La ciudad de Buffalo, en Nueva York, enfrenta hoy una de las controversias más dolorosas en materia de derechos humanos y protocolos federales. Nurul Amin Shah Alam, un refugiado de 56 años originario de Myanmar, fue hallado muerto pocos días después de su liberación. Su fallecimiento ha desatado una ola de críticas contra la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP).
Shah Alam era un hombre vulnerable: padecía una ceguera casi total y sus conocimientos de inglés eran mínimos. Tras pagar su fianza el pasado 19 de febrero, fue entregado a la Patrulla Fronteriza debido a una orden de detención migratoria previa. Sin embargo, los agentes determinaron que su estatus de refugiado era legal y que no podía ser deportado del país.
En lugar de garantizar un retorno seguro con su familia, los agentes federales optaron por dejarlo solo en una cafetería local. Este establecimiento fue descrito por las autoridades como un “lugar cálido y seguro” cerca de su última dirección conocida. No obstante, el hombre desapareció esa misma noche, iniciando un cronograma de eventos que terminó en una tragedia evitable.
¿Fue la negligencia federal la causa principal de este desenlace?
El alcalde de Buffalo, Sean Ryan, no ha contenido su indignación ante los hechos. Calificó la decisión de la CBP como “poco profesional e inhumana”, destacando que abandonar a un hombre ciego en invierno es inaceptable. Para el mandatario local, esta muerte era “completamente prevenible” si se hubieran seguido protocolos básicos de asistencia social.
La CBP se defiende argumentando que el traslado fue un “favor de cortesía” que el propio Shah Alam aceptó. Según la agencia, el hombre no mostraba señales de angustia ni discapacidades que requirieran asistencia especial. También afirmaron haber usado un programa de traducción y que el refugiado rechazó realizar una llamada telefónica para avisar a sus allegados.
Estas afirmaciones contrastan drásticamente con la realidad física de Shah Alam, quien dependía de otros debido a su limitada visión. Su familia asegura que él no sabía leer, escribir ni utilizar dispositivos electrónicos de comunicación. El hecho de que ni su abogado ni sus parientes fueran notificados sobre su ubicación exacta dejó al hombre en un estado de desamparo total.
¿Cómo un malentendido con un bastón terminó en un año de cárcel?
La historia de Shah Alam en el sistema judicial estadounidense comenzó con una serie de infortunios y barreras lingüísticas. En febrero de 2025, el refugiado salió a caminar utilizando una barra de cortina como bastón improvisado para guiarse. Debido a su ceguera, se perdió y terminó entrando accidentalmente en una propiedad privada, lo que provocó la intervención policial.
Al no comprender las órdenes de los oficiales para soltar la barra, los agentes interpretaron su confusión como una agresión. Fue arrestado bajo cargos de posesión de arma y allanamiento de morada, pasando casi un año tras las rejas. Durante ese tiempo, su familia luchó por demostrar que todo se trataba de un trágico malentendido derivado de su discapacidad.
Finalmente, el caso se resolvió con un acuerdo de culpabilidad por un delito menor a principios de febrero. Los fiscales admitieron que esta disposición evitaba una sanción “indebidamente severa” para un hombre en sus condiciones. Sin embargo, el estigma migratorio activó las alertas de la Patrulla Fronteriza, prolongando su contacto con un sistema que no supo protegerlo.
¿Existen garantías de transparencia en la investigación actual?
La autopsia realizada por el médico forense del condado de Erie descartó el homicidio y la muerte por exposición al frío. Los resultados preliminares indican que el fallecimiento estuvo relacionado con problemas de salud preexistentes del señor Shah Alam. A pesar de esto, la comunidad exige saber si el estrés de su abandono aceleró su deterioro físico final.
El congresista de Nueva York, Tim Kennedy, ha solicitado una investigación completa y transparente en todos los niveles del gobierno. Kennedy describió el suceso como “horrible y desgarrador”, insistiendo en que la familia merece respuestas inmediatas. La desconfianza pública hacia las agencias federales ha crecido tras este incidente, especialmente en el contexto de las políticas de deportación masiva.
Los detectives de homicidios de Buffalo están trabajando para reconstruir el cronograma exacto desde que el refugiado salió de la cafetería. Buscan determinar dónde pasó sus últimas horas y por qué nadie pudo asistirle antes del fatal desenlace. La comunidad rohingya de la zona se ha unido en duelo, recordando que Shah Alam solo anhelaba “comer comida casera”.
¿Qué revela este caso sobre el trato a los refugiados en EE. UU.?
Shah Alam pertenecía a la minoría musulmana apátrida de los rohingya, víctimas de lo que Estados Unidos ha calificado como genocidio en Myanmar. Su llegada al país el 24 de diciembre de 2024 buscaba precisamente el refugio y la seguridad que su tierra natal le negó. Irónicamente, fue el sistema encargado de protegerlo el que lo dejó a su suerte en una acera de Buffalo.
Este incidente pone de relieve las crecientes preocupaciones sobre los derechos constitucionales de las personas vulnerables bajo custodia federal. El trato recibido por Shah Alam sugiere una falta de sensibilidad hacia las discapacidades físicas y las barreras del idioma. Críticos del gobierno actual señalan que el enfoque punitivo en la migración está desplazando la asistencia humanitaria básica.
Los servicios funerarios se llevaron a cabo este jueves en una mezquita local, donde familiares y amigos se despidieron del padre de familia. Mientras tanto, la oficina del fiscal Keane solicitará desestimar los cargos pendientes ahora que el acusado ha fallecido. Sin embargo, para los hijos de Shah Alam, el cierre legal no compensa el vacío de una pérdida que pudo evitarse con una llamada telefónica.











