento no fructificó en una firma oficial, el hecho de que se discutiera hasta el final, sumado a la confirmación de Peskov de que las cláusulas podrían prolongarse de manera formal en el futuro, mantiene viva la esperanza de salvar la esencia del control nuclear.
¿Por qué China se niega a participar en el pacto?
Uno de los principales puntos de fricción para un nuevo tratado es la insistencia de Estados Unidos en incluir a China. Donald Trump quiere que Pekín, que según estimaciones dispondría ya de más de medio millar de cabezas nucleares, se siente a la mesa de negociaciones. Washington considera que el antiguo esquema bilateral entre rusos y estadounidenses ya no refleja la realidad estratégica del siglo XXI, donde el poder militar chino crece exponencialmente.
La respuesta de China no se hizo esperar y fue entregada en un foro de alto nivel. Durante la Conferencia de Desarme de la ONU, Pekín aseguró este viernes que no participará por el momento en el diálogo nuclear con Rusia y EE.UU. El embajador adjunto de China ante la sede europea de la ONU en Ginebra, Jian Shen, fue claro al argumentar que las capacidades nucleares de su país no son comparables con las de las dos superpotencias.
Shen sostuvo que China no va a participar en negociaciones de desarme en este momento por una cuestión de asimetría. Según el representante de Pekín, la responsabilidad principal recae sobre los Estados que poseen los mayores arsenales nucleares. Para China, son Washington y Moscú quienes deben asumir el liderazgo con reducciones importantes, verificables y legalmente obligatorias antes de exigir la participación de potencias con arsenales menores.
¿Qué acusaciones lanza Washington contra Pekín?
La postura china fue recibida con escepticismo y duras críticas por parte de la delegación estadounidense en el mismo foro. Estados Unidos acusó a China de realizar una “acumulación masiva y deliberada” de armas nucleares. Según la visión de Washington, el objetivo final de Pekín no es la disuasión mínima, sino alcanzar un arsenal similar al estadounidense o al ruso, alterando así el equilibrio de poder global.
Thomas DiNanno, subsecretario de Estado para el Control de Armamento, expresó la preocupación de su gobierno ante la falta de transparencia del gigante asiático. DiNanno afirmó que este aumento es opaco y no está sujeto a ninguna limitación en materia de control de armamento. Para EE.UU., esto simboliza un cambio drástico en el entorno estratégico nuclear mundial ocurrido en los últimos quince años, justificando la necesidad de un tratado trilateral.
China, por su parte, intentó devolver la presión diplomática lamentando el vencimiento del tratado START III. Pekín calificó el acuerdo expirado como “vital” para la estabilidad mundial. En un tono conciliador pero firme, pidieron a Estados Unidos que responda positivamente a la propuesta rusa de seguir cumpliendo los límites centrales y que reanude pronto el diálogo de seguridad estratégica, desviando así el foco de su propio programa nuclear.
¿Cuál es el papel de Europa y el Grupo P5?
El tablero nuclear no se limita solo a tres países; Europa observa con inquietud y participa activamente en el debate diplomático. Rusia no solo apoya la postura de China de no unirse aún a las negociaciones, sino que ha elevado la apuesta exigiendo que Francia y el Reino Unido se sumen a un futuro tratado. Moscú argumenta que los arsenales europeos son parte de la estructura de la OTAN y deben contabilizarse.
Francia respondió reafirmando su compromiso con la seguridad colectiva, pero dentro de los marcos existentes. El portavoz del Ministerio de Exteriores francés, Pascal Confavreux, declaró que su país mantiene un pleno compromiso con la profundización del diálogo sobre reducción de riesgos. Esto se canaliza principalmente a través del “Proceso P5”, un foro que reúne a los cinco estados reconocidos como poseedores de armas nucleares por el Tratado de No Proliferación (TNP).
París ha sido clara al señalar a los responsables de la actual crisis de control de armas. Para el gobierno francés, Rusia es responsable de la situación actual, recordando que Moscú suspendió su participación en el START en 2023. Aunque nunca abandonó el tratado formalmente, Francia considera que Rusia ha tomado numerosas medidas que socavan la arquitectura internacional, complicando el escenario para una renovación sencilla del acuerdo.
¿Cómo llegamos a esta situación histórica?
La historia de este tratado es el reflejo de las fluctuantes relaciones entre Moscú y Washington en la última década. El tratado START III original fue un hito diplomático firmado el 8 de abril de 2010 en Praga. En aquel entonces, los presidentes Dmitri Medvédev y Barack Obama sellaron un acuerdo que parecía inaugurar una era de “reinicio” en las relaciones bilaterales, estableciendo límites claros y mecanismos de verificación rigurosos.
El acuerdo demostró ser resiliente, siendo renovado en febrero de 2021 por otros cinco años, justo antes de su expiración. Sin embargo, las tensiones geopolíticas recientes han erosionado la confianza mutua necesaria para su mantenimiento. La suspensión de la participación rusa en 2023 fue el preludio del escenario actual, donde el marco legal ha desaparecido, dejando solo la voluntad política como barrera contra la proliferación.
Ahora, el mundo se encuentra en una encrucijada. Con Estados Unidos buscando un acuerdo “modernizado”, Rusia exigiendo el fin de la hostilidad occidental y China resistiéndose a entrar en el club de control de armas, el futuro de la seguridad nuclear es incierto. La reanudación del diálogo es un primer paso positivo, pero el camino hacia un nuevo documento vinculante se anticipa largo y lleno de obstáculos técnicos y políticos.
