Israel y el grupo islamista palestino Hamás alcanzaron el miércoles un acuerdo sobre el plan para Gaza presentado por el presidente estadounidense, Donald Trump. El entendimiento marca un avance clave tras meses de intensas negociaciones, aunque deja aún abiertas varias incógnitas sobre su aplicación y alcance a largo plazo.
La reunión celebrada en la ciudad egipcia de Sharm el-Sheij contó con la mediación de Egipto, Catar y Estados Unidos, que durante semanas trabajaron para lograr un consenso sobre los puntos iniciales del acuerdo. De momento, la prioridad se centra en aliviar la crisis humanitaria en la Franja y avanzar hacia una tregua duradera.
La primera fase del acuerdo
En la primera fase, ambas partes acordaron un intercambio de prisioneros y rehenes para reducir la tensión. El plan contempla liberar 48 rehenes israelíes, de los cuales unos 20 seguirían con vida, a cambio de 2.000 presos palestinos.
Fuentes cercanas a Hamás indican que 250 presos cumplen cadena perpetua y el resto fue arrestado tras los ataques del 7 de octubre de 2023. Hamás entregó a Egipto la lista de los prisioneros que espera liberar, pero Israel aún no confirmó los nombres.
El acuerdo también prevé ingresar ayuda humanitaria y retirar parcialmente las tropas israelíes hacia la “línea amarilla” para facilitar el intercambio y proteger a civiles.
Fechas clave y próximos pasos
El gabinete israelí se reunirá el jueves para ratificar el acuerdo y comenzar el repliegue militar en las primeras 24 horas. Las liberaciones de rehenes y prisioneros se realizarán dentro de las 72 horas siguientes.
El presidente Trump expresó su esperanza de que los rehenes regresen a casa el lunes, aunque la operación podría adelantarse. Anunció que viajará el domingo a la región para reunirse con líderes israelíes y palestinos. El anuncio coincide con la semana en que se revelará al ganador del Nobel de la Paz, premio que Trump considera merecer.
Claves del plan de paz de Trump
El plan completo consta de 20 puntos y fue presentado oficialmente en la Casa Blanca el 29 de septiembre, junto al primer ministro israelí Benjamín Netanyahu. El documento establece que Gaza será administrada temporalmente por un comité tecnocrático respaldado por una “Junta de la Paz” internacional presidida por Trump. En ella participaría también el ex primer ministro británico Tony Blair.
Posteriormente, una Autoridad Palestina reformada asumiría el control civil del enclave. Hamás y otras facciones no podrán gobernar “ni directa ni indirectamente”, y se establecerá un proceso de desmilitarización bajo supervisión internacional.
El programa contempla, además, un plan de reconstrucción económica con incentivos para atraer inversión extranjera y reactivar la infraestructura civil tras los devastadores bombardeos de los últimos dos años. “Gaza será reconstruida y volverá a ser un lugar habitable”, aseguró el presidente estadounidense.
Reacciones y expectativas internacionales
Desde Jerusalén, Netanyahu calificó el acuerdo como “un gran día para Israel”, subrayando que marca el comienzo de una nueva etapa de cooperación con Estados Unidos. Por su parte, el presidente palestino, Mahmud Abás, expresó su deseo de que el plan conduzca a una solución política permanente y ponga fin al derramamiento de sangre.
Líderes europeos como la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, el presidente francés Emmanuel Macron y el primer ministro británico Keir Starmer se refirieron al acuerdo como una oportunidad esperanzadora para iniciar un proceso de reconstrucción y estabilidad regional.
Sin embargo, diplomáticos cercanos a las negociaciones advirtieron que el proceso será complejo. Muchas fases del plan, incluidas las retiradas completas de las fuerzas israelíes y la creación del comité internacional de supervisión, aún no tienen calendarios definidos.
Pese a todo, en las últimas horas se respira una sensación de alivio en ambos lados de la frontera. En las calles de Jerusalén y Gaza, las familias aguardan con cautela los primeros movimientos de implementación de un acuerdo que, de concretarse, podría cambiar el rumbo de uno de los conflictos más prolongados de Oriente Medio.









