El 19 de agosto de 2025, la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, anunció que el muro fronterizo entre Estados Unidos y México será pintado de negro para disuadir la inmigración ilegal al aumentar su temperatura bajo el sol. La iniciativa, impulsada por el presidente Donald Trump, busca reforzar la seguridad en los 3,200 kilómetros de frontera, donde se han intensificado los esfuerzos para completar la barrera. Con un presupuesto de $46,000 millones aprobado por el Congreso, el proyecto combina medidas físicas y tecnológicas, aunque expertos cuestionan su efectividad frente a los flujos migratorios.
Una estrategia para calentar el muro
Durante una visita a un tramo del muro en Nuevo México, Noem tomó un rodillo y ayudó a pintarlo, destacando la idea de Trump. “En las altas temperaturas de la región, el metal pintado de negro se calienta más, lo que dificulta escalarlo”, explicó. La secretaria señaló que la pintura no solo busca disuadir a quienes intentan cruzar, sino que también protege la estructura contra la oxidación, según el director de la Patrulla Fronteriza, Mike Banks. En áreas como Arizona, donde las temperaturas superan los 40°C en verano, según la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica, el calor podría hacer el muro casi intocable.
Por su parte, Noem subrayó la robustez del muro, con alturas de hasta 9 metros y cimientos que dificultan excavaciones. Desde enero de 2025, se han construido 800 metros diarios, según datos del Departamento de Seguridad Nacional (DHS). Sin embargo, estudios como uno de la American Economic Review de 2023 indican que las barreras solo reducen la migración en un 35%, redirigiendo a los migrantes a zonas más peligrosas como el desierto de Sonora.
Refuerzo de la política migratoria
En este contexto, la pintura negra se suma a la agenda migratoria de Trump, que ha priorizado deportaciones masivas y la finalización del muro. Desde su regreso a la Casa Blanca, el DHS reporta 1.6 millones de deportaciones en los primeros 200 días de 2025, un récord histórico. El Congreso aprobó $46,000 millones para completar la barrera, además de $7.8 mil millones para contratar 3,000 agentes fronterizos y $6.2 mil millones en tecnología de vigilancia, según la ley One Big Beautiful Bill Act de julio de 2025. Estas medidas buscan contrarrestar los cruces ilegales, que han disminuido un 24% en Tucson y un 78% en Yuma, según la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza.
Pese a todo, la estrategia enfrenta críticas. Organizaciones como la ACLU argumentan que el muro no detiene a los solicitantes de asilo, quienes representan el 60% de los cruces en 2025, según el Instituto Cato. Además, el aumento de la altura ha causado más lesiones, con 16 muertes por caídas en San Diego entre 2019 y 2021, según reportes médicos locales.
Infraestructura adaptada al terreno
Además, Noem destacó que el diseño del muro varía según la geografía. En Texas, donde el Río Bravo marca 2,000 kilómetros de frontera, el DHS trabaja en “infraestructura acuática” para reforzar la vigilancia. Estas barreras, combinadas con cámaras y sensores, buscan cerrar brechas en áreas urbanas como El Paso. Sin embargo, expertos como Arturo Sarukhán, exembajador mexicano, sostienen que los muros no abordan las causas de la migración, como la inseguridad en Centroamérica, y podrían incrementar los riesgos para los migrantes al empujarlos hacia rutas más peligrosas.
Por ahora, la pintura negra del muro simboliza el enfoque de mano dura de la administración Trump. Mientras las cuadrillas avanzan en Nuevo México y Texas, la controversia crece en torno a una medida que, aunque innovadora, no parece frenar el debate sobre la efectividad de las barreras fronterizas.
