Al menos ocho millones de personas salieron a marchar este sábado en Estados Unidos contra el Gobierno de Donald Trump bajo la consigna “No Kings”, según estimaciones de los organizadores. Este acto se considera una de las jornadas de protesta anti‑Trump más masivas de su segundo mandato. El movimiento une a decenas de organizaciones y activistas demócratas. Además, convocó más de 3.300 protestas en los 50 estados. También repartió pancartas, cánticos y símbolos críticos tanto contra el presidente como contra la política exterior y migratoria de su administración.
¿Quién está detrás de las protestas “No Kings”?
El movimiento “No Kings” no es una sola organización, sino una red de grupos que denuncian lo que llaman el “autoritarismo” de Trump. También critican la militarización de la política interna y la expansión de poderes federales sobre la vida cotidiana. Entre sus impulsoras están organizaciones antiguerrra, sindicatos docentes, grupos LGBTQ+ y alianzas ecuménicas. Además, estos grupos han estado activos desde las primeras grandes marchas contra Trump en 2017.
Esa diversidad explica que la convocatoria haya llegado a pequeños pueblos republicanos, como Seward (Alaska) o Millersburg (Ohio), y no solo a ciudades liberales. Para los organizadores, el hecho de que casi la mitad de las protestas se hayan dado en zonas de tendencia conservadora es una señal de que el rechazo a Trump trasciende la clásica división rojo‑azul.
¿Por qué se marcha contra la guerra en Irán?
La tercera jornada “No Kings” se llevó a cabo a un mes de que Trump ordenara una intervención militar en Irán que, según los manifestantes, califican como una “guerra ilegal”. Además, activistas repitieron consignas como “No al rey, no a la guerra” y “No ICE, no bombas”. Vincularon el conflicto en Oriente Medio con el aumento del precio de la gasolina y del costo de vida en Estados Unidos.
La guerra ha impulsado el crudo Brent por encima de 110 dólares el barril, según reportes de medios financieros. Esa presión inflacionaria alimenta el malestar de consumidores de bajos ingresos, incluidos muchos hogares latinos que dependen de automóviles y transporte para trabajar. Para los organizadores, el mensaje es claro: la oposición a la política de Trump no se limita a la retórica. Por el contrario, afecta directamente bolsillos, salud y estabilidad económica.
¿Qué pasa en Minneapolis?
La movilización más simbólica ocurrió en Mineápolis, Minnesota, donde el movimiento se consolidó tras el caso de Renee Good y Alex Pretti. Estos dos ciudadanos estadounidenses murieron por agentes federales de inmigración en enero. Allí, miles de personas marcharon por las calles de la ciudad y de la vecina St. Paul. Además, exigieron que cesen las redadas de ICE y la presencia de la Patrulla Fronteriza en barrios urbanos.

Los carteles atacaban directamente a ICE, con leyendas como “Abolir ICE” o “No ICE en nuestras calles”, y recuerdan el origen de “No Kings” como respuesta a la militarización de la política interior. Para la comunidad latina en Estados Unidos, esas consignas conectan con experiencias de miedo a redadas, deportaciones y detenciones en patios de casas o lugares de trabajo.
En la ciudad de Nueva York, marchas similares convergieron en Manhattan, donde se formaron grupos de familias y organizaciones religiosas para protestar tanto por la política migratoria como por la guerra en Irán. Por otra parte, en Washington, los manifestantes cruzaron el Memorial Bridge hacia el National Mall. Iban cantando contra la “realeza” de Trump y sosteniendo pancartas con corona tachada.
¿Cómo responde la Casa Blanca?
La Casa Blanca minimizó la jornada “No Kings” calificándola de “sesiones de terapia” para el “trastorno por Trump”, un término que el propio presidente utiliza para burlarse de la oposición. Además, la portavoz de la presidencia, Abigail Jackson, insistió en que las manifestaciones solo interesan a “los reporteros que les pagan para cubrirlas”. Según ella, la mayoría del país está centrada en otras prioridades.

Esa respuesta choca con los datos de encuestas. Segun un sondeo publicado pocos días antes, la desaprobación a la gestión de Trump alcanza el 59%, su nivel más alto desde el inicio de su segundo mandato. Para organizadores de “No Kings”, ese dato respalda su tesis de que el rechazo al gobierno va más allá de un movimiento minoritario. Además, refuerza que refleja un malestar creciente en la sociedad estadounidense.
La diferencia de narrativas es evidente: mientras la Casa Blanca reduce las protestas a una mera expresión emocional, los organizadores las presentan como un frente amplio. Según ellos, une temas de democracia, migración, guerra y economía.
¿Qué significa esto para la comunidad latina?
Para la comunidad latina en Estados Unidos, las protestas “No Kings” representan un punto de encuentro entre la defensa de la democracia, la oposición a la militarización y la lucha por políticas migratorias menos agresivas. Además, en ciudades como Los Ángeles, se mezclaron pancartas contra ICE, contra la guerra y por la comunidad transgénero. Miles de latinos participaron en la marcha con banderas de México, Centroamérica y el Caribe.
El énfasis en la lucha contra ICE resuena con familias que han vivido redadas, temen a los agentes en escuelas o lugares de trabajo, y han visto a parientes arrestados durante operativos. Al mismo tiempo, la denuncia contra la guerra en Irán conecta con el impacto diario de la subida del combustible y la inflación. Por lo tanto, ambos afectan a cada viaje en bus, auto o metro.
En ese contexto, “No Kings” se convierte en una plataforma donde la comunidad latina puede unirse a otros grupos proinmigrantes, sindicales y pacifistas. Sin perder de vista exigencias propias, como la protección de comunidades vulnerables y la limitación de poderes de ICE.
Entérate más en Nueva News
