La guerra en Irán lleva al menos 30 días en curso, y la escalada del conflicto ya está marcando la economía de Estados Unidos con cierre del Estrecho de Ormuz. Esto ha provocado un aumento del precio de la energía y una creciente probabilidad de recesión. Por otra parte, ese canal estratégico transporta cerca del 20% del petróleo mundial. Su bloqueo parcial o total obliga a grandes economías a buscar alternativas costosas y más lentas para el suministro energético.
¿Cómo afecta a la economía de EE.UU.?
El cierre parcial del Estrecho de Ormuz tiene un efecto inmediato sobre el costo del crudo y, por tanto, sobre la gasolina, el transporte y la electricidad. Además, ese encarecimiento de la energía se traduce en un impuesto extra para los hogares y las empresas. Esto reduce el margen de gasto en consumo y proyectos de inversión.

Analistas de Goldman Sachs estiman que la inflación en Estados Unidos podría cerrar este año en torno a 3.1%, impulsada principalmente por el alza de los precios de la energía. Con ese panorama, elevaron su probabilidad de recesión en los próximos 12 meses al 30%. Además, advierten que, si el conflicto en Oriente Medio se prolonga, el riesgo de una caída económica fuerte será aún mayor.
La sostenida inflación también afecta a otros sectores. Los precios de los alimentos podrían subir un 1.5% en el año, por el encarecimiento de fertilizantes y otros insumos agrícolas. Estos costos terminan llegando a la cesta de supermercado de los consumidores. Para familias de bajos ingresos, cada dólar extra en alimentación implica renunciar a servicios, deudas o incluso gastos médicos.
¿Qué dicen los organismos internacionales?
La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) calcula que la inflación en Estados Unidos podría llegar al 4.2% en 2026. Esto está más arriba de la cifra que previó la Reserva Federal antes de la escalada en Irán. Por lo tanto, esa brecha muestra que, desde fuera de la Fed, se percibe un choque inflacionario más fuerte y más duradero. Esto se da precisamente por la tensión geopolítica.

Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal, ha admitido que aún es difícil medir con exactitud el impacto final del conflicto en la economía estadounidense. Sin embargo, subraya que el elevado precio de la energía terminará por aumentar la inflación general. Además, indica que el banco central tendrá que ajustar política monetaria si la presión se vuelve estructural.
Las autoridades de la Fed enfrentan un dilema clásico: si suben mucho las tasas para contener la inflación, frenan aún más el crecimiento. En cambio, si no suben lo suficiente, la inflación se ancla en niveles más altos y erosiona salarios reales. Ambos escenarios favorecen un escenario de crecimiento bajo o incluso negativo. En consecuencia, podría haber una recesión técnica o una “recesión suave” con altos costos sociales.
¿Qué siente el consumidor común?
Los datos de la encuesta de la Universidad de Michigan muestran que el índice de confianza del consumidor cayó a 53.3 puntos en marzo, uno de los niveles más bajos desde diciembre. Esa cifra refleja preocupación. Por ejemplo, muchos estadounidenses dicen que ya no se sienten tan optimistas sobre ingresos, precios y oportunidades laborales.

El aumento de los precios en alimentos, alquileres, bienes y servicios, sumado a la reciente subida de la gasolina, ha elevado las expectativas de inflación para el próximo año, de 3.4% a 3.8%. En lenguaje sencillo, las personas creen que los precios seguirán más altos durante más tiempo. Por lo tanto, esto erosiona la disposición a gastar hoy y alimenta el riesgo de menor consumo.
Gregory Daco, economista jefe de EY‑Parthenon, señala que la combinación de condiciones financieras más restrictivas, mayor incertidumbre y una inflación más alta va a erosionar el crecimiento. Además, sus equipos coinciden con Goldman Sachs en que existe alrededor de 40% de probabilidad de una fuerte recesión en los próximos 12 meses. Por último, el cuello de botella del petróleo y de la energía será un actor central.
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