Trump llama a endurecer requisitos del voto: “Están amañadas y son el hazmerreír mundial”

Trump afirma que las elecciones de EU “están amañadas” y son “fraudulentas”; pide reformarlas.
Trump llama a endurecer requisitos del voto Están amañadas y son el hazmerreír mundial
Los votantes marcan sus papeletas en el centro de votación del Ayuntamiento de San Francisco, California., en una imagen de archivo. EFE/EPA/John G. Mabanglo

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha vuelto a colocar la integridad del sistema electoral en el centro de la agenda política nacional. Este jueves, el mandatario lanzó una ofensiva retórica desde su plataforma digital, instando a los republicanos en el Congreso a aprobar de inmediato la Ley “SAVE America”. Este proyecto legislativo, impulsado por el ala más conservadora de su partido, busca endurecer drásticamente los requisitos para votar en las elecciones federales, bajo la premisa de combatir un supuesto fraude masivo.

La intervención del presidente se produce en un momento de alta tensión política en Washington. A través de un mensaje publicado en su red social Truth Social, Trump no escatimó en adjetivos para describir el actual sistema de votación. Aseguró que las elecciones estadounidenses están “amañadas” y que se han convertido en “el hazmerreír de todo el mundo”. Su advertencia fue apocalíptica: si no se corrigen estos supuestos fallos estructurales, el país “dejará de existir” tal como se conoce hoy.

El mandatario reclamó a los legisladores de su partido que luchen sin cuartel por medidas específicas. Entre ellas están la obligación de identificarse para votar a nivel federal, la prueba de ciudadanía para registrarse y las fuertes restricciones al voto por correo. Estas demandas buscan transformar la manera en que los estadounidenses ejercen su derecho al sufragio, revirtiendo muchas de las flexibilizaciones introducidas en la última década.

¿Qué medidas específicas contempla la propuesta presidencial?

El núcleo de la propuesta defendida por la Casa Blanca es la denominada Ley SAVE (“Salvaguardar la Eligibilidad del Votante Estadunidense”). La legislación exige que todos los votantes presenten una prueba física de ciudadanía estadounidense para poder registrarse en el censo electoral federal. Aunque la participación de no ciudadanos en comicios federales ya es ilegal y estadísticamente insignificante según expertos, el presidente insiste en que es una vulnerabilidad crítica del sistema que debe ser cerrada con “candados” adicionales.

Además de la prueba de ciudadanía, la nueva versión del proyecto, presentada por los republicanos, agrega un requisito de identificación de votante. Este requisito será el mismo en todo el país. Esto eliminaría la disparidad de normas que existe actualmente entre los cincuenta estados. Trump argumenta que esta homogeneización es esencial para garantizar que solo los votos legítimos sean contados, una postura que resuena fuertemente con su base electoral más leal.

El tercer pilar de la reforma es quizás el más controvertido: la limitación del voto por correo. El proyecto plantea prohibir esta modalidad de sufragio de manera general, permitiéndola únicamente en casos muy específicos y justificados. Las excepciones contempladas incluyen enfermedad grave, discapacidad física, servicio militar activo fuera del domicilio o viajes documentados. Trump respaldó públicamente esta restricción en su mensaje, reiterando su desconfianza histórica hacia las boletas enviadas por correo.

¿Por qué los demócratas comparan la ley con Jim Crow?

La oposición demócrata ha reaccionado con furia ante la propuesta, calificándola como un intento descarado de supresión de votantes. El líder de la minoría demócrata en el Senado, Chuck Schumer, fue tajante al indicar que hará “todo lo posible” para detener una legislación que definió sin rodeos como una “abominación”. Para los demócratas, estas barreras burocráticas no buscan seguridad, sino dificultar el acceso a las urnas de minorías y jóvenes.

Schumer elevó el tono de la crítica al comparar la iniciativa con los momentos más oscuros de la historia de los derechos civiles en Estados Unidos. “Es como la segunda versión de las leyes de Jim Crow en todo el país”, afirmó el senador. Con esta referencia, mencionó las leyes estatales y locales que existían hasta 1965. Estas leyes imponían la segregación racial. También dificultaban el voto de los afroamericanos en el sur del país. Usaban pruebas de alfabetización y otros trucos legales.

Organizaciones defensoras de los derechos civiles han respaldado la alarma de los demócratas. Advierten que las reglas sobre la prueba de ciudadanía pueden dejar fuera a millones de ciudadanos. Muchos de ellos no tienen acceso fácil a sus certificados de nacimiento o pasaportes. Asimismo, señalan que restringir el voto por correo afectaría desproporcionadamente a trabajadores con horarios rígidos y a comunidades rurales, complicando innecesariamente un derecho fundamental.

¿Cuál es la postura de la Casa Blanca ante la polémica?

La ofensiva legislativa se produce en un contexto de mensajes mixtos desde el Ejecutivo. La iniciativa llega poco después de que la Casa Blanca intentara restar importancia a unas recientes declaraciones del presidente sobre la posibilidad de “nacionalizar” las elecciones. En una entrevista con la cadena NBC, Trump afirmó, sin presentar pruebas concretas, que algunos estados podrían no estar contando correctamente los votos, sugiriendo la necesidad de una intervención federal más directa.

Ante el revuelo causado por esas palabras, su portavoz, Karoline Leavitt, tuvo que salir al paso para matizar la postura oficial. Leavitt sostuvo que el objetivo central del mandatario no es tomar el control total de los procesos estatales, sino reforzar las garantías contra el voto de los no ciudadanos mediante legislación federal. Sin embargo, la insistencia de Trump en Truth Social sobre que las elecciones son “fraudulentas” contradice los intentos de su equipo de presentar la reforma como una medida meramente técnica.

El presidente ha sido claro en su diagnóstico: “O las arreglamos o dejaremos de tener un país”. Esta retórica de urgencia existencial busca movilizar a los votantes republicanos y presionar a los legisladores indecisos. Trump ve en la Ley SAVE no solo una herramienta política, sino un cumplimiento de una de sus promesas centrales de campaña: restaurar lo que él considera la “integridad” perdida del sistema democrático estadounidense.

¿Qué obstáculos enfrenta la ley en el Senado?

A pesar de la presión presidencial, la aritmética parlamentaria juega en contra de la aprobación de la ley. La Cámara de Representantes, controlada por el Partido Republicano, ya aprobó el año pasado una primera versión del texto. Sin embargo, el Senado presenta un escenario mucho más complicado. La bancada republicana en la Cámara Alta cuenta actualmente con 53 escaños, una mayoría simple pero insuficiente para superar los bloqueos procedimentales de la oposición.

Para que la ley avance, se necesita alcanzar el umbral de 60 votos necesario para romper el obstruccionismo o “filibusterismo”. Con los demócratas unidos en contra, la propuesta apunta inevitablemente al fracaso en una eventual votación. Este desenlace solo podría evitarse con la eliminación de la regla del filibusterismo, una medida nuclear que Trump ha defendido en ocasiones anteriores, pero que genera profundas divisiones incluso dentro del propio Partido Republicano.

Pese a que el camino legislativo parece un callejón sin salida, el liderazgo republicano no piensa rendirse sin dar la batalla. El líder de la mayoría republicana en el Senado, John Thune, ha afirmado que se realizará la votación de todas formas, según informó la cadena NBC. La estrategia parece ser obligar a los demócratas a dejar constancia de su voto en contra, utilizando el rechazo a la ley como munición política para las próximas elecciones de medio mandato, manteniendo vivo el debate sobre el fraude electoral.

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