ICE bajo la lupa: crecen los intentos de suicidio en centros de detención

La insalubridad, el hacinamiento, el maltrato y la falta de servicios médicos hacen mella en los migrantes que se encuentran bajo custodia
ICE bajo la lupa
EFE

Los centros de detención de inmigración en Estados Unidos atraviesan un momento crítico. El aumento de intentos de suicidio entre los detenidos ha encendido las alarmas sobre las condiciones dentro de las instalaciones administradas por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE). El hacinamiento, la falta de atención médica adecuada y el aislamiento prolongado son factores que, según organizaciones de derechos humanos, están empujando a muchos migrantes a la desesperación.

Hacinamiento y condiciones precarias

Desde que comenzó la campaña antiinmigración impulsada por el presidente Donald Trump, más de 60,000 personas permanecen bajo custodia en centros de detención en todo el país. La saturación de las instalaciones ha derivado en espacios insalubres y un trato que muchos detenidos califican como inhumano. Estas circunstancias han alimentado las denuncias de organizaciones de defensa y familiares, que alertan sobre el deterioro físico y mental de quienes permanecen detenidos.

En junio, Jesús Molina-Veya se quitó la vida en el Centro de Detención Stewart, en Georgia. Un mes después, Chaofeng Ge falleció en el Centro de Procesamiento de Moshannon Valley, en Pensilvania. Ambos casos se suman a la docena de muertes registradas desde enero bajo custodia de ICE.

Alarmante aumento de intentos de suicidio

El acceso limitado a atención psicológica y la falta de medicamentos adecuados agravan los síntomas de depresión y ansiedad. Reportes internos obtenidos por investigadores muestran que solo en abril se registraron al menos dos intentos de suicidio en el Centro de Procesamiento del Noroeste en Tacoma, Washington, administrado por GEO Group.

En uno de los casos, un hombre turco de 32 años intentó estrangularse; en otro, un detenido indio de 30 años trató de cortarse. En marzo, otro migrante se lanzó desde una cornisa en las instalaciones. Estos episodios reflejan un patrón de riesgo creciente dentro de los centros de detención.

Recursos legales y testimonios desgarradores

En la cárcel de Moshannon Valley, decenas de migrantes presentaron recursos de hábeas corpus ante un tribunal federal, describiendo abusos y graves descuidos. Un detenido relató que estuvo 15 meses sin audiencia de fianza, fue agredido sexualmente en dos ocasiones y fue puesto varias veces bajo vigilancia por riesgo de suicidio.

Otro caso documenta cómo se interrumpieron los controles de bienestar de 15 minutos a un detenido que sufrió ataques de pánico, lo que derivó en un intento de suicidio que terminó en hospitalización. Estos relatos ponen de manifiesto la falta de protocolos efectivos y la negligencia en la atención.

El aislamiento como castigo

Las prácticas de confinamiento en solitario también están bajo cuestionamiento. Según un análisis de The Marshall Project y Univision Noticias, entre diciembre de 2024 y agosto de 2025, el número de personas aisladas al menos un día aumentó un 41%. En agosto se alcanzó un récord con más de 1,100 casos reportados.

Lejos de ser una medida de protección, el aislamiento agrava la salud mental. Exdetenidos han descrito celdas frías, sin luz natural, con suciedad y sin acceso a servicios básicos. Faviola Salinas Zaraté, una mexicana deportada tras su estancia en un centro, contó que sufrió depresión severa durante dos meses de aislamiento. Madre de tres niños estadounidenses, relató que dormía sobre superficies metálicas y soportaba condiciones inhumanas.

Familias y mujeres en situación crítica

Los testimonios también incluyen a familias con hijos pequeños que permanecieron bajo condiciones adversas: aire acondicionado extremo, luces encendidas todo el día y carencia de mantas. En algunos casos, el maltrato del personal fue una constante, sumado a la falta de acceso a servicios médicos esenciales.

El senador Jon Ossoff publicó recientemente una investigación que documenta abusos contra mujeres embarazadas y niños en centros de ICE. Según el informe, algunos migrantes que denunciaron agresiones fueron enviados a aislamiento como represalia.

La subsecretaria del Departamento de Seguridad, Tricia McLaughlin, rechazó las acusaciones y aseguró que “los centros de detención del ICE tienen estándares más altos que la mayoría de las prisiones en Estados Unidos”. No obstante, organizaciones de derechos humanos insisten en que la realidad dentro de estas instalaciones dista mucho de lo que afirma la administración.

Protestas y presión judicial

La dificultad para acceder a los centros limita la supervisión independiente. El jueves pasado, once funcionarios estatales, entre ellos congresistas y concejales, fueron arrestados al intentar ingresar a un centro en Nueva York. En total, más de 70 personas fueron detenidas durante una protesta en Federal Plaza contra las condiciones en las que permanecen los migrantes.

Un día antes, el juez federal Lewis A. Kaplan ordenó a ICE mejorar las condiciones de hacinamiento y calificó el trato a los migrantes como “inconstitucional e inhumano”. Sin embargo, activistas aseguran que las directrices oficiales, como realizar exámenes médicos en las primeras 12 horas de detención, rara vez se cumplen.

Voces desde el encierro

Los testimonios directos continúan siendo la prueba más clara del impacto emocional de la detención. Una mujer nigeriana, madre soltera de dos hijos en Nueva Jersey, relató que sufrió violencia doméstica y mutilación genital antes de llegar a EE.UU. Tras ser detenida, fue desnudada frente a cámaras de seguridad, lo que le provocó un ataque de pánico. Hoy está bajo vigilancia por riesgo de suicidio y confiesa que ha tenido pensamientos autodestructivos: “Nunca había estado encerrada así en mi vida. Solo vine a trabajar para darles de comer a mis hijos”.

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