En el barrio Ironbound, en Newark, Nueva Jersey, el miedo a los operativos migratorios del ICE ha modificado la rutina cotidiana de muchos latinos. En calles que antes estaban repletas de clientes, los comercios ahora lucen casi vacíos. Rosa Ludena emigró de Ecuador en 1999. Ella es dueña de una tienda de electrónica desde hace más de 20 años. Rosa dice que su negocio ha tenido una gran caída en ventas.
“En esta zona hay muchos hispanos y la gente tiene miedo de salir por las redadas”, comenta desde la registradora de su tienda. “Si las ventas bajan más, no sé cómo voy a pagar el alquiler”, añade. Las redadas recientes, incluidas las del ICE en cadenas comerciales y mercados locales, han sembrado temor y provocado un cambio visible en los hábitos de consumo.
Redadas que cambian el comportamiento de compra
En los últimos meses, la administración del presidente Donald Trump ha intensificado los operativos migratorios en distintas ciudades del país. En el área metropolitana de Chicago, Texas y Nueva Jersey, agentes federales realizaron redadas en tiendas Home Depot, granjas en zonas rurales y estacionamientos de supermercados. Estas acciones han generado un clima de desconfianza entre los trabajadores hispanos, incluso entre quienes cuentan con residencia legal.
Un estudio de Kantar mostró que, entre abril y junio de este año, las visitas de hispanos a tiendas bajaron un 14,7%. Esto es más que la baja del 4,5% en otros grupos. En tiendas de descuento, las ventas bajaron casi un 6%. Sin embargo, las compras en línea de hispanos subieron. Alcanzaron un récord del 60% entre julio y septiembre.
“El cambio hacia el comercio electrónico no sorprende, considerando la incertidumbre causada por las políticas migratorias”, explicó Mark Mathews, economista de la Federación Nacional de Minoristas. “Las redadas han alterado el sentido de seguridad de los compradores”, precisó.
Pequeños negocios al borde del cierre
La tendencia ha golpeado con fuerza a los comercios locales sin presencia digital. En el sur de Texas, activistas de Proyecto Azteca, una organización que apoya a migrantes, denunciaron la pérdida de la mitad de los vendedores en un mercado de pulgas de Alamo tras un operativo del ICE en junio. “No son grandes empresas con ventas por internet. Para ellos cada día sin clientes significa riesgo de cierre”, señaló Oliver de la Garza, vocero del grupo.
Cifras preliminares confirman este impacto. El comercio minorista físico muestra un retroceso sostenido en zonas de alta densidad latina, mientras que las grandes cadenas adaptadas al comercio electrónico —como Walmart— registran un aumento de más del 25% en sus ventas online.
El fenómeno también afecta a pequeños empresarios urbanos. En Newark, Valerie Bandras, copropietaria de Urban Eyes Vision Center, relató una caída abrupta en la venta de anteojos y accesorios tras una redada en un mercado local. “La gente tiene miedo de salir, aunque no haya hecho nada malo”, lamenta.
Las grandes marcas también sienten el impacto
Empresas con fuerte base de clientes hispanos, como Heineken, Coca-Cola y Shoe Palace, reconocen un descenso en las ventas atribuido a la incertidumbre migratoria. Régis Schultz, director ejecutivo de JD Sports, dueña de Shoe Palace, afirmó que el tráfico de clientes hispanos cayó drásticamente entre febrero y abril de este año.
“Hemos visto una enorme caída en el flujo de visitantes, algo que consideramos significativo”, dijo Schultz durante una conferencia con inversionistas. En contraste, aclaró, “el negocio online se mantiene estable o en crecimiento”. Estas declaraciones refuerzan la percepción de que el comercio digital se consolida como refugio frente al miedo de los consumidores.
Un informe adicional de la firma Gordon Haskett reveló que los retailers de tamaño medio, como Ross Stores, han sufrido descensos notables en puntos de venta ubicados en barrios latinos. Al mismo tiempo, los sitios web de cadenas como Walmart y Target han captado a los compradores que prefieren evitar las tiendas físicas por temor a ser interrogados por agentes federales.
La respuesta del Gobierno federal
Ante las críticas, la Casa Blanca defendió los operativos. En un comunicado, aseguró que las acciones del ICE “buscan reforzar la seguridad pública y reducir los índices de criminalidad”, alegando que las comunidades estarán “más seguras cuando se cumpla la ley migratoria”. Sin embargo, portavoces del propio DHS reconocieron que durante las redadas también se han detenido a personas sin antecedentes penales.
El miedo entre los inmigrantes, documentado por encuestas de Kantar, no solo afecta a quienes carecen de estatus legal. Julie Craig, vicepresidenta de análisis de consumidores en la consultora, afirmó que “incluso los hispanos con residencia sienten miedo a ser vigilados o detenidos injustamente”.
Actualmente, la comunidad hispana representa casi el 19% de la población de Estados Unidos y su poder adquisitivo proyectado alcanzará 2,8 billones de dólares en 2026, lo que la convierte en un grupo clave para la economía nacional. Sin embargo, organizaciones comunitarias alertan que ese potencial se ve debilitado por el deterioro del clima de confianza y la ansiedad constante frente a las políticas migratorias.
En barrios como Ironbound, Ludena resume la sensación general: “El miedo se metió en la vida diaria. Antes la gente venía a comprar, ahora lo hace todo en línea… y con nervios de que algo pueda pasarles incluso al salir por un pedido”.
