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Análisis | ¿EE.UU. aprendió a defender su economía de Trump?

La política de Trump sigue redefiniendo su intervención en la economía, mientras la nación adapta sus estrategias para resistir.
Análisis | ¿EE.UU. aprendió a defender su economía de Trump?
Fotografía del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en la Oficina Oval de la Casa Blanca, en Washington (EE.UU.). EFE/EPA/ Aaron Schwartz

Un año después del regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, Estados Unidos enfrenta una era de alta tensión. La economía muestra signos de fortaleza inesperada a pesar de políticas arriesgadas y escenarios que, en otro país, podrían causar crisis. Los aranceles del 145% a las importaciones desde China, amenazan con romper tratados de comercio y han generado despidos masivos en el sector público. Además, las presiones sobre la Reserva Federal y un cierre de gobierno prolongado han dejado a varias agencias federales sin operar plenamente.

Sin embargo, los datos económicos asombran. El índice bursátil ha marcado varios récords, impulsado sobre todo por el avance de la inteligencia artificial. Empresas como Nvidia, Microsoft y Meta se han revalorizado cada semana. El producto interno bruto crece al 3% anualizado y la inflación, tras el repunte de años anteriores, se mantiene estable en el 3%. El desempleo se sitúa en 4,3%, nivel históricamente bajo. El déficit presupuestario es el menor registrado en los últimos tres años y el déficit comercial también muestra reducción.

Las grandes empresas parecen haber aprendido a manejar la volatilidad con una nueva estrategia. El “TACO”, o “Trump Always Chickens Out”, se basa en la táctica de esperar a que el presidente amenace, vean la reacción del mercado y, finalmente, se alcance un acuerdo menor tras la tormenta mediática. Un caso emblemático fue el llamado “Día de la Liberación”, el 2 de abril, cuando el presidente anunció nuevos aranceles y el mercado global perdió un 10%. Ocho meses después, la efectividad real de esas tarifas resultó menor y la mayoría de los países evitó represalias. Según Kristalina Georgieva, directora del Fondo Monetario Internacional, el impacto fue menor al esperado.

Impacto real en los ciudadanos y el mercado laboral

Aunque Wall Street celebra, el escenario no es tan alentador fuera del mundo de las inversiones. El 47% de los ciudadanos señala el costo de la vida como su principal preocupación. Los precios, aunque estables ahora, se mantienen altos tras la inflación entre 2021 y 2023. Sin embargo, los salarios reales muestran cierta capacidad de compensar el encarecimiento, según ha explicado el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell.

La inteligencia artificial ha aumentado la riqueza patrimonial de quienes invierten, beneficiando a cerca del 60% de las familias estadounidenses con acciones. Sin embargo, la desigualdad se acentúa, ya que los que no participan en el mercado de valores sienten con fuerza la automatización y las redadas migratorias, responsables de la destrucción de empleos en algunos sectores.

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Fotografía de archivo de la jornada de trabajo en Wall Street, en Nueva York. EFE/Justin Lane

En agosto, apenas se crearon 22.000 nuevos puestos de trabajo y en septiembre se perdieron 32.000 más, según datos oficiales de ADP. El enfriamiento del mercado laboral se explica principalmente por una menor inmigración y no tanto por riesgo de recesión, según señalan portavoces de agencias gubernamentales. El cierre del Gobierno agrava la situación. Miles de funcionarios federales han perdido sus empleos y se interrumpe la publicación de datos e informes básicos sobre la economía. Trump aprovecha este contexto para aplicar recortes y avanzar en su objetivo de reducir el tamaño del Estado, con el apoyo de figuras influyentes del sector tecnológico.

A pesar de estas sacudidas, la economía nacional muestra resiliencia. Bernard Yaros, de Oxford Economics, destaca que la inteligencia artificial juega un papel clave en mantener el consumo gracias al aumento de la riqueza tecnológica. Esta dinámica compensa el efecto de las políticas presidenciales más disruptivas. El país sigue de pie, aunque con señales claras de estrés y una expectativa de más episodios de imprevisibilidad.

Tensión en la Justicia y nuevos giros en política económica

Estados Unidos vive una tensión adicional por el desafío legal a los aranceles impulsados por Trump. En recientes audiencias en la Corte Suprema, los jueces, incluso algunos designados por el mismo presidente, han cuestionado el alcance de su autoridad para imponer tarifas de manera ilimitada. El presidente del máximo tribunal, John Roberts, advirtió sobre los riesgos de permitir a un mandatario tomar decisiones comerciales sin supervisión. Otras voces, como Amy Coney Barrett y Ketanji Brown Jackson, profundizaron en la falta de base legal para dichas acciones.

Mientras tanto, Trump mantiene su estrategia de presión. Tras una tensa jornada judicial, reunió a directivos de la industria farmacéutica y anunció la reducción de precios para tratamientos contra la obesidad y enfermedades crónicas. El acuerdo beneficia a millones de familias, incluye compromisos de producción nacional y reduce los costos gradualmente hasta 250 dólares mensuales, según comunicó la Casa Blanca.

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Fotografía de archivo de la Corte Suprema de Estados Unidos, en Washington. EFE/EPA/ Will Oliver

El futuro inmediato sigue cargado de incertidumbre. El fallo definitivo de la Corte Suprema podría llegar antes de finalizar junio. Las empresas y directivos, representados por voces como David Young de The Conference Board, sostienen que la falta de definiciones impide planificar inversiones y empleo. Ante la posibilidad de perder la batalla legal, Trump ha anunciado que recurrirá a otros instrumentos como la Sección 232 o el artículo 301 para imponer nuevas restricciones comerciales, aunque reconoce que estos mecanismos llevan tiempo y resultan menos efectivos.

Los analistas advierten que, si el Supremo rechaza las tarifas IEEPA respaldadas por el presidente, será un golpe sin precedentes a su línea económica. Por ahora, Estados Unidos y el comercio mundial observan atentos. La política de Trump sigue redefiniendo los límites de intervención presidencial en la economía, mientras la nación adapta sus estrategias para resistir escenarios extremos.

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