A horas de que el mundo se detenga para presenciar el evento deportivo más importante de Estados Unidos, el ambiente en San Francisco es eléctrico. Este domingo, el Levi’s Stadium será el epicentro del choque entre los Patriots de Nueva Inglaterra y los Seattle Seahawks. Sin embargo, el nombre que domina todas las conversaciones no es el de un mariscal de campo, sino el de Benito Antonio Martínez Ocasio. Tras un inicio de febrero histórico, donde se convirtió en el primer artista en ganar el Grammy al mejor álbum del año con un disco íntegramente en español, Bad Bunny se prepara ahora para otro hito: ser el primer cantante hispanohablante en protagonizar en solitario el entretiempo de la Super Bowl LX.
La expectación es total y el artista puertorriqueño no oculta la presión que esto conlleva. Durante una rueda de prensa celebrada este jueves en la ciudad californiana, el intérprete de “Mónaco” confesó ante los medios que el peso del espectáculo le está quitando el sueño. “La noche pasada no pude dormir pensando en mi espectáculo”, reconoció con una sinceridad poco habitual en las estrellas de su magnitud. Este nerviosismo es comprensible. El “Conejo Malo” llega a este evento en la cima de su carrera. Lleva la responsabilidad de representar a toda una cultura. Lo hace en el escenario más grande del mundo.
El camino hacia este domingo ha sido una sucesión de triunfos para el artista. Su reciente victoria en los Grammy no solo fue un reconocimiento personal, sino una validación para la música en español en los círculos más elitistas de la industria. Ahora, a solo 72 horas del gran día, Benito debe concentrar su energía y su mensaje. Su presentación será vista por más de cien millones de personas. En San Francisco, el artista se mostró pensativo. Sabía que este momento cambiará la historia del entretenimiento latino en Estados Unidos.
¿Qué pueden esperar los espectadores del espectáculo más visto del mundo?
El Super Bowl LX no es solo un partido; es una maquinaria de audiencias masivas que sistemáticamente se convierte en el programa más visto del año en territorio estadounidense. Para ponerlo en perspectiva, el espectáculo de medio tiempo del año pasado tuvo al rapero Kendrick Lamar. Atrajo a más de 130 millones de televidentes. Bad Bunny entra en este ecosistema con la intención de romper récords y, sobre todo, de imponer su propio ritmo. Aunque los detalles del show de 30 minutos se mantienen bajo un estricto secretismo para alimentar el suspenso, Benito ha dejado caer algunas pistas sobre el tono que tendrá la velada.
Ante la insistencia de la prensa sobre posibles invitados especiales, el puertorriqueño optó por el humor y el misterio. “¿Habrá invitados con él?”, se le preguntó. “Sí, mi familia, mis amigos y la comunidad latina que me apoya”, bromeó, evitando dar nombres de otros artistas, aunque los rumores sobre colaboraciones de alto nivel no han dejado de circular. Lo que sí dejó claro es que su prioridad no es la perfección técnica, sino la conexión emocional con el público. Benito quiere que el estadio se transforme en una extensión de su propia alegría y de las fiestas que definen al Caribe.
La estética y el idioma también fueron temas centrales en su comparecencia. Con una seguridad aplastante, Bad Bunny lanzó una frase que ya se ha vuelto viral: “Nadie tiene que aprender español, es mejor si aprenden a bailar”. Esta declaración resume su filosofía de que la música es un lenguaje universal que trasciende las palabras. “Es lo único de lo que deben preocuparse, de divertirse”, añadió. Para él, el ritmo y la vibración de su cultura son suficientes. Cualquier espectador, sin importar su origen, se sentirá parte de la “gran fiesta” que ha preparado para el domingo.
¿Cómo influye su nuevo álbum en la estética de este show?
Aunque el secretismo es la norma, sabemos con certeza que la banda sonora del medio tiempo incluirá temas de su más reciente trabajo discográfico, Debí tirar más fotos. Este álbum ha sido descrito por el propio Benito como su proyecto más personal hasta la fecha, funcionando como una reivindicación de sus raíces y de su identidad frente al mundo. Durante la rueda de prensa, explicó que este disco busca conectar con quién es él realmente, lejos de las luces de la fama. “La oportunidad de traerlo a uno de los escenarios más importantes del mundo es algo que nunca imaginé”, confesó con humildad.
La logística para llegar a este punto ha sido extenuante. Bad Bunny ha tenido que hacer malabares. Debe combinar los ensayos del Super Bowl con su gran gira mundial. Esta gira ya ha pasado por gran parte de América Latina. Además, tiene planes de llegar a España el próximo mes de mayo. El agotamiento físico y mental es evidente, pero el artista asegura que la adrenalina lo mantiene en pie. “Están pasando muchas cosas, acabo de estar en los Grammy y en medio he estado trabajando en esto. Ha sido mucho, desde luego”, admitió el puertorriqueño al reflexionar sobre su cargada agenda de 2026.
Este álbum, Debí tirar más fotos, servirá como el hilo conductor de una narrativa visual que promete ser tan impactante como su música. Se espera que la puesta en escena refleje esa dualidad entre la superestrella global y el joven de Vega Baja que aún extraña la simplicidad de su vida antes de la fama. Benito no solo busca entretener, sino contar una historia de éxito que no ha necesitado renunciar a su esencia para triunfar en los mercados más competitivos del mundo, consolidando su posición como el líder indiscutible del género urbano.
