¿Quién fue Dick Cheney? El vicepresidente más poderoso de EE.UU.

Dick Cheney, el influyente vicepresidente de George W. Bush y figura decisiva en la invasión de Irak, murió a los 84 años.
Quién fue Dick Cheney
EFE

Dick Cheney, considerado durante años como una de las figuras más poderosas e influyentes de la política estadounidense moderna, falleció este lunes a los 84 años. Según informó su familia en un comunicado, el exvicepresidente murió por complicaciones de neumonía y problemas cardíacos y vasculares.

“Durante décadas, Dick Cheney sirvió a nuestra nación como jefe de gabinete de la Casa Blanca, congresista, secretario de Defensa y vicepresidente”, comunicó su familia. “Fue un hombre de coraje, honor y amor por su país. Estamos agradecidos por haber compartido su vida y su ejemplo con nosotros”.

Cheney, un conservador de línea dura y estratega implacable, dejó una huella indeleble en Washington. Su carrera política abarcó más de cuatro décadas y lo convirtió —según aliados y críticos— en el vicepresidente más poderoso en la historia de Estados Unidos.

El arquitecto del poder en la era Bush

Nacido en 1941 en Lincoln, Nebraska, Dick Cheney sirvió bajo varias administraciones republicanas, pero fue durante el mandato de George W. Bush cuando alcanzó su máxima influencia. Su papel tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 transformó la vicepresidencia, un cargo históricamente simbólico, en un centro activo de decisiones sobre seguridad nacional, energía y política exterior.

Cheney impulsó las operaciones militares en Afganistán e Irak y defendió las políticas de detención e interrogatorio aplicadas a sospechosos de terrorismo. “El uso de medidas extraordinarias era necesario para proteger al país”, afirmó en varias entrevistas tras su salida del cargo.

Con una trayectoria marcada por la discreción, su estilo operativo le valió el apodo de “el vicepresidente en la sombra”. A menudo evitaba los reflectores, pero influía de forma directa en las estrategias de la Casa Blanca. Como secretario de Defensa del presidente George H.W. Bush, también comandó la ofensiva en la Guerra del Golfo, que expulsó al ejército iraquí de Kuwait en 1991.

Una figura tan influyente como polémica

La visión política de Cheney definió la política exterior estadounidense a comienzos del siglo XXI. Fue uno de los principales defensores de la invasión de Irak en 2003, bajo la creencia de que el país albergaba armas de destrucción masiva. Esa afirmación se demostraría falsa más tarde, pero él nunca admitió error.

“Volvería a tomar la misma decisión si tuviera que hacerlo de nuevo”, dijo años después. Para sus seguidores, representaba fuerza y coherencia; para sus detractores, arrogancia y excesos de poder.

A lo largo de su vida pública, sobrevivió a cinco ataques cardíacos y se sometió a un trasplante de corazón en 2012. En una entrevista posterior, aseguró vivir “cada día con gratitud”, una frase sorprendente en alguien a menudo percibido como el político más duro de Washington.

Padres e hijos: la dinastía Cheney

La influencia de Dick Cheney trascendió generaciones. Su hija Liz Cheney siguió sus pasos políticos y representó a Wyoming en la Cámara de Representantes, pero se distanció del Partido Republicano en los últimos años tras criticar abiertamente a Donald Trump por sus intentos de anular los resultados electorales de 2020 y su papel en el asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021.

“En los 246 años de historia de nuestra nación, nunca ha habido una amenaza mayor para nuestra república que Donald Trump”, afirmó Cheney en un anuncio televisivo en apoyo a su hija. Su postura lo convirtió en blanco de las críticas del presidente y de figuras ultraconservadoras.

En un gesto inesperado, poco antes de su fallecimiento, Cheney declaró que votaría por la demócrata Kamala Harris en las próximas elecciones presidenciales para impedir el regreso de Trump al poder.

Del Pentágono a Halliburton: el lado empresarial

Antes de retornar a la política en 2000, Cheney dirigió Halliburton, una empresa de construcción e ingeniería con sede en Texas dedicada al sector energético. Desde allí acumuló una considerable fortuna y consolidó su red de contactos corporativos, lo que posteriormente generó acusaciones de conflicto de interés durante la guerra de Irak.

Pese a las polémicas, su conocimiento del aparato estatal y su habilidad para tejer alianzas lo convirtieron en un operador clave. Abundaban las bromas en Washington sobre que él era “el verdadero jefe” en la Casa Blanca, mientras Bush mantenía el rostro público de la presidencia.

“Cheney tenía una ambición limitada pero una influencia ilimitada”, explicó en una ocasión el analista político Larry Sabato. “Nunca quiso ser presidente, y eso le permitió mover los hilos sin competencia interna”.

Enfermedad, controversia y legado

Con el paso del tiempo, la figura de Cheney se volvió símbolo de una era marcada por la guerra y las tensiones políticas. En 2006, protagonizó un episodio insólito cuando disparó accidentalmente a su compañero de caza Harry Whittington, un incidente que fue objeto de burla pública durante meses.

Incluso fuera del poder, su nombre seguía provocando reacciones encontradas. Sectores conservadores lo veneraban como defensor del orden y la seguridad nacional, mientras que los progresistas lo señalaban como el arquitecto de políticas abusivas y de violaciones a los derechos humanos.

A pesar de su fama de operador implacable, mantenía un sentido del humor particular. “¿Soy el genio malvado escondido en la esquina?”, solía bromear. “Es un buen lugar desde donde trabajar”.

Dick Cheney deja un legado político complejo. Fue vicepresidente, congresista, secretario de Defensa y una figura determinante en la expansión del poder ejecutivo estadounidense. Para algunos, el último gran halcón; para otros, el político que moldeó la política moderna a su imagen.

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