El martes por la mañana, Juan De La Cruz, residente de Panton, Vermont, llegó a la oficina de campo del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) en St. Albans con un temor persistente: no regresar a casa. Recibió una citación por parte de las autoridades federales una semana antes, y según su abogado, existía una alta probabilidad de que fuera detenido y deportado. Sin embargo, al llegar al lugar, lo acompañaban cerca de 200 personas, entre familiares, amigos y vecinos, que se congregaron para mostrarle apoyo.
“Definitivamente fue aterrador, porque no sabes qué va a pasar”, comentó De La Cruz, quien llegó a Estados Unidos desde México hace dos décadas y solicitó asilo en 2017. La última semana estuvo marcada por la incertidumbre para él, su esposa Kirsten y sus seis hijos.
La comunidad se moviliza
La noticia se propagó rápidamente por el condado de Addison. En cuestión de días, estudiantes, vecinos y activistas organizaron una manifestación frente a las instalaciones de ICE. Aclamaron a De La Cruz mientras salía de la minivan familiar, cantaron el himno nacional y lo acompañaron hasta que ingresó al edificio. Entre ellos estaba su hijo mayor, quien confesó que temía “perder a su papá” y que tendría que “ser valiente” para cuidar de su madre y su hermana.
Veinte minutos después, la puerta de la oficina se abrió y Juan De La Cruz salió junto a su esposa, provocando vítores y abrazos. Los funcionarios migratorios le indicaron que se presentara a revisiones presenciales cada seis meses y que permanecería en el país mientras se resuelve su caso de asilo, cuya próxima audiencia judicial será en diciembre de 2026.
Voces de apoyo y críticas al sistema
El caso, para muchos residentes, puso rostro y nombre al impacto de la campaña de deportaciones que la administración del presidente Donald Trump ha intensificado en los últimos meses. “Me alarma que alguien como Juan, que ha seguido todos los pasos, contribuido a la comunidad y cumplido las reglas, siga siendo castigado por el sistema”, dijo Helena Van Voorst, amiga cercana de la familia.
Erin Reed, otra vecina, destacó que la familia De La Cruz “haría lo que fuera por cualquiera”. Para ella, la experiencia hace más evidente las dificultades de explicar a niños y adultos la falta de empatía que perciben en las políticas migratorias.
Solidaridad más allá de las palabras
Muchos de los asistentes el martes conocían a Juan por su trabajo como albañil en una empresa local de paisajismo. Zach Sullivan, examigo y colega, llevó un cartel que decía: “Tenemos 99 problemas, pero Juan no es uno de ellos” y lo describió como “gran persona, trabajador y buen amigo”.
La muestra de respaldo, según Sullivan, no sólo fue para De La Cruz, sino para otros migrantes del estado en riesgo de deportación únicamente por su estatus. “Cuando algo nos afecta tan de cerca, sin duda tiene un mayor impacto en nuestra vida cotidiana”, apuntó.
Jóvenes que defienden a su compañero
La solidaridad también llegó desde las aulas y los campos deportivos. Un grupo de miembros del equipo de fútbol de Vergennes Union High School se presentó para acompañar a Juan Jr., hijo del migrante, quien no ha podido dormir desde que su familia recibió la citación de ICE. Cole Gagnon, compañero desde preescolar, afirmó que la situación “ahora parece tan real”.
La escena del martes dejó una impresión duradera en la familia De La Cruz. El propio Juan, al hablar frente a quienes lo respaldaron, subrayó que ese apoyo es la razón principal por la que quiere quedarse en Vermont. “Es la comunidad. Es mi comunidad. Mi ciudad natal es Panton; ahí es donde pertenezco”, dijo.
Contexto migratorio en Vermont
En los últimos ocho meses, decenas de residentes no ciudadanos en el estado han sido arrestados, detenidos y, en algunos casos, deportados. Las autoridades federales han intensificado las revisiones en persona y citaciones para comparecer en oficinas de ICE, lo que ha incrementado la tensión en las comunidades migrantes.
La movilización masiva en apoyo a Juan De La Cruz se convirtió en un mensaje hacia las autoridades federales y un recordatorio de que, frente a políticas de deportación, la resistencia comunitaria puede hacer visible un reclamo: que quienes han construido su vida en Estados Unidos y han aportado durante décadas merecen permanecer en el país que ya consideran suyo.