¿Cuál es el significado personal detrás de esta histórica presentación?
Para Bad Bunny, estar este domingo en el centro del campo de juego es algo que “va más allá” de su propia carrera. Es un triunfo colectivo. Durante la rueda de prensa, se mostró profundamente agradecido y conmovido al hablar de lo que este logro significa para su círculo íntimo. “Me emociono más por la gente que por mí. Me emociono por mis amigos, mi familia, gente que siempre ha creído en mí”, afirmó. El artista subrayó que el apoyo de la comunidad latina ha sido el combustible que lo ha llevado a conquistar espacios que históricamente estuvieron cerrados para los artistas que no cantan en inglés.
Uno de los momentos más emotivos de su encuentro con los medios ocurrió cuando recordó a su madre. Con la voz entrecortada y algunas lágrimas asomando, Benito atribuyó su éxito a la fe que ella siempre tuvo en sus capacidades. “Creyó en mí como persona, en mis decisiones, mi gusto, y creyó que podía ser talentoso e inteligente. Creo que eso fue lo que me trajo aquí”, dijo visiblemente emocionado. Este componente humano es el que, según él, hará que el show sea especial, elevándolo de ser un simple acto comercial a una celebración de amor y gratitud.
Desde que la NFL, Apple y Roc Nation anunciaron su participación en septiembre, la comunidad latina ha sentido este evento como propio. Bad Bunny es consciente de que este domingo estará en la mira no solo de los fanáticos del deporte, sino de millones de inmigrantes y descendientes de latinos que ven en él un reflejo de su propia lucha por el reconocimiento. La carga emocional es alta, y el artista parece estar procesando cada segundo de esta experiencia con una mezcla de seriedad profesional y entusiasmo juvenil.
¿Cómo ha respondido el presidente Donald Trump ante esta elección?
No todo ha sido celebración en torno a la elección de Bad Bunny para el medio tiempo. La decisión de la NFL de elegir a un artista que habla principalmente español ha causado mucha división. Este artista ha criticado abiertamente algunas políticas del gobierno. El principal detractor ha sido el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, quien ha liderado una oleada de críticas hacia la organización del evento. El mandatario, en un movimiento inusual, anunció que no asistirá al Super Bowl LX este año, marcando una clara distancia con el espectáculo.
“Creo que es una pésima elección. Todo lo que hace es sembrar odio. Terrible”, declaró el presidente Trump meses atrás, tras el anuncio oficial. Esta animadversión no es nueva, ya que el mandatario y el artista han mantenido una relación de confrontación pública constante. Para Trump, la presencia de Bad Bunny en un evento tan “típicamente estadounidense” representa un cambio cultural que su administración no apoya. Sin embargo, estas críticas parecen no afectar al puertorriqueño, quien durante la rueda de prensa se mostró relajado y bromeó sobre su limitado vocabulario en inglés.
Benito decidió ignorar los comentarios negativos y centrarse en el impacto positivo de su música. De hecho, comenzó su comparecencia saludando en español, un gesto desafiante en un contexto donde el idioma ha sido motivo de debate político. “A mí todo lo que me llega son buenos deseos, y sé que el mundo va a estar feliz, se va a divertir, va a bailar y tendrá una gran noche”, afirmó. Con el presidente fuera de las gradas, el ambiente en el estadio podría tornarse en una manifestación de apoyo masivo al artista, dejando la política en un segundo plano frente al ritmo del reguetón.
¿Veremos un mensaje político contundente en el medio tiempo?
La gran incógnita que rodea el espectáculo es el nivel de activismo que Bad Bunny desplegará sobre el escenario. El artista nunca ha sido tímido al expresar sus opiniones políticas, especialmente en lo que respecta a las políticas migratorias y al trato hacia la comunidad latina. Su discurso en los Grammy del pasado domingo fue una prueba de ello. “Fuera ICE”, exclamó Benito al recibir su premio, provocando una ovación de pie en Los Ángeles. Estas palabras resuenan con fuerza ahora que se prepara para actuar ante un público que, ideológicamente, se encuentra muy dividido.
“No somos salvajes, no somos animales, no somos aliens. Somos humanos. Somos americanos”, sentenció el artista en su discurso más reciente. Al ser puertorriqueño, Benito es ciudadano estadounidense de nacimiento, una realidad que a menudo utiliza para cuestionar las narrativas de exclusión. Su presencia en el Super Bowl es, en sí misma, una declaración política. Queda por ver si el domingo utilizará la plataforma para lanzar un mensaje directo contra las políticas de expulsión o si dejará que su mera presencia y su éxito hablen por él.
A pesar de la seriedad de sus convicciones, Bad Bunny insiste en que el domingo la prioridad es la diversión. El desafío será equilibrar la intensidad reivindicativa de su arte con la naturaleza festiva y comercial del Super Bowl. Con millones de personas esperando cada movimiento, el puertorriqueño tiene ante sí la oportunidad de consolidar su legado no solo como una estrella del pop, sino como una voz necesaria para una comunidad que, según sus propias palabras, “ya no tiene que aprender español” para ser escuchada y respetada en los centros de poder de Estados Unidos.
