Gas en EE.UU. sube más rápido que la luz y la inflación

El costo de reemplazar tuberías dispara los recibos de gas en EE. UU., impulsando a miles de familias a optar por la electrificación y bombas de calor.
Gas en EE.UU. sube más rápido que la luz y la inflación
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Los consumidores estadounidenses enfrentan una realidad cada vez más pesada al momento de pagar sus servicios básicos. En un escenario donde el costo de vida ya presiona a las familiares, el gas doméstico ha registrado incrementos alarmantes que superan con creces otros indicadores económicos. De acuerdo con un reciente informe de la organización ambiental Building Decarbonization Coalition (BDC), en 2025 los aumentos en las facturas de gas avanzaron un 60% más rápido que los de la electricidad y llegaron a multiplicar por cuatro la tasa de inflación general del país.

Lo más sorprendente de este fenómeno es que el encarecimiento no se debe principalmente al costo del combustible en sí mismo. Según datos revelados por Inside Climate News, la estructura tarifaria del gas en Estados Unidos cambió drásticamente en los últimos años. El peso de la infraestructura explica actualmente el 70% del monto de una factura promedio en 2024, mientras que el propio gas natural representa apenas el 30% restante. Los clientes están pagando, fundamentalmente, por los tubos que transportan la energía y no por la energía misma.

Este drástico cambio se explica por los miles de millones de dólares que las empresas de servicios públicos han invertido para reemplazar y expandir ductos. Entre los años 2010 y 2023, la inversión anual de la industria en infraestructura gasista se triplicó. Alcanzó la fuerte cifra de 28 000 000 000 de dólares. Todo esto ocurre mientras la demanda residencial de gas se mantiene prácticamente estancada desde la década de 1970, y la base de usuarios apenas ha crecido un modesto 8,5% desde el año 2000.

¿Por qué los clientes pagan por las tuberías?

El ritmo acelerado de sustitución de tuberías, activado fuertemente a partir de 2010 tras varias explosiones notables y mayores exigencias de seguridad es la principal causa del encarecimiento. Para financiar estas obras colosales, las empresas acudieron a los gobiernos estatales. Según información de la American Gas Association (AGA), 27 estados aprobaron reglas especiales para que las empresas pudieran recuperar rápidamente esos costos. Todo esto se llevo acabo a través del aumento directo en las tarifas mensuales de los consumidores.

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Además, al menos 42 estados adoptaron cargos adicionales o programas específicos diseñados para agilizar la renovación de los ductos subterráneos. Kristin Bagdanov, coautora del revelador informe de la BDC, puntualizó: “El responsable oculto del continuo alza en las facturas es, de hecho, la infraestructura”. El estudio calcula que, si las inversiones de las empresas hubieran mantenido el ritmo anterior al año 2010, los clientes estadounidenses se habrían ahorrado aproximadamente 130 000 000 000 de dólares hasta 2023. Esto equivale a un ahorro directo de 1 723 dólares por cada hogar.

La industria del gas, sin embargo, defiende firmemente sus números. La AGA sostiene que el gas natural sigue resultando más barato que la electricidad para los hogares tradicionales. Según un reporte de la asociación publicado en 2026, las familias que calientan, cocinan y secan ropa con gas ahorran un promedio anual de 1,030 dólares frente a quienes utilizan sistemas totalmente eléctricos. A pesar de estos datos, organizaciones ambientales afirman que seguir reforzando la antigua infraestructura fósil ya no se justifica ni económica ni medioambientalmente.

¿Cuáles son las alternativas frente a estos aumentos?

El creciente costo de mantener una inmensa red de tuberías subterráneas ha puesto sobre la mesa la necesidad urgente de buscar alternativas viables. Kevin Carbonnier, experto y coautor del informe de la BDC, propone mirar hacia opciones tecnológicas modernas. Entre sus sugerencias destacan las redes geotérmicas comunitarias, los programas de respuesta a la demanda energética y los innovadores sistemas de recuperación de calor proveniente de aguas residuales.

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“Consideremos opciones que no impliquen tuberías, para modernizar viviendas e infraestructura sin invertir millones de dólares en reemplazos”, sugirió Carbonnier. Este cambio de paradigma ya no es solo una teoría ambiental, sino que se está materializando rápidamente en la agenda legislativa de varios lugares. Desde el año 2020, 13 estados, además de la capital Washington D.C., abrieron procesos regulatorios formales para planificar una transición ordenada del gas tradicional hacia otros métodos de calefacción mucho más limpios y eficientes.

El estado de Minnesota, por ejemplo, debate actualmente una ley que habilitaría a las empresas a instalar y operar redes geotérmicas. Sorprendentemente, esta iniciativa cuenta con el respaldo de CenterPoint Energy, la mayor distribuidora local de gas, y de diversos sindicatos de trabajadores. En paralelo, lugares como Massachusetts están ampliando proyectos piloto de barrios térmicos gestionados públicamente. La propuesta busca modelos energéticos que no dependan de los altísimos costos de infraestructura fósil.

¿Qué opciones están eligiendo las familias hoy?

Frente a facturas cada vez más abultadas, muchas familias no están esperando a que cambien las leyes; están tomando decisiones prácticas en sus propios hogares. La electrificación se perfila como una tendencia en ascenso imparable. El mercado ofrece indicios muy claros de este cambio de comportamiento. En 2025, por cuarto año consecutivo, las ventas comerciales de bombas de calor superaron oficialmente a las de calderas de gas tradicionales en todo el territorio de Estados Unidos.

Además de las eficientes bombas de calor, opciones más pequeñas y accesibles como los paneles solares de balcón también están ganando tracción, especialmente en zonas urbanas densamente pobladas. Carbonnier explicó que muchas familias optan proactivamente por modernizar sus casas y desconectarse por completo de la red de gas. De esta manera, buscan blindarse contra los continuos aumentos de tarifas y beneficiarse a largo plazo de equipos eléctricos mucho más eficientes.

A pesar de que la administración de Trump aplicó recientes recortes a los incentivos federales destinados a las energías limpias, el impulso hacia la electrificación parece difícil de frenar. Según la experta Kristin Bagdanov, los diversos programas e iniciativas implementadas a nivel estatal logran mantener una dirección firme hacia la modernización energética y la disminución sistemática del uso de costosos combustibles fósiles en los hogares estadounidenses.

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