El caso Menéndez volvió a captar la atención pública esta semana cuando Erik Menéndez fue rechazado para la libertad condicional tras una audiencia de casi 10 horas. El jueves 21 de agosto, un panel de dos comisionados de la Junta de Libertad Condicional de California decidió que Erik, de 54 años, aún representa un riesgo para la seguridad pública. La decisión, basada en su historial de conducta en prisión, marcó un revés para los hermanos Menéndez, quienes buscan la libertad tras más de tres décadas tras las rejas por los asesinatos de sus padres en 1989.
La audiencia, realizada por videoconferencia desde la Richard J. Donovan Correctional Facility en San Diego, se centró en las violaciones de reglas penitenciarias de Erik. Los comisionados señalaron incidentes como el uso de un celular de contrabando, consumo de alcohol y supuesta afiliación con pandillas. Estos factores pesaron más que el crimen original, aunque el panel también cuestionó las decisiones de Erik en torno a los homicidios de Jose y Kitty Menéndez.
Conducta en Prisión
Durante la audiencia, los comisionados examinaron el comportamiento de Erik tras las rejas. Encontraron que su historial incluía infracciones serias, como el uso de un celular en enero de este año. Cuando se le preguntó por qué tomó ese riesgo, Erik explicó que la conexión con el mundo exterior valía las consecuencias. También admitió haber usado alcohol para aliviar su tristeza, diciendo que buscaba mitigar el dolor emocional acumulado durante años.

Sin embargo, Erik destacó un cambio significativo en su vida desde 2013, cuando abrazó la sobriedad y encontró un propósito en la fe. “Quise ser una buena persona”, afirmó, señalando que su enfoque cambió hacia ayudar a otros reclusos. A pesar de estos esfuerzos, el comisionado Robert Barton enfatizó que las violaciones recientes indicaban que Erik no estaba completamente rehabilitado.
Los crímenes de 1989
El caso Menéndez comenzó en 1989, cuando Erik, de 18 años, y su hermano Lyle, de 21, mataron a sus padres en su mansión de Beverly Hills. Los hermanos argumentaron que actuaron por miedo tras años de abuso por parte de su padre, Jose. En la audiencia, Erik relató cómo la revelación de que su madre, Kitty, sabía del abuso lo devastó. “Fue el momento más desgarrador de mi vida”, dijo, explicando que sintió que ambos padres eran una amenaza.
Los comisionados cuestionaron por qué Erik no buscó escapar en lugar de cometer los asesinatos. Él respondió que, en su mente de entonces, huir equivalía a la muerte. El fiscal Habib Balian, de la Oficina del Fiscal del Condado de Los Ángeles, argumentó que Erik minimiza su responsabilidad, sugiriendo que aún podría ser peligroso.
Apoyo familiar
A pesar de la decisión, el apoyo familiar hacia Erik fue evidente. Más de una docena de parientes, incluidas víctimas del crimen, hablaron a su favor. Su tía, Teresita Menéndez-Baralt, expresó que lo ha perdonado completamente, destacando su bondad e integridad. Con lágrimas, mencionó su deseo de abrazarlo antes de que su salud decline.

Otros familiares elogiaron los esfuerzos de Erik por ayudar a reclusos con discapacidades, pero Barton aclaró que el amor familiar no garantiza la libertad condicional. La familia emitió un comunicado tras la audiencia, expresando decepción pero manteniendo su apoyo. “Creemos en Erik y sabemos que seguirá adelante”, dijeron, mientras se preparan para la audiencia de Lyle, programada para el viernes 22 de agosto.
Próximos pasos en el caso
Erik podrá solicitar una revisión de la decisión por errores procesales o esperar tres años para otra audiencia. Mientras tanto, los hermanos Menéndez mantienen una petición de habeas corpus presentada en 2023, que busca un nuevo juicio basado en nuevas evidencias sobre el abuso. La decisión sobre Lyle podría traer un resultado diferente, ya que sus casos se evalúan por separado. El proceso, supervisado por el gobernador Gavin Newsom, sigue siendo un tema candente, manteniendo el caso Menéndez en el centro del debate público.
