Por tercer verano consecutivo, amplias zonas del norte y centro de Estados Unidos han sufrido cielos grises, aire irrespirable y alertas de salud pública debido al humo procedente de incendios forestales en Canadá. Legisladores republicanos han responsabilizado directamente al gobierno canadiense por no prevenir y contener de manera efectiva estos incendios, generando un nuevo punto de fricción diplomática entre ambos países.
En un comunicado conjunto, la delegación republicana de Michigan criticó que los residentes no puedan disfrutar de sus vacaciones al aire libre debido a la mala calidad del aire, comparando la situación con una crisis de salud pública recurrente. Legisladores de Iowa, Nueva York, Dakota del Norte, Minnesota y Wisconsin han emitido mensajes similares, exigiendo medidas como adelgazamiento de bosques, quemas controladas y planes más estrictos de prevención.
Sin embargo, expertos en clima y ecología advierten que estas críticas omiten un factor clave: el papel del cambio climático en el agravamiento de la temporada de incendios forestales.
Humo de incendios y la negación del cambio climático
El presidente Donald Trump y varios miembros del Partido Republicano han minimizado o negado el impacto del cambio climático, priorizando el impulso a la producción de combustibles fósiles. En los últimos meses, la administración ha tomado medidas para debilitar la ciencia climática federal y ha promovido políticas que facilitan la extracción de petróleo, gas y carbón.
“Canadá debería culpar a Estados Unidos por sus incendios cada vez más frecuentes”, dijo Jennifer Francis, climatóloga del Woodwell Climate Research Center de Cape Cod, Massachusetts. Foto: X/@randsco
Científicos como Jennifer Francis, del Woodwell Climate Research Center, sostienen que el aumento de las temperaturas, las olas de calor y las sequías prolongadas han creado condiciones ideales para que los incendios forestales se propaguen con mayor facilidad. Según datos canadienses, el año 2023 marcó el peor registro de incendios en su historia, y 2025 ya ocupa el segundo lugar.
En lo que va de año, más de 4.400 incendios han arrasado más de 72.500 kilómetros cuadrados en Canadá, una cifra casi cinco veces superior a la superficie quemada en Estados Unidos. Dos tercios de los incendios actuales están fuera de control, y muchos se originan en zonas remotas donde la intervención es complicada y peligrosa.
Cómo te afectan el humo y los incendios en Canadá
Las nubes de humo no reconocen fronteras. Según la Agencia de Protección Ambiental (EPA), la exposición prolongada a partículas finas procedentes del humo de incendios forestales puede causar problemas respiratorios, agravamiento del asma y complicaciones cardiovasculares. En ciudades como Minneapolis, Detroit y Chicago, las concentraciones de partículas han superado en varias ocasiones los niveles considerados seguros.
En zonas rurales y comunidades con menos recursos médicos, el impacto del humo puede ser aún más grave. Hospitales en Michigan y Minnesota han reportado incrementos en visitas por problemas respiratorios durante los días de mayor contaminación. Además, la visibilidad reducida afecta el tráfico aéreo y terrestre, generando retrasos y riesgos adicionales.
Mientras tanto, en Canadá, autoridades como Ken McMullen, presidente de la Asociación Canadiense de Jefes de Bomberos, destacan que el país enfrenta condiciones extremas desde hace años. El primer incendio de 2025 comenzó en abril, uno de los inicios más tempranos de la temporada registrados.
CANADÁ-EEUU-INCENDIOS FORESTALES. Foto: X/@TheOaklandPress
Polémica y diplomacia: de las cartas al debate político
El cruce de acusaciones ha escalado a nivel diplomático. Algunos legisladores republicanos han sugerido que el tema del humo de incendios se incluya en futuras negociaciones comerciales con Canadá, insinuando que podría influir en políticas arancelarias.
Por su parte, representantes demócratas como Chellie Pingree, de Maine, y Gwen Moore, de Wisconsin, han acusado a los republicanos de “enterrar la cabeza en la arena” al no reconocer el papel del cambio climático. Consideran que culpar únicamente a Canadá desvía la atención de la necesidad de políticas internas para reducir emisiones y mejorar la resiliencia frente a incendios.
El gobierno canadiense, mientras tanto, ha anunciado una inversión de 46 millones de dólares en proyectos de prevención y evaluación de riesgos. Corey Hogan, secretario parlamentario del ministro de Energía y Recursos Naturales, enfatizó que la cooperación internacional es esencial y que el problema no puede resolverse sin un enfoque global.
El reto de controlar los incendios en un clima cambiante
Combatir los incendios forestales en Canadá es una tarea monumental debido a la magnitud de su territorio y a la dispersión geográfica de los focos. En muchas áreas remotas, la estrategia más segura es dejar que el fuego se consuma por sí solo, siempre que no amenace a comunidades o infraestructura.
Las quemas prescritas y el manejo del sotobosque son herramientas útiles, pero no siempre viables en entornos ya afectados por sequías y altas temperaturas. Además, fenómenos como el derretimiento del permafrost en el norte canadiense aumentan la vulnerabilidad de los bosques boreales.
Climatólogos como Jonathan Overpeck, de la Universidad de Michigan, insisten en que el humo de incendios es un problema compartido y que la única solución duradera pasa por atacar las causas profundas del cambio climático. “Nuestro humo es su humo, su humo es nuestro”, resumió, recordando que la cooperación entre Estados Unidos y Canadá es fundamental para mitigar los efectos de futuras temporadas.